Al amado pueblo de Australia y los peregrinos que participan en la Jornada Mundial de la Juventud 2008
Martes 15 de julio de 2008

"Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos" (Hechos 1:8)

¡La gracia y la paz de Dios nuestro Padre y nuestro Señor Jesucristo estén con todos ustedes! En algunos días comenzaré mi Visita Apostólica en su país, para celebrar la Vigésimo Tercera Jornada Mundial de la Juventud en Sydney. Espero con ansias estos días que voy a pasar con ustedes, y especialmente espero las ocasiones de oración y reflexión con todos los jóvenes del mundo.

En primer lugar expreso mi aprecio a todos los que han ofrecido gran parte de su tiempo, de sus recursos y de sus oraciones para hacer posible esta celebración. Al Gobierno australiano y al Gobierno Provincial de Nueva Gales del Sur, a los organizadores de todos los eventos, y a los miembros de la comunidad empresarial que han patrocinado este evento: todos ustedes han apoyado con buena voluntad este evento; y en nombre de quienes participan en esta Jornada Mundial de la Juventud, les agradezco sinceramente. Muchos de los jóvenes han hecho grandes sacrificios para hacer este viaje a Australia, y por ello rezo para que sean recompensados abundantemente. Las parroquias, escuelas y familias anfitrionas han sido muy generosas al acoger a los jóvenes visitantes; y merecen nuestro agradecimiento y aprecio.

"Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos" (Hechos 1:8). Este es el lema de la Vigésimo Tercera Jornada Mundial de la Juventud. ¡Cuánta necesidad tiene nuestro mundo de una nueva efusión del Espíritu Santo! Muchos todavía han escuchado la Buena Nueva de Jesucristo; otros, por diferentes razones, no han reconocido en esta Buena Nueva la verdad salvadora, que es la única que puede satisfacer las esperanzas más profundas de sus corazones. El salmista reza: "cuando envíes delante tu Espíritu, serán creados, y renovará la faz de la tierra" (Salmo 104:30). Creo firmemente que los jóvenes están llamados a ser instrumentos de renovación, comunicando a sus pares la alegría que han experimentado al conocer y seguir a Cristo; y a compartir con otros el amor que el Espíritu derrama en sus corazones, para que se llenen de esperanza y den gracias; por todas las cosas buenas que han recibido del Padre celestial.

Muchos jóvenes no tienen esperanza. Se quedan perplejos frente a las cuestiones que se les plantean ahora más urgentemente en un mundo confundido, y a menudo se sienten inseguros sobre dónde encontrar respuestas. Ven la pobreza y la injusticia y desean hallar soluciones. Se sienten desafiados por los argumentos de quienes niegan la existencia de Dios y se preguntan cómo responder. Ven el enorme daño causado al ambiente natural por la avidez humana y luchan por encontrar los modos para vivir en mayor armonía con la naturaleza y con los demás.

¿Dónde podemos hallar respuestas? El Espíritu nos orienta hacia el camino que conduce a la vida, al amor y a la verdad. El Espíritu nos orienta hacia Jesucristo. Hay un dicho atribuido a San Agustín: "Si quieres permanecer joven, busca a Cristo". En Él encontramos las respuestas que buscamos, encontramos las metas por las que de verdad vale la pena vivir, encontramos la fuerza para continuar el camino que dé origen a un mundo mejor. Nuestros corazones no estarán tranquilos hasta que no descansen en el Señor, como dice San Agustín al comienzo de sus "Confesiones", el famoso recuento de su juventud. Mis oraciones se elevan para que los corazones de los jóvenes que se reúnan en Sydney para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud descansen realmente en el Señor y puedan ser colmados de alegría y de fervor para difundir la Buena Nueva entre sus amigos, sus familias y todos los que encuentren.

Queridos amigos australianos, aunque solo pasaré unos días en vuestro país, y no podré salir de Sydney, mi corazón los alcanza a todos ustedes, incluyendo aquellos que están enfermos o pasan por alguna dificultad. En nombre de todos los jóvenes, les agradezco nuevamente su apoyo a mi misión y les pido que sigan rezando especialmente por ellos. Solo me queda renovar mi invitación a los jóvenes de todo el mundo a acompañarme en Australia, la "gran tierra sureña del Espíritu Santo". ¡Espero verlos allí! Que Dios los bendiga a todos.

Desde el Vaticano, 4 de julio de 2008
BENEDICTUS PP. XVI

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