Carta de S.S. Benedicto XVI a lectores de periódicos diocesanos austriacos
Lunes 3 de septiembre de 2007

Queridos lectores y lectoras de los periódicos eclesiales austriacos:

Mi visita a Austria se aproxima más y más. Vosotros lo sabéis: Amo este país, cercano a mí desde la infancia – desde aquellas caminatas dominicales hechas junto a mi madre a comienzos de los años 30 sobre el Puente Salzach hacia Ostermiething, San Radegund y otros lugares de la ribera austriaca del Salzach.

Amo los maravillosos paisajes de vuestra patria, la inmensa cultura austriaca y la amabilidad de las personas de vuestro país. En la capilla de mi casa en Roma existe una réplica de la Virgen de Mariazell, traída desde ahí a esta casa por Juan Pablo II.

Los obispos austriacos me obsequiaron una bella figura tallada de San José, en cuyos brazos duerme bajo su confiable protección el Niño Jesús.

Cuando rezo mi Breviario o cuando permanezco en oración en la Capilla, me contempla el bondadoso rostro de la Divina Madre de Mariazell, y experimento igualmente el sentimiento de apacible confianza, que la imagen de San José transmite al Niño Jesús.

A través de los santos Austria está siempre conmigo, aquella tierra ubicada en el corazón y centro de Europa, que ha dado formas diversas y brillantes a nuestra fe, que conmueve incluso a los hombres que no comparten o no comparten más la fe cristiana, pero que aman la belleza que ella ha traído.

Al llegar a Austria, encontraré la gran cultura enriquecida con el paso de los siglos, pero sobre todo encontraré el presente: los conflictos y las preguntas de una época cada vez más acelerada, con los conflictos y preguntas de la fe y del ser cristiano en medio a las diversas culturas y tradiciones.

Cuando me encuentre con los peregrinos en Mariazell, con los fieles en Viena, el múltiple mundo de los ayudantes voluntarios en todos los sectores de la sociedad y los jóvenes camino al sacerdocio en Heiligenkreuz, sé que veré una iglesia viva, que también en medio a los trajines del día a día, experimentan la alegría de la fe: que sabe como es bello conocer a Dios, conocer su rostro, que se nos hizo visible en Jesucristo.

En Austria como también en todo el mundo, con el que me encuentro casi a diario en las visitas de los obispos, la fe no es solo un gran pasado. Es el presente, y abre las puertas al futuro. En la Fazenda da Esperança en el Brasil viví de un modo inolvidable para mí, una experiencia con un grupo de jóvenes que habían caído en las drogas, debido a lo cual habían también perdido la alegría por la vida y la fe en el futuro.

Descubrir a Dios significó para ellos –así me lo mostraron- reencontrar la esperanza y la alegría por la vida así como por el futuro. Como la fe tiene hondas raíces, por ello abre al futuro y comunica vida. Recemos juntos para que mi visita a Austria pueda ayudar a todos a estar nuevamente alegres en Dios y así construir un futuro que sea de esperanza.

Con un „Grüß Gott“ de todo corazón, vuestro

Benedicto XVI

Comentarios