3 de septiembre de 2021 4:05 pm

2 grandes lecciones de San Gregorio Magno para jóvenes con vocación sacerdotal

Ordenación de los diáconos de la diócesis de Roma (8 de mayo de 2021) / Crédito: Daniel Ibañez (ACI Prensa)

El Papa y Doctor de la Iglesia, San Gregorio Magno, cuya fiesta se celebra hoy, ofreció en sus escritos dos grandes lecciones de sabiduría para los sacerdotes jóvenes, seminaristas y potenciales seminaristas.

El P. John Cush, sacerdote de la Diócesis de Brooklyn y decano académico y asesor de formación en el Pontificio Colegio Norteamericano en Roma (Italia), aseguró en un artículo publicado en el National Catholic Register, que San Gregorio Magno “se ha convertido en una verdadera guía a medida que me esfuerzo por crecer en mi comprensión de lo que significa ser sacerdote y formador de vocaciones sacerdotales como decano académico de un seminario”.

El P. Cush compartió parte del pensamiento de este Papa, basándose en el libro escrito por el santo, titulado “Libro de la Regla Pastoral”, un texto “en el que expuso lo que creía que el monje necesitaba para su formación básica y para su servicio al pueblo de Dios”.

“El Libro de la Regla Pastoral es, en efecto, el primer manual sobre qué es y cómo hacer lo que ahora llamamos ‘formación sacerdotal’ y esto es por lo que quizás sea más famoso en la actualidad. Este texto patrístico es, en muchos sentidos, una guía para la formación integral de un sacerdote al servicio del pueblo de Dios”, explicó.

Primera lección de San Gregorio Magno

El P. Cush describe la primera lección de San Gregorio como “el no tener miedo de decir que sí a la vocación de sacerdote” y nunca “temer a animar a un joven a pensar en el sacerdocio si eres laico”.

En su libro, el Papa Gregorio reprende a los monjes que huyen del llamado al sacerdocio, el cual han discernido de Dios y verificado en su experiencia (y en la experiencia de la comunidad).

El santo escribe: “Porque hay varios que poseen virtudes increíbles y que son exaltados por grandes talentos para entrenar a otros: hombres que son inmaculados en su búsqueda de la castidad, fuertes en su vigor de ayuno, saciados en las fiestas de la doctrina, humildes en su longanimidad de paciencia, erguidos en la fortaleza de la autoridad, tiernos en la gracia de la bondad y estrictos en la severidad de su juicio”.

El P. Cush recuerda que “después de un tiempo, parte del discernimiento de la vocación sacerdotal es confiar: confiar en Dios y confiar en la Iglesia”.

“Jóvenes, no tengan miedo de responder sí a su llamado de servicio, a pesar de las imperfecciones. Cristo, el único verdaderamente perfecto, les asistirá con su gracia y con verdadera apertura y honestidad a su voluntad y a la formación sacerdotal. ¡Sepan que tiene las oraciones por el Pueblo de Dios!”, agregó.

Segunda lección de San Gregorio Magno

La segunda lección es que, como joven sacerdote, no debes apresurarte y querer estar listo para asumir el papel de formador espiritual.

San Gregorio advertía a los jóvenes monjes: “Nadie presume de enseñar un arte que no haya dominado primero mediante el estudio. Cuán tonto es, por tanto, que los inexpertos asuman la autoridad pastoral cuando el cuidado de las almas es el arte de las artes”.

Respecto a este punto, el P. Cush recuerda que, si bien “tanto seminaristas como formadores son alumnos de Nuestro Señor Jesucristo”, “la experiencia cuenta en la vida y en la vivencia del ministerio ordenado”.

“Los jóvenes seminaristas o sacerdotes deben tener cuidado a quién ofrecen dirección espiritual. Es un arte, uno que lleva años, no solo de hacer el trabajo de formación en el seminario, sino realmente de estar vivo, de luchar y esforzarse por ser cristiano, de luchar por vivir nuestra identidad sacerdotal”, explicó.

“No puedes dar lo que no tienes. Para transmitir la sabiduría espiritual, debemos dedicar tiempo a crecer en sabiduría espiritual. El maestro primero debe ser un discípulo”, concluyó el presbítero.

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