Rezo del Regina Caeli en la Plaza de los Graneros en Floriana, presidido por el Santo Padre
Domingo 18 de abril de 2010

Queridos hermanos y hermanas en Cristo

Cuando se dan las gracias, cuando se tienen intenciones particulares en la oración y cuando se pide la protección celestial para los seres queridos, se acostumbra a recurrir a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Conozco la especial devoción del pueblo maltés a la Madre de Dios, expresada con el gran fervor a la Virgen de Ta’Pinu, y por eso me alegra tener la oportunidad de orar ante su imagen, traída aquí de propósito desde Gozo para esta ocasión. Me complace también ofrecerla una rosa de oro, como signo de nuestra filial devoción común a la Madre de Dios.

Os pido, en particular, que la invoquéis con el título de Reina de la Familia, un título añadido a la letanía lauretana por mi amado predecesor, el Papa Juan Pablo II, que visitó más de una vez estas tierras. Al ofreceros este recuerdo tangible de mi visita, os doy las gracias por todo lo que he recibido de vosotros, sobre todo por el fervor de vuestra devoción y el apoyo de vuestras oraciones por mi ministerio como Sucesor de Pedro.

Dirijamos ahora nuestra oración a María, Madre de la Iglesia y Reina del Cielo, regocijándonos en la resurrección de Aquél que ella llevó en su seno.

Regina Cæli, lætare …

 

En italiano, el Santo Padre dijo:

¡Me alegra saludar a todos los peregrinos de lengua italiana presentes hoy aquí en esta feliz ocasión, especialmente a quienes vienen de Lampedusa y Linosa! Gracias por haber venido a compartir este momento de celebración y de oración con los hermanos y las hermanas malteses. Que el Apóstol Pablo, del cual conmemoramos el aniversario de su presencia en estas islas, sea para vosotros un ejemplo de fe sólida y valiente ante las adversidades. Sobre todos ustedes y vuestros familiares en casa, con agrado invoco abundantes bendiciones del Señor por un feliz y santo tiempo de Pascua.

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