Vía Crucis 2009

INTRODUCCIÓN

El Santo Padre:
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
R. Amén.

MEDITACIÓN

Queridos hermanos y hermanas, hemos venido a cantar juntos un "himno de esperanza". Queremos decirnos a nosotros mismos que no todo está perdido en los momentos de dificultad. Cuando las malas noticias se suceden, nos oprime la ansiedad. Cuando la desgracia nos afecta más de cerca, nos desanimamos. Cuando una calamidad hace de nosotros sus víctimas, la confianza en nosotros mismos se tambalea y nuestra fe es puesta a prueba. Pero no todo está perdido aún. Como Job, estamos en búsqueda de sentido (cf. Jb 1, 13 2, 10).

En este esfuerzo tenemos un ejemplo: "Abraham creyó contra toda esperanza" (Rm 4, 18). En verdad, en tiempos difíciles no vemos ningún motivo para creer y esperar. Y sin embargo creemos. Y sin embargo esperamos. Esto puede suceder en la vida de cada uno de nosotros. Esto sucede en el más amplio contexto social.

Con el Salmista nos preguntamos: "¿Por qué, alma mía, desfalleces, y te agitas por mí? Espera en Dios" (Sal 42, 6). Renovemos y reforcemos nuestra fe, y sigamos confiando en el Señor. Porque él salva a aquellos que han perdido toda esperanza (cf. Sal 34, 19). Y esta esperanza, al final, no defrauda (cf. Rm 5, 5).

Es verdaderamente en Cristo en quien comprendemos el pleno significado del sufrimiento. Durante esta meditación, mientras contemplemos con angustia el aspecto doloroso del sufrimiento de Jesús, también prestaremos atención a su valor redentor. Según el proyecto de Dios, el "Mesías tenía que sufrir (Hch 3, 18; 26, 23), y estos sufrimientos debían ser por nosotros (1 P 2, 21). La conciencia de esto nos llena de una viva esperanza (1 P 1, 3). Y esta esperanza nos mantiene alegres y constantes en la tribulación (Rm 12, 12).

Un camino de fe y de esperanza es un largo camino espiritual, atento al más profundo plan de Dios en los procesos cósmicos y en los acontecimientos de la historia humana. Porque bajo la superficie de calamidades naturales, guerras, revoluciones y conflictos de todo tipo, hay una presencia silenciosa, hay una acción divina dirigida. Él permanece escondido en el mundo, en la sociedad, en el universo. La ciencia y la tecnología revelan las maravillas de su grandeza y de su amor: "Sin lenguaje, sin palabras, sin que se oiga su voz, a toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su mensaje" (Sal 19, 3). Él respira esperanza.

Revela sus planes a través de su "Palabra", mostrando cómo saca el bien del mal, sea en los pequeños acontecimientos de nuestra vida personal, sea en los grandes acontecimientos de la historia humana. Su "Palabra" muestra la "gloriosa riqueza" del plan de Dios, que dice que él nos libra de nuestros pecados y que Cristo "es en vosotros, esperanza de la gloria" (Col 1, 27).

Que este mensaje de esperanza resuene desde Huang-He hasta Colorado, desde el Himalaya hasta los Alpes y los Andes, desde el Missisipi hasta el Brahmaputra. Dice: "Sed fuertes, mantened firme el corazón, vosotros que esperáis en el Señor" (Sal 31, 25).

Oración

El Santo Padre:
Oremos.

Breve pausa de silencio.

Mira, Dios omnipotente,
a la humanidad agotada por su debilidad mortal,
y haz que recobre la vida por la pasión de tu único Hijo.
Él es Dios y vive y reina contigo,
en la unidad del Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos.

R. Amén.

PRIMERA ESTACIÓN
Jesús en agonía en el Huerto de los Olivos

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 22, 41-44

Jesús, después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba:  «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya». Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.

MEDITACIÓN

Jesús estaba en agonía. Dolor y angustia se abatieron sobre él. El pecado de toda la humanidad lo oprimía duramente. Pero cuanto mayor era el dolor, tanto más intensa era su oración.

El dolor supone siempre un desafío para nosotros. Nos sentimos abandonados. Nos olvidamos de rezar y nos derrumbamos. Algunos incluso se quitan la vida. Pero si nos volvemos a Dios, nos volvemos fuertes espiritualmente y estamos cercanos a nuestros hermanos en dificultad (cf. 1 Tm 5, 10). Jesús sigue sufriendo en sus discípulos perseguidos. Benedicto xvi dice que en nuestros tiempos "no faltan mártires en la Iglesia" (Sacramentum caritatis, 85). Cristo está en agonía entre nosotros y en nuestros tiempos.

Nosotros rezamos por los que sufren. El misterio del sufrimiento cristiano está en su valor redentor. Que las persecuciones que los creyentes sufren completen en ellos los sufrimientos de Cristo, que traen la salvación (cf. Col 1, 24).

ORACIÓN

Señor Jesús, haz que comprendamos más profundamente el gran "misterio del mal" y cuánto hemos contribuido nosotros a él. Ya que el sufrimiento entró en la vida humana a través del pecado, tu plan previó que la humanidad fuese salvada del pecado a través del sufrimiento. Que no se pierda ninguna de las pequeñas contrariedades, humillaciones y frustraciones que sufrimos en nuestra vida cotidiana y ninguna de las grandes desgracias que nos suceden inesperadamente. Que las tribulaciones que soportamos, unidas a las tuyas, acogidas por ti, produzcan esperanza (cf. Rm 5, 4).

Señor, enséñanos a ser compasivos no sólo con los que tienen hambre, con los que tienen sed, con los enfermos, o con aquellos que se encuentran en un estado de necesidad particular, sino también con aquellos que tienden a ser insolentes, polémicos y ofensivos. De este modo, ya que tú nos has consolado de todas nuestras dificultades, podremos también nosotros "consolar a aquellos que se encuentran en todo tipo de aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios" (2 Co 1, 4).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Stabat mater dolorosa,
iuxta crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.

SEGUNDA ESTACIÓN
Jesús es traicionado por Judas y evita la violencia de Pedro 

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 22, 47-50
y según san Mateo 26, 52.56

Todavía estaba hablando, cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso. Jesús le dijo:  «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!». Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron:  «Señor, ¿herimos a espada?». Y uno de ellos hirió al siervo del sumo sacerdote y le llevó la oreja derecha.
Jesús le dijo:  «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere». Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

MEDITACIÓN

Es un amigo de confianza quien traiciona a Jesús, y con un beso. La forma en que Jesús afrontó la violencia contiene un mensaje para nuestros tiempos. La violencia es suicida —dice a Pedro— y no se vence con más violencia, sino con una energía espiritual superior, que se extiende a los demás en forma de amor sanador. Jesús toca al siervo del sumo sacerdote y lo cura. El hombre violento puede tener necesidad también hoy de un gesto sanador, que brota de un amor que trasciende las cuestiones inmediatas.

En tiempos de conflictos entre personas, grupos étnicos y religiosos, naciones, intereses económicos y políticos, Jesús dice que la respuesta no es el enfrentamiento y la violencia, sino el amor, la persuasión y la reconciliación. Incluso cuando parece que no logramos nada con estos esfuerzos, plantamos semillas de paz, que traerán fruto a su debido tiempo. La justicia de nuestra causa es nuestra fuerza

ORACIÓN

Señor Jesús, nos consideras tus amigos, y sin embargo encontramos huellas de infidelidad en nosotros mismos. Reconocemos nuestras transgresiones. A veces somos presuntuosos y demasiado seguros de nosotros mismos. Y caemos. No permitas que la avaricia, la concupiscencia o el orgullo nos sorprendan.

¡Qué desconsideradamente recurrimos a satisfacciones efímeras e ideas sin demostrar! Haz que no seamos "arrastrados por cualquier viento de doctrina, sino que, actuando según verdad en la caridad, crezcamos en todo, tendiendo hacia aquel que es la Cabeza, Cristo" (Ef 4, 14-15).

Que la verdad y la sinceridad de las intenciones sean nuestra fuerza. Reprime, Señor, nuestra impetuosidad en situaciones de violencia, como reprimiste el carácter impulsivo de Pedro. Mantennos serenos en el espíritu ante la oposición y el trato injusto (cf. St 5, 10-11). Persuadidos de que "una respuesta amable calma la cólera" (Pr 15, 1) en nuestras familias, y que la bondad unida a la "sabiduría" devuelve la serenidad a la sociedad (cf. Pr 31, 26). "Señor, haz de mí un instrumento de tu paz" (Oración atribuida a san Francisco de Asís).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.

TERCERA ESTACIÓN
Jesús es condenado por el Sanedrín

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Mateo 26, 62-66

Entonces, se levantó el sumo sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos atestiguan contra ti?». Pero Jesús seguía callado. El sumo sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios». Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo». Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?». Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte» .

MEDITACIÓN

En todo lugar ha habido personas inocentes que han sufrido, personas que han muerto combatiendo por la libertad, la igualdad o la justicia. Aquellos que luchan a favor de los "pequeños de Dios" promueven la obra misma de Dios. Ya que él defiende los derechos de los débiles y de los oprimidos (cf. Is 1, 17). Quien colabora en esta obra con el espíritu de Jesús lleva esperanza a los oprimidos y ofrece un mensaje de corrección al que realiza el mal.

El modo de Jesús de combatir por la justicia no es provocar la ira colectiva de las personas contra el opositor, pues eso hubiera tenido como consecuencia formas más grandes de injusticia. Al contrario, es desafiar al enemigo con la justicia de la propia causa y suscitar la buena voluntad del opositor, de manera que desista de la injusticia con la persuasión y la conversión del corazón. El Mahatma Gandhi llevó a la vida pública, con sorprendente éxito, esta enseñanza de Jesús sobre la no violencia.

ORACIÓN

¡Señor, a menudo juzgamos a los demás apresuradamente, indiferentes a la realidad de los hechos e insensibles a los sentimientos de las personas! Ponemos en marcha estratagemas de autojustificación e intentamos explicar la forma irresponsable en que nos hemos comportado con "el otro". ¡Perdónanos!

Cuando hayamos sido juzgados mal y tratados injustamente, danos, Señor, la paz interior y la confianza que tu Hijo manifestó ante la injusticia. Presérvanos de una respuesta agresiva, que iría contra tu Espíritu. Al contrario, ayúdanos a llevar tu Palabra poderosa en situaciones de tensión y de temor, para que revele su poder dinámico en la historia. "En su voluntad está nuestra paz" (Dante Alighieri, La Divina Comedia, Paraíso, canto III, v. 85).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

O quam tristis et afflicta
fuit illa benedica
mater Unigeniti!

CUARTA ESTACIÓN
Jesús es renegado por Pedro  

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 22, 54-62

Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos. Habían encendido una hoguera en medio del patio y estaban sentados alrededor; Pedro se sentó entre ellos. Una criada, al verle sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y dijo:  «Este también estaba con él». Pero él lo negó:  «¡Mujer, no lo conozco!». Poco después, otro, viéndolo, dijo:  «Tú también eres uno de ellos». Pedro dijo:  «¡Hombre, no lo soy!». Pasada como una hora, otro aseguraba:  «Cierto que este también estaba con él, pues además es galileo». Le dijo Pedro:  «¡Hombre, no sé de qué hablas!». Y en aquel momento, estando aún hablando,  cantó  un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro, y recordó Pedro las palabras del Señor, cuando le dijo:  «Antes  que  cante  hoy el gallo, me habrás negado tres veces». Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.

MEDITACIÓN

Pedro afirmaba ser fuerte, pero se derrumbó ante una joven criada. La debilidad humana nos coge por sorpresa y caemos. Por eso Jesús nos pide velar y rezar (cf. Mt 26, 41). Y nos exhorta a renunciar a nosotros mismos y a acercarnos a Dios. Dentro de nosotros hay un "yo" rebelde. A menudo estamos divididos interiormente (cf. St 4, 8), pero no logramos reconocer esta incoherencia interna. Pedro la reconoció, cuando sus ojos encontraron los ojos de Jesús, y entonces lloró. Más tarde Tomás, encontrando al Señor resucitado, se dio cuenta de su propia infidelidad y creyó. San Pablo, a la luz de Cristo, se dio cuenta de su contradicción interna y la superó con su ayuda (cf. Rm 7, 14-25), llegando finalmente al descubrimiento:  "Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 20).

ORACIÓN

Señor, ¡qué fácilmente toleramos una divergencia cada vez mayor entre lo que profesamos ser y lo que somos realmente! ¡Con cuánta frecuencia no conseguimos llevar a cabo nuestras propias decisiones y ni siquiera honrar a veces las promesas más solemnes! En consecuencia, a menudo dudamos en el momento de asumir un compromiso definitivo, incluso contigo.

Confesamos que no conseguimos llevar en nuestra vida esa disciplina interior, que se espera de toda persona adulta y que es necesaria para el éxito de cualquier proyecto humano. Concede firmeza a nuestra determinación interior. Ayúdanos a llevar a feliz conclusión toda obra buena empezada. Haznos capaces de estar "firmes, perfectos y adheridos a toda voluntad de Dios" (Col 4, 12).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quæ mærebat et dolebat
Pia mater, cum videbat
Nati poenas incliti.

QUINTA ESTACIÓN
Jesús es juzgado por Pilato

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 22-25

Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho este? No encuentro en él ningún delito que merezca la muerte; así que le castigaré y lo soltaré». Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada vez más fuertes. Pilato sentenció que se cumpliera su demanda. Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

MEDITACIÓN

No era lo correcto de una cuestión lo que importaba a Pilato, sino sus intereses profesionales. Una postura similar no le ayudó ni en este caso ni en su carrera posterior. Era muy distinto de Jesús, a quien la rectitud interior hacía intrépido.

Y Pilato tampoco estaba interesado en la verdad. Se aleja de Jesús exclamando: «¿Qué es la verdad?» (Jn 18, 38). Hoy no es infrecuente esa indiferencia de cara a la verdad. La gente a menudo se preocupa de aquello que procura una satisfacción inmediata. Se contentan con respuestas superficiales. No se toman decisiones sobre la base de principios de integridad, sino de consideraciones oportunistas.

Al no elegir por opciones moralmente responsables, se dañan los intereses vitales de la persona humana y de la familia humana. Oremos para que los «conceptos espirituales y éticos», contenidos en la Palabra de Dios, inspiren las normas de vida de la sociedad en nuestros tiempos (cf. XII Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, Mensaje al pueblo de Dios, 24 de octubre de 2008, n. 15).

ORACIÓN

Señor, danos el valor de asumir decisiones responsables cuando hacemos un servicio público. Infunde probidad en la vida pública y ayúdanos a «conservar la fe y una buena conciencia» (1 Tm 1, 19).

Señor, tú eres la fuente de toda verdad. Guíanos en nuestra búsqueda de respuestas últimas. Haz que, dejando atrás explicaciones sólo parciales e incompletas, podamos buscar aquello que es permanentemente verdadero, bueno y bello.

Señor, mantennos intrépidos «a las pedradas y a las flechas de la fortuna indignante» (William Shakespeare, Hamlet, III, 1). Cuando las sombras se hacen  densas  sobre los duros caminos de la vida y llega la noche oscura, haznos capaces de escuchar la enseñanza del apóstol san Pablo:  «Vigilad, estad firmes en la fe, comportaos de modo digno, sed fuertes» (1 Co 16, 13).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quis est homo qui non  fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?

SEXTA ESTACIÓN
Jesús es flagelado y coronado de espinas

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Mateo 27, 26-30

Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, se lo entregó para que fuera crucificado. Los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza .

MEDITACIÓN

La inhumanidad alcanza nuevas cumbres. Jesús es flagelado y coronado de espinas. La historia está llena de odio y de guerras. También hoy somos testigos de violencias más allá de lo creíble:  homicidios, violencias sobre mujeres y niños, raptos, extorsiones, conflictos étnicos, violencia urbana, torturas físicas y mentales, violaciones de los derechos humanos.

Jesús sigue sufriendo cuando los creyentes son perseguidos, cuando la justicia se administra de modo torcido en los tribunales, cuando se arraiga la corrupción, las estructuras injustas machacan a los pobres, las minorías son suprimidas, los refugiados y emigrantes son maltratados. Jesús es despojado de sus vestidos cuando la persona humana es deshonrada en las pantallas, cuando las mujeres son obligadas a humillarse, cuando los niños de los barrios pobres dan vueltas por las calles recogiendo desperdicios.

¿Quiénes son los culpables? No apuntemos con el dedo a los demás, pues también nosotros podemos haber tenido nuestra parte en estas formas de inhumanidad

ORACIÓN

Señor Jesús, sabemos que eres Tú el que sufre cuando somos la causa del sufrimiento los unos para los otros y permanecemos indiferentes. Tu corazón se movió a compasión cuando viste «las multitudes cansadas y agotadas como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 36). Dame ojos que vean las necesidades de los pobres y un corazón que se prodigue por amor. «Dame la fuerza de hacer mi corazón fecundo en el servicio» (Rabindranath Tagore, Gitanjali, 36).

Sobre todo haz que podamos compartir con el indigente tu «Palabra» de esperanza, la seguridad de tu ayuda. Que el "celo por tu casa" pueda arder en nosotros como fuego (Sal 69, 10). Ayúdanos a llevar el sol vivo de tu alegría en la vida de aquellos que se dejan llevar por caminos de desesperación.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo

Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis
et flagellis subditum

SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús, objeto de desprecio, es llevado para ser crucificado

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Mateo 27, 31

Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto,  le  pusieron  sus ropas y le llevaron a crucificarle.

MEDITACIÓN

Jesús, en cuyo nombre toda rodilla se dobla en el cielo y en la tierra (cf. Flp 2, 10), fue objeto de desprecio. Nos conmueve ver los niveles de brutalidad en que los seres humanos pueden hundirse. Jesús es humillado de modos nuevos también hoy:  cuando algunas de las realidades más sagradas y profundas de la fe son banalizadas, cuando se deja que el sentido de lo sagrado se resquebraje y el sentimiento religioso se clasifica entre los restos desagradables de la antigüedad.

En la vida pública todo corre el riesgo de ser desacralizado: personas, lugares, promesas, oraciones, prácticas, palabras, escritos sagrados, fórmulas religiosas, símbolos, ceremonias. Nuestra vida social está cada vez más secularizada. Se está eliminando lo sagrado. La vida religiosa se vuelve tímida. Así vemos que las cuestiones más importantes se colocan entre las nimiedades y las banalidades glorificadas. Valores y normas, que mantenían unidas a las sociedades y guiaban a la gente a los más altos ideales, son ridiculizados y arrojados al mar. ¡Jesús sigue siendo ridiculizado!

ORACIÓN

Tenemos fe, Señor, pero no suficiente. Ayuda nuestra incredulidad (cf. Mc 9, 24). Haz que nunca pongamos en duda o nos burlemos con cinismo de los aspectos serios de la vida. Danos la gracia de no perder el camino en el desierto de la ausencia de Dios. Haznos capaces de percibirte en la brisa ligera, de verte en las esquinas de las calles, de amarte en el niño que aún no ha nacido.

Dios, haznos comprender que en el Tabor o en el Calvario, tu Hijo es el Señor. Con los vestidos esplendorosos o despojado de sus vestidos, él es el Salvador del mundo (cf. Jn 4, 42). Haznos atentos a sus presencias silenciosas en su "Palabra", en los sagrarios, en los santuarios, en los lugares humildes, en las personas sencillas, en la vida de los pobres, en la risa de los niños, en los pinos que susurran, en las colinas onduladas, en la más pequeña célula viva, en el átomo más pequeño y en las galaxias distantes.

Haz que podamos mirarlo con estupor mientras camina sobre las aguas del Rin, del Nilo y del Tanganica.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quis non posset contristari
piam matrem contemplari
dolentem cum Filio?

OCTAVA ESTACIÓN
Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 26

Cuando le llevaban los soldados, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

MEDITACIÓN

En Simón de Cirene tenemos al prototipo del discípulo fiel que carga con la cruz y sigue a Cristo (cf. Mt 10, 38). No se diferencia de millones de cristianos, de origen humilde, con un profundo apego a Cristo. Sin atractivo, sin refinamiento, pero con una fe profunda. Hombres y mujeres con una fe así siguen creciendo en tierras de África y de Asia y en las islas lejanas. Entre ellos, florecen las vocaciones.

Simón nos recuerda a las pequeñas comunidades y tribus con su característico compromiso por el bien común, un profundo arraigo en los valores éticos y la apertura al Evangelio. Merecen atención y cuidado. El Señor no quiere «que se pierda uno solo de estos pequeños» (Mt 18, 14.). En Simón descubrimos la sacralidad de lo ordinario y la grandeza de lo que parece pequeño. ¡La realidad más pequeña tiene cierta relación mística con la más grande, y la ordinaria con la más extraordinaria!

ORACIÓN

Señor, en tu admirable plan ensalzas a los humildes (cf. Lc 1, 52), sostienes a los pobres. Fortalece a tu Iglesia en su servicio a las comunidades desfavorecidas:  los menos privilegiados, los marginados, los que viven en chabolas, los pobres de las áreas rurales, los subalimentados, los intocables, los discapacitados, las víctimas de las diferentes formas de dependencia.

Que el ejemplo de tu sierva la madre Teresa de Calcuta nos inspire y nos lleve a dedicar más energías y recursos a la causa de los «más pobres de los pobres». Que un día también nosotros escuchemos de Jesús estas palabras:  «Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25, 35-36).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.

NOVENA ESTACIÓN
Jesús se encuentra con las mujeres de Jerusalén

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 27-28

Seguía a Jesús una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos».

MEDITACIÓN

Ante las mujeres en lágrimas, Jesús se olvida de sí mismo. No presta atención a sus propios sufrimientos, sino al trágico futuro que les espera a ellas y a sus hijos.

El destino de la sociedad está íntimamente vinculado al bienestar de sus mujeres. Dondequiera que se tiene poca estima por ellas, o su papel queda disminuido, las sociedades no logran elevarse hasta alcanzar sus auténticas potencialidades. Al mismo tiempo, donde se descuida, ignora o margina su responsabilidad hacia las nuevas generaciones, el futuro de la sociedad se hace incierto.

En muchas sociedades del mundo las mujeres no reciben un trato justo. Cristo debe de estar llorando por ellas. Hay sociedades que no se preocupan de su propio futuro. Cristo probablemente llora por sus hijos. Donde se descuida el futuro, a través del uso excesivo de los recursos, la degradación del ambiente, la opresión de las mujeres, el abandono de los valores familiares, la falta de respeto de las normas éticas, el abandono de las tradiciones religiosas, Jesús sigue diciendo:  «No lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos» (Lc 23, 28).

ORACIÓN

Señor, tú eres el dueño de la historia. Y, sin embargo, has querido nuestra colaboración para llevar a cabo tus planes. Ayuda a cada uno a desempeñar de manera responsable su papel en la sociedad:  los jefes en sus comunidades, los padres en sus familias, los educadores y los agentes sanitarios en el ámbito de su propia tarea, los comunicadores en el mundo de la información. Suscita en nosotros el sentido de la misión en lo que hacemos, un profundo sentido de responsabilidad los unos hacia los otros, hacia la sociedad, hacia nuestro futuro común, y hacia ti, pues has puesto en nuestra manos el destino de nuestras comunidades y de toda la humanidad.

Señor, no apartes tu mirada de nosotros cuando ves a mujeres humilladas o cuando tu imagen es desfigurada en la persona humana; cuando alteramos los ecosistemas, cuando debilitamos el poder nutritivo de la naturaleza, cuando contaminamos las corrientes de agua, el azul profundo de los mares o las nieves nórdicas. Sálvanos de la indiferencia cruel ante nuestro futuro común y no permitas que arrastremos nuestra civilización hacia el ocaso.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Eia, mater, fons amoris,
me sentire  vim doloris
fac, ut tecum lugeam.

DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es crucificado

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 33-37
y según san Mateo 27, 46

Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía:  «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». Se repartieron sus vestidos, echando a suertes. Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido». También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: «Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate!».
Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz:  «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es, «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?».

MEDITACIÓN

Los sufrimientos de Jesús llegan a su culmen. Ante Pilato no tuvo miedo. Había soportado los malos tratos de los soldados romanos. Había mantenido el control de sí mismo durante la flagelación y la coronación de espinas. Incluso en la cruz parecía que no le  afectaba la tempestad de insultos. No se lamentaba ni sentía deseos de venganza. Pero, al final, llega el momento en el que desfallece. No le quedan fuerzas para resistir. Se siente abandonado incluso por el Padre.

La experiencia nos dice que incluso el hombre más fuerte puede descender a los abismos de la desesperación. Las frustraciones se acumulan; la ira y el resentimiento hacen sentir su peso. Enfermedades, malas noticias, desgracias, malos tratos..., todo puede llegar al mismo tiempo. Puede habernos sucedido también a nosotros. En estos momentos tenemos necesidad de recordar que Jesús nunca nos abandona. Él se dirigió al Padre con un grito. Que también nuestro grito se dirija al Padre, quien constantemente sale a nuestro encuentro para ayudarnos en toda nuestra angustia cada vez que lo invocamos (cf. Sal 107, 6, 13, 19, 20).

ORACIÓN

Señor, cuando las nubes se hacen densas en el horizonte y todo parece perdido, cuando no encontramos amigos que estén a nuestro lado y la esperanza se nos escapa de las manos, enséñanos a confiar en ti, pues tenemos la certeza de que vendrás en nuestra ayuda (cf. Sal 25, 15). Que la experiencia del dolor y de la oscuridad interior nos enseñe la gran verdad de que contigo nada queda perdido, de que incluso nuestros pecados —una vez reconocidos en el arrepentimiento— sirven para una finalidad, como leña seca en el frío del invierno (cf. Hermano Roger de Taizé).

Señor, tú has concebido un plan universal detrás de los mecanismos del universo y el progreso de la historia. Abre nuestro corazón a los ritmos y a los modelos de los movimientos de las estrellas, al equilibrio y la proporción de la estructura interna de los elementos, a la interdependencia y la complementariedad de la naturaleza, al progreso y a la finalidad en el curso de la historia, a la corrección y a la enmienda en nuestras historias personales. Tú no dejas de recrear esta armonía, a pesar de los dolorosos desequilibrios que nosotros causamos. En ti incluso la pérdida más grande es una ganancia. En efecto, la muerte de Cristo lleva a la resurrección.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.

UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús promete su reino al buen ladrón

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 39-43

Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

MEDITACIÓN

No es la elocuencia la que convence y convierte. En el caso de Pedro, es una mirada de amor; en el caso del buen ladrón, es la serenidad sin resentimiento en el sufrimiento. La conversión se produce como un milagro. Dios abre tus ojos. Tú reconoces su presencia y su acción. Te rindes.

Optar por Cristo siempre es un misterio. ¿Por qué se hace una opción definitiva por Cristo, a pesar de la perspectiva de las dificultades o de la muerte? ¿Por qué florecen los cristianos en los lugares de persecución? No lo sabremos nunca. Pero sucede continuamente. Si una persona que ha abandonado la fe encuentra el auténtico rostro de Cristo, quedará conmocionada por lo que ve realmente y podría rendirse, como Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20, 28). Es un privilegio desvelar el rostro de Cristo a las personas. Es una alegría aún más grande descubrirlo o redescubrirlo. «Sí, Señor, tu rostro busco. No me ocultes tu rostro» (Sal 27, 8).

ORACIÓN

Señor, hoy te grito en lágrimas: «Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino» (Lc 23, 42). Yo anhelo con confianza este reino. Es la morada eterna que has preparado para todos aquellos que te buscan con corazón sincero. «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, Dios preparó para los que le aman» (1 Co 2, 9). ¡Ayúdame, Señor, mientras avanzo con fatiga por el camino hacia mi eterno destino. Disipa la oscuridad a lo largo de mi camino y mantén mis ojos levantados hacia lo alto!

«Guíame, oh Luz amable, entre las tinieblas que me rodean. Guíame tú. La noche es oscura y estoy lejos de casa. Guíame tú. Apoya mi camino; no te pido ver el horizonte lejano; me basta un paso tras otro» (John Henry Newman, Libro de oraciones).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
cordi meo valide.

DUODÉCIMA ESTACIÓN
La Madre de Jesús y el discípulo que él amaba, al pie de la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dice al discípulo:  «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

MEDITACIÓN

En el sufrimiento anhelamos la solidaridad. María, la madre, nos  recuerda el amor, el apoyo y la solidaridad dentro de la familia, Juan la lealtad dentro de la comunidad. Unión familiar, lazos comunitarios, vínculos de amistad son esenciales para el florecimiento de los seres humanos. En una sociedad anónima pierden vigor. Cuando faltan, nuestra misma humanidad se debilita. Además en María no notamos el mínimo signo de resentimiento; ni una palabra de amargura. La Virgen se convierte en un arquetipo del perdón en la fe y en la esperanza. Nos indica el camino hacia el futuro. También aquellos que quisieran responder a la injusticia violenta con una "justicia violenta" saben que esta no es la respuesta resolutiva. El perdón suscita la esperanza.

Existen también ofensas históricas que a lo largo de siglos hieren las memorias de la sociedad. Si no transformamos nuestra ira colectiva en nuevas energías de amor a través del perdón, pereceremos conjuntamente. Cuando la curación llega mediante el perdón, encendemos una luz que anuncia futuras posibilidades para «la vida y el bienestar» de la humanidad (cf. Ml 2, 5).

ORACIÓN

Señor Jesús, tu madre permaneció silenciosamente a tu lado en tu agonía final. Ella, que permanecía escondida cuando te aclamaban como a un gran profeta, está junto a ti en tu humillación. Haz que yo tenga el valor de permanecer fiel también donde no te reconocen. Haz que no me sienta nunca avergonzado por pertenecer al «pequeño rebaño» (Lc 12, 32).

Señor, ayúdame a recordar que también aquellos que considero mis "enemigos" pertenecen a la familia humana. Si me tratan injustamente, haz que mi oración sea «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). Puede suceder que en este contexto alguien reconozca improvisamente el verdadero rostro de Cristo y grite como el centurión: «Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15, 39).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Fac me tecum pie flere
Crucifixo condolere
donec ego vixero.

DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús muere en la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R.
Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 46

Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y, dicho esto, expiró.

MEDITACIÓN

Jesús entrega su espíritu al Padre con sereno abandono. Aquello que sus perseguidores consideraban un momento de derrota se demuestra de hecho un momento de triunfo. Cuando un profeta muere por la causa que ha sostenido, da la prueba definitiva de todo aquello que ha dicho. La muerte de Cristo es algo más. Trae la redención (cf. Ga 3, 13). «En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados» (Ef 1, 7).

De este modo comienza para mí un camino místico: Cristo me atrae más cerca de sí hasta que le pertenezca plenamente (cf. Jn 12, 32; Flp 3, 12-14; Ga 2, 20). «Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios. ¿Cuándo podré contemplar el rostro de Dios?» (Sal 42, 2-3).

ORACIÓN

Señor Jesús, por mis pecados has sido clavado en la cruz. Ayúdame a tomar mayor conciencia de la gravedad de mis culpas y de la inmensidad de tu amor. «En efecto, cuando todavía éramos débiles Cristo murió por los pecadores» (Rm 5, 6.8). Confieso mis pecados, como en su tiempo lo hicieron los profetas:  «Hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas...» (Dn 9, 5-6).

Nada en mí merecía tu benevolencia. Te doy gracias por tu inconmensurable bondad hacia mí. Ayúdame a vivir para ti, conforma mi vida a ti (cf. 1 Co 11, 1), de modo que esté unido a ti y llegue a ser una criatura nueva (cf. 2 Co 5, 17).

«Cristo esté conmigo, Cristo dentro de mí. Cristo detrás de mí, Cristo delante de mí. Cristo junto a mí, Cristo me conquiste. Cristo me consuele, Cristo me alivie» (La coraza de san Patricio, himno irlandés del siglo VIII).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Vidit suum dulcem Natum
morientem desolatum,
cum emisit spiritum.

DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y puesto en el sepulcro

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 46

José de Arimatea, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro.

MEDITACIÓN

Las tragedias nos hacen reflexionar. Un tsunami nos dice que la vida se ha de tomar en serio. Hiroshima y Nagasaki son lugares de peregrinación. Cuando la muerte golpea de cerca nos asomamos a otro mundo. Entonces nos liberamos de los espejismos y tenemos la percepción de una realidad más profunda. Antiguamente la gente en India rezaba así:  «Condúceme de lo irreal a lo real, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la inmortalidad» (Brihadaranyaka Upanishads, 1 de marzo de 1928).

Cuando Jesús dejó esta tierra, los cristianos comenzaron a mirar atrás y a comprender su vida y su misión. Llevaron su mensaje a los confines de la tierra. Este mensaje es el mismo Jesucristo, que es «fuerza y sabiduría de Dios» (1 Co 1, 24). Dice que la realidad es Cristo (cf. Col 2, 17) y que nuestro destino definitivo es estar con él (cf. Flp 1, 23).

ORACIÓN

Señor Jesús, mientras caminamos con pena por el fatigoso camino de la vida, ayúdanos a tener una idea de nuestro destino definitivo. Y cuando finalmente atravesemos el último umbral, sepamos que «no habrá ya muerte ni pena ni queja ni dolor» (Ap 21, 4), y que Dios enjugará las lágrimas de nuestros ojos.

Esta es la buena nueva que deseamos anunciar «de una  u  otra  manera» (Flp 1, 18),  también  en los lugares  donde  Cristo  no ha sido conocido nunca (cf. Rm 15, 20). Por esto nos comprometemos a fondo (cf. Hch 20, 35; Rm 12, 8), «trabajando día y noche» (1 Ts 2, 9) hasta el agotamiento (cf. 1 Co 4, 12). Señor, haznos mensajeros eficaces de la buena nueva.

«Yo sé que mi Redentor está vivo, y que él, el último, se levantará sobre el polvo. Tras mi despertar me alzará junto a él, y con mi propia carne veré a Dios» (Jb 19, 25-26).

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quando corpus morietur,
fac ut animæ donetur
paradisi goria. Amen.

 

Al final del discurso, el Santo Padre imparte la Bendición Apostólica:

BENDICIÓN

V.  Dominus vobiscum.
R. 
Et cum spiritu tuo.

V. Sit nomen Domini benedictum.
R. 
Ex hoc nunc et usque in sæculum.

V. Adiutorium nostrum nomine Domini.
R. 
Qui fecit cælum et terram.

V. Benedicat vos omnipotens Deus,
 Pater, et Filius, et Spiritus Sanctus.

R. Amen.

Recursos para el Viernes Santo:

Recursos de Semana Santa:

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