Dos sacerdotes que hace 18 años vivieron la tragedia ocurrida tras el ataque terrorista de Al Qaeda contra el World Trade Center de Nueva York (Estados Unidos), decidieron relatar la difícil situación que les tocó vivir.  

El 11 de septiembre de 2001 dos aviones destruyeron las Torres Gemelas de Nueva York, dejando un total de 3.016 muertos y más de 6 mil heridos.

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En declaraciones a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI–, el P. Kevin Madigan recordó que en 2001 trabajaba como párroco de la iglesia de San Pedro, y que las Torres Gemelas estaban aproximadamente a una cuadra de distancia.

La parroquia recibía todos los días a muchos feligreses, pero luego del atentado "la comunidad ya no estaba allí, porque fue como perder una aldea de 40 mil personas que están al lado".

El 11 de septiembre, el P. Madigan estaba en la calle cuando escuchó el choque del primer avión contra las torres. Recordó haberse dirigido al lugar y llevó consigo "los aceites para ungir a los moribundos".

El presbítero dijo que "no sabía qué estaba sucediendo" y se dio cuenta de que en la zona "muchas personas habían logrado salir con vida o estaban muertas".

Tras la segunda explosión, el sacerdote sintió que una rueda de avión pasó sobre su cabeza. Decidió regresar a la parroquia para evacuar a la gente y luego salir a calle. Entonces, vio que las torres se derrumbaban y se refugió en una estación de metro.

Después, el P. Madigan fue al hospital para hacerse un chequeo médico y, cuando regresó a la parroquia de San Pedro vio que los bomberos habían depositado 30 cadáveres que lograron recuperar de entre los escombros.

Por su parte, el sacerdote franciscano P. Christopher Keenan recordó que el 11 de septiembre vio el atentado terrorista en la televisión y decidió ayudar en el hospital de San Vicente, el centro de salud más cercano de la zona del desastre. Allí se encargó de llamar a los familiares de los heridos que recibieron atención médica.

Dos meses después del atentado, el P. Keenan asumió el cargo de capellán del Departamento de Bomberos de Nueva York y se unió a los bomberos en la tarea de buscar los restos de las casi tres mil personas que murieron en el atentado.

Recordó que los bomberos tuvieron que recuperar los restos de sus 343 colegas que perecieron allí. "Siempre traes a un hermano a casa, no lo dejas en el campo de batalla", expresó, y contó que llegó a asistir a unos seis funerales por día.

"Los muchachos iban a todos los funerales, trabajaban tiempo extra buscando cadáveres y cuidaban a las familias. Yo estuve allí todos los días, las 24 horas, durante 26 meses", indicó.

También recordó que unos días después de que fuera nombrado capellán del Departamento de Bomberos de Nueva York, estos le dijeron "sabemos que eres nuestro, no te olvides que cada uno de nosotros es tuyo".

El sacerdote señaló que durante las labores de rescate se preguntaba "¿cómo entiendo esto como un hombre de fe? Es que era como si estuviera descendiendo al infierno y estuviera viendo la cara de Dios en la gente que se encontraba allí".

Indicó que todo lo que podía hacer era estar allí y rezar con ellos.

"Así es como lo entendí en la fe", destacó.

Por otro lado, el P. Kevin Madigan recordó que, tras el atentado terrorista, la parroquia de San Pedro se mantuvo abierta y que él y otros sacerdotes recibían a todas las personas que buscaban consuelo.

"No había ningún manual sobre cómo lidiar con algo así", indicó, y dijo que a muchas de las personas que atendió pastoralmente el atentado "sacudió sus fundamentos, su confianza y fe en Dios".

Traducido y adaptado por María Ximena Rondón. Publicado originalmente en CNA.