sertBefore(a,m) })(window,document,'script','https://www.google-analytics.com/analytics.js','ga'); ga('create', 'UA-526318-1', 'auto'); ga('require', 'GTM-MKNZDXB'); eo de muerte.

El inocente es condenado «porque ha blasfemado», declaran los jueces rasgándose las vestiduras. Pero nosotros sabemos por el evangelista que lo hicieron por envidia y odio.

San Juan dice que, en el fondo, el sumo sacerdote habló en nombre de Dios: únicamente dejando condenar a su Hijo inocente, Dios Padre pudo salvar a sus hermanos culpables.

A lo largo de los siglos, multitud de inocentes han sido condenados a sufrimientos atroces. Hay quien clama justicia, pero son ellos, los inocentes, quienes expían los pecados del mundo, en comunión con Cristo, el Inocente.

Oración

Jesús, tú no te preocupas de hacer brillar tu inocencia, sólo has procurado volver a dar al hombre la justicia que perdió por el pecado.

Éramos tus enemigos; no había modo de cambiar nuestra condición. Tú te hiciste condenar para darnos el perdón. Salvador, no dejes que caigamos en la condenación en el último día. «Iudex ergo cum sedebit, quicquid latet apparebit; nil inultum remanebit. Iuste iudex ultionis, donum fac remissionis ante diem rationis»

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

O quam tristis et afflicta
fuit illa benedica
mater Unigeniti!


CUARTA ESTACIÓN
Jesús es negado por Pedro

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 14, 66-68.72

Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró fijamente y dijo: «También tú andabas con Jesús el Nazareno». Él lo negó diciendo:  «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir»... Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús:  «Antes de que cante el gallo dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

Meditación

«Aunque tenga que morir contigo, no te negaré» (Mc 14, 31). Pedro era sincero cuando decía esto, pero no se conocía a sí mismo, no conocía su debilidad. Era generoso, pero había olvidado contar con la generosidad del Maestro. Pretendía morir por Jesús, mientras era Jesús quien debía morir por él para salvarlo.

Al hacer de Simón la «piedra» sobre la cual fundar la Iglesia, Cristo incorpora al apóstol a su iniciativa de salvación. Pedro creyó ingenuamente que podía dar algo al Maestro, mientras que todo lo recibía gratuitamente de él, incluido el perdón tras la negación.

Jesús no cambió su elección de Pedro como fundamento de su Iglesia. Después del arrepentimiento, se concedió a Pedro la capacidad de confirmar a sus hermanos.

Oración

Señor, cuando Pedro habla, iluminado por la revelación del Padre, te reconoce como Cristo, Hijo de Dios vivo. En cambio, cuando se fía de su razón y de su buena voluntad, se transforma en obstáculo para tu misión. La presunción le lleva a renegar de ti, su Maestro; en cambio, el arrepentimiento humilde lo confirma como la roca sobre la cual tú edificas tu Iglesia. La decisión de confiar la continuación de la obra de la salvación a hombres débiles y vulnerables manifiesta tu sabiduría y poder.

Señor, protege a los hombres que has elegido, para que las puertas del infierno no prevalezcan sobre tus siervos.

Dirige tu mirada sobre todos nosotros, como hiciste aquella noche con Pedro, después del canto del gallo.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quæ mærebat et dolebat
Pia mater, cum videbat
Nati poenas incliti.


QUINTA ESTACIÓN
Jesús es juzgado por Pilato

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 12-15

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?». Ellos gritaron de nuevo:  «Crucifícalo». Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo». Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran (Mc 15, 12-15).

Meditación

Pilato parecía poderoso; tenía derecho sobre la vida y la muerte de Jesús. Se complacía en ironizar sobre el «rey de los judíos», pero en realidad era débil, cobarde y servil. Temía al emperador Tiberio, temía al pueblo y a aquellos sacerdotes, a pesar de que los despreciaba en su corazón. Entregó a Jesús para que lo crucificaran, aun sabiendo que era inocente.

En su intento veleidoso de salvar a Jesús, dejó libre incluso a un peligroso homicida.

Inútilmente buscaba lavarse las manos, que chorreaban sangre inocente.

Pilato es la imagen de todos los que detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la justicia.

Oración

Jesús, al declararte valientemente rey, intentaste despertar en Pilato la voz de su conciencia. Ilumina la conciencia de tantas personas constituidas en autoridad, para que reconozcan la inocencia de tus seguidores. Dales el valor de respetar la libertad religiosa.

La tentación de adular al poderoso y de oprimir al débil está muy difundida. Y los poderosos son aquellos que han sido constituidos en autoridad, los que controlan el comercio y los medios de comunicación; pero existe también la gente que se deja manipular fácilmente por los poderosos para oprimir a los débiles. ¿Cómo fue posible que aquella gente, que te habían conocido como un amigo lleno de compasión y que sólo hizo el bien a todos, gritara "crucifícalo"?

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quis est homo qui non  fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?


SEXTA ESTACIÓN
Jesús es flagelado y coronado de espinas

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 15.17-19

Pilato, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!». Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.

Meditación

La flagelación usada en aquella época era un castigo terrible. El horrible flagellum de los romanos arrancaba la carne a pedazos. Y la corona de espinas, además de causar dolores agudísimos, constituía también una burla a la realeza del divino prisionero, así como los escupitajos y los puñetazos.

Torturas tremendas siguen surgiendo de la crueldad del corazón humano, y las de tipo psíquico non son un tormento menor que las corporales; frecuentemente las mismas víctimas se convierten en verdugos. ¿Carecen de sentido tantos sufrimientos?

Oración

No, Jesús; eres tú quien sigues reuniendo y santificando todos los sufrimientos: los de los enfermos, los de quienes mueren llenos de penalidades, los de todos los discriminados; pero los sufrimientos que destacan por encima de todos son los que se sufren por tu nombre.

Por los sufrimientos de los mártires, bendice a tu Iglesia; que su sangre sea semilla de nuevos cristianos. Creemos firmemente que sus sufrimientos, aunque en un principio puedan parecer una derrota completa, traerán la verdadera victoria a tu Iglesia. Señor, otorga la perseverancia a nuestros hermanos perseguidos.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo

Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis
et flagellis subditum


SÉPTIMA ESTACIÓN
Jesús es cargado con la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 20

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo.

Meditación

La cruz, el gran símbolo del cristianismo, de instrumento de castigo ignominioso se ha transformado en un estandarte glorioso de victoria.

Existen ateos llenos de valor dispuestos a sacrificarse por la revolución: están dispuestos a abrazar la cruz, pero sin Jesús. Entre los cristianos existen «ateos» de hecho que quieren a Jesús, pero sin la cruz. Ahora bien, sin Jesús la cruz resulta insoportable; y sin la cruz no se puede pretender estar con Jesús.

Abracemos la cruz y abracemos a Jesús; y con Jesús abracemos a todos nuestros hermanos que sufren y son perseguidos.

Oración

¡Oh, divino Redentor, con qué ímpetu abrazaste la cruz, que desde tanto tiempo habías deseado! Pesa sobre tus espaldas llagadas, pero es sostenida por un corazón lleno de amor.

Los grandes santos entendieron tan profundamente el valor salvífico de la cruz que exclamaban: «O padecer o morir». Concédenos acoger al menos tu invitación a llevar la cruz detrás de ti. Tú has preparado para cada uno de nosotros una cruz a nuestra medida. Tenemos en la mente la imagen del Papa Juan Pablo II, que sube a «la colina de las Cruces», en Lituania. Cada una de aquellas cruces tiene una historia que contar, una historia de dolor y de gozo, de humillación y de triunfo, de muerte y de resurrección.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quis non posset contristari
piam matrem contemplari
dolentem cum Filio?


OCTAVA ESTACIÓN
Jesús es ayudado por el Cirineo a llevar la Cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 21

A uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz de Jesús.

Meditación

Simón de Cirene venía del campo. Se tropezó con el cortejo de muerte y lo forzaron a llevar la cruz juntamente con Jesús.

En un segundo momento, él corroboró este servicio, se mostró feliz de haber podido ayudar al pobre Condenado y llegó a ser uno de los discípulos en la Iglesia primitiva. Seguramente fue objeto de admiración y casi de envidia por la suerte especial de haber ayudado a Jesús en sus sufrimientos.

Oración

Amado Jesús, probablemente mostraste al Cirineo tu gratitud por su ayuda, mientras la cruz en realidad fue causada por él y por cada uno de nosotros. Así, Jesús, nos lo agradeces cada vez que ayudamos a los hermanos a llevar la cruz, aunque no hacemos más que cumplir con nuestro deber de expiar por nuestros pecados.

Eres tú, Jesús, quien está al comienzo de este círculo de compasión. Tú llevas nuestra cruz de tal manera que seamos capaces de ayudarte en tus hermanos a llevar la cruz.

Señor, como miembros de tu cuerpo, nos ayudamos mutuamente a llevar la cruz y admiramos el ejército inmenso de cirineos que, aun sin tener todavía la fe, han aliviado generosamente tus sufrimientos en tus hermanos.

Cuando ayudemos a los hermanos de la Iglesia perseguida, recuérdanos que somos nosotros quienes, en realidad, somos ayudados por ellos.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.


NOVENA ESTACIÓN
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 27-28

Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos».

Meditación

El amor infunde a las mujeres, a las madres, una inmensa capacidad de aguante en el sufrimiento. Sufren por culpa de los hombres, sufren por sus hijos. Recordemos a las madres de tantos jóvenes perseguidos y hechos prisioneros por causa de Cristo. ¡Cuántas largas noches de insomnio han pasado llorando esas madres! Recordemos a las madres que, corriendo el riesgo de ser arrestadas o perseguidas, han perseverado en la oración en familia, cultivando en el corazón la esperanza de tiempos mejores.

Oración

Jesús, al igual que, a pesar de tus sufrimientos, te preocupaste de dirigir tu palabra a las mujeres en la vía de la cruz, haz que también hoy se escuche tu voz llena de consuelo y de luz para tantas mujeres que sufren.

Tú las exhortas a no llorar por ti, sino por ellas mismas y por sus hijos.

Llorando por ti, lloran sufrimientos que traen la salvación a la humanidad y son, por tanto, causa de gozo. En cambio, deberían llorar por los sufrimientos causados por los pecados, que las convierten a ellas, a sus hijos y a todos nosotros en leños secos que merecen ser echados al fuego.

Tú, Señor, enviaste a tu Madre a Lourdes y a Fátima para recordarnos este mismo mensaje:  «Haced penitencia y rezad para apaciguar la ira de Dios». Haz que acojamos de una vez con corazón sincero esta invocación llena de dolor.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Eia, mater, fons amoris,
me sentire  vim doloris
fac, ut tecum lugeam.


DÉCIMA ESTACIÓN
Jesús es clavado en la cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 25.31.34

Era la hora tercia cuando le crucificaron. También los sumos sacerdotes, junto con los escribas, se burlaban de él diciendo: «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar». A la hora nona, Jesús clamó con voz potente:  «Eloí, Eloí, lamá sabactaní?», que significa:  «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

Meditación

Jesús desnudo, clavado, en medio de dolores inefables, ridiculizado por sus enemigos, se siente incluso abandonado por el Padre. Es el infierno que merecen nuestros pecados. Jesús ha permanecido en la cruz, no se ha liberado.

En él se han cumplido las profecías del Siervo doliente:  «Sin figura, sin belleza..., sin aspecto atrayente... lo estimamos leproso, herido de Dios... Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador» (Is 53, 2.4.6-7).

Oración

Jesús crucificado, más que en el Tabor, en el Calvario nos has revelado tu verdadero rostro, el rostro de un amor que ha llegado hasta el extremo.

Hay quien por respeto quiere representarte cubierto por un manto real también sobre la cruz. Pero nosotros no tememos mostrarte tal y como colgabas del patíbulo aquel viernes, desde la hora sexta hasta la hora nona.

Contemplarte crucificado nos lleva a avergonzarnos de nuestras infidelidades y nos llena de gratitud por tu misericordia infinita. ¡Oh Señor, cuánto te costó el habernos amado!

Confiando en la fuerza que viene de tu pasión, prometemos no ofenderte nunca más. Deseamos tener un día el honor de ser crucificados como Pedro y Andrés. Nos estimula la serenidad y el gozo que hemos tenido la gracia de contemplar en los rostros de tus siervos fieles, los mártires de nuestro siglo.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.


UNDÉCIMA ESTACIÓN
Jesús promete su reino al buen ladrón

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 33.42-43

Cuando llegaron al lugar llamado "La Calavera", lo crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de ellos decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso».

Meditación

Era un malhechor. Representa a todos los malhechores, es decir, a todos nosotros. Tuvo la suerte de estar junto a Jesús en el sufrimiento. Nosotros tenemos esta misma suerte. Digamos también:  «Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Tendremos la misma respuesta.

¿Y los que no tienen la suerte de estar junto a Jesús? Jesús está cerca de ellos, de todos y cada uno.

«Jesús, acuérdate de nosotros»: digámoselo por nosotros, por nuestros amigos, por nuestros enemigos y por los perseguidores de nuestros amigos. La salvación de todos es la verdadera victoria del Señor.

Oración

Jesús, acuérdate de mí cuando, consciente de mi infidelidad, tenga la tentación de desesperarme.

Jesús, acuérdate de mí cuando, después de repetidos esfuerzos, me sienta todavía en el fondo del valle.

Jesús, acuérdate de mí cuando todos se hayan cansado de mí y nadie confíe en mí, y me encuentre solo y abandonado.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Sancta mater, istud agas,
Crucifixi fige plagas
cordi meo valide.


DUODÉCIMA ESTACIÓN
La madre y el discípulo junto a la cruz de Jesús

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:  «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo:  «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Meditación

Jesús se olvida de sí mismo incluso en aquel momento crucial y piensa en su madre, piensa en nosotros. Ante todo, ¿confía su Madre al discípulo, como parece sugerir san Juan, o más bien confía el discípulo a su Madre?

En cualquier caso, para el discípulo María será siempre la madre que el Maestro agonizante le ha confiado; y para María el discípulo será siempre el hijo que su Hijo agonizante le ha confiado y al que estará espiritualmente cercana sobre todo en la hora de la muerte. Junto a los mártires agonizantes estará siempre la madre, que está en pie, junto a su cruz, para sostenerlos.

Oración

Jesús y María, habéis compartido totalmente el sufrimiento:  Tú, Jesús, en la cruz; y tú, Madre, a los pies de la misma. La lanza ha traspasado el costado del Salvador y la espada ha traspasado el corazón de la Virgen Madre.

En realidad, hemos sido nosotros con nuestros pecados los que hemos causado tanto dolor.

Aceptad nuestro arrepentimiento, nuestra debilidad, que siempre corre el riesgo de traicionar, renegar y desertar.

Aceptad el homenaje de fidelidad de todos los que han seguido el ejemplo de san Juan, que permaneció valientemente junto a la cruz.

Jesús y María, os doy el corazón y el alma mía. Jesús y María, asistidme en mi última agonía. Jesús y María, que entregue en paz junto a vosotros el alma mía.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Fac me tecum pie flere
Crucifixo condolere
donec ego vixero.


DECIMOTERCERA ESTACIÓN
Jesús muere en la Cruz

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R.
Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Lucas 23, 46

Jesús, clamando con fuerte voz, dijo:  «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y dicho esto, expiró.

Meditación

Jesús muere realmente porque es verdadero hombre. Entrega al Padre su último aliento. ¡Qué precioso es el aliento! Al primer hombre se le dio el aliento de vida, y a nosotros se nos da de un modo nuevo en la resurrección de Jesús, para que seamos capaces de ofrecer cada aliento a su Dador. ¡Cuánto tememos a la muerte y qué esclavos somos de este temor! El sentido y el valor de una vida se deciden en el modo de entregarla. Incluso el hombre sin fe no debe aferrarse a la vida perdiendo su sentido. Para Jesús, además, no hay amor más grande que dar la vida por el amigo. Quien esté apegado a la vida la perderá. Quien esté dispuesto a sacrificarla la conservará.

Los mártires dan el mayor testimonio de su amor. No se avergüenzan de su Maestro ante los hombres. El Maestro estará orgulloso de ellos ante toda la humanidad en el último día.

Oración

Jesús, tú tomaste la vida humana precisamente para poderla dar. Al revestirte de nuestra carne de pecado, tú, Rey inmortal, te hiciste mortal. Al aceptar la muerte más trágica y oscura, fruto extremo del pecado, realizaste el acto supremo de completa confianza en el Padre. «In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum».

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Vidit suum dulcem Natum
morientem desolatum,
cum emisit spiritum.


DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la cruz y puesto en el sepulcro

V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.
R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.

Del Evangelio según san Marcos 15, 46

José de Arimatea compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca.

Meditación

Jesús eligió no descender vivo de la cruz sino resucitar del sepulcro. Muerte verdadera, silencio auténtico, la Palabra de vida calla durante tres días.

Imaginemos el desconsuelo de nuestros progenitores ante el cuerpo sin vida de Abel, la primera víctima de la muerte.

Pensemos en el dolor de María, acogiendo en su regazo a Jesús, el cual, reducido a un cúmulo de llagas, gusano más que hombre, ya no puede corresponder a la mirada de amor de su madre. Ahora ella debe depositarlo en las gélidas piedras del sepulcro, después de haberlo rápidamente limpiado y arreglado. Ahora sólo queda esperar. Parece interminable la espera del tercer día.

Oración

Señor, los tres días nos parecen muy largos. Nuestros hermanos fuertes se cansan, los débiles flaquean cada vez más, mientras los prepotentes se yerguen jactanciosos. Señor, concede perseverancia a los fuertes, zarandea a los débiles y convierte todos los corazones.

¿Hacemos bien en tener prisa y pretender ver rápidamente una victoria de la Iglesia? ¿Acaso no es nuestra victoria lo que tenemos ansia de ver? Señor, haznos perseverantes para estar junto a la Iglesia del silencio y aceptar desaparecer y morir como el grano de trigo.

Haznos escuchar tu palabra, Señor: «No tengáis miedo. Yo he vencido al mundo. No falto nunca a la cita. Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Señor, aumenta nuestra fe.

Todos:

Pater noster, qui es in cælis:
sanctificetur nomen tuum;
adveniat regnum tuum;
fiat voluntas tua, sicut in cælo, et in terra.
Panem nostrum cotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a malo.

Quando corpus morietur,
fac ut animæ donetur
paradisi goria. Amen.


El Santo Padre dirige su palabra a los presentes.

Al final del discurso, el Santo Padre imparte la Bendición Apostólica:


BENDICIÓN

V.  Dominus vobiscum.
R. 
Et cum spiritu tuo.

V. Sit nomen Domini benedictum.
R. 
Ex hoc nunc et usque in sæculum.

V. Adiutorium nostrum nomine Domini.
R. 
Qui fecit cælum et terram.

V. Benedicat vos omnipotens Deus,
 Pater, et Filius, et Spiritus Sanctus.

R. Amen.

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