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Descubren ruinas de piscina de Siloé: Prueba de autenticidad del Evangelio de San Juan

JERUSALÉN, 10 Ago. 05 / 11:51 am (ACI).- Excavadores de la Vieja Jerusalén descubrieron las ruinas de la piscina de Siloé en la que, según relata el Evangelio de San Juan, Jesús curó a un hombre ciego de nacimiento. Este descubrimiento sería una nueva confirmación de la historicidad y autenticidad de la Biblia.

James H. Charlesworth del Seminario Teológico de Princeton, un experto en el Nuevo Testamento, señaló al diario Los Angeles Times que "algunos estudiosos afirmaban que la piscina de Siloé no existía y que Juan estaba usando las creencias religiosas. Ahora hemos encontrado la piscina de Siloé… exactamente en el lugar en el que Juan dijo que estaba”. Un evangelio del que se decía “era pura teología, ha resultado ser base histórica”, añadió.

“Necesitamos saber cuán grande es. Este podría ser el más grande e importante miqveh (piscina ritual) que se ha encontrado alguna vez”, precisó.

Por su parte, el arqueólogo Ronny Reich de la Universidad de Haifa, que participa de las excavaciones, afirmó que la ley de los antiguos judíos exigía que éstos peregrinarán a Jerusalén por lo menos una vez al año. "Jesús era otro peregrino que venía a Jerusalén. Sería natural encontrarlo allí”, remarcó.

Los excavadores descubrieron la piscina de Siloé a unos 180 metros de otra piscina que fue construida entre los años 400 y 460 A.C. por la emperatriz Eudocia de Bizancio, quien, a decir de los expertos, encargó la reconstrucción de varios lugares bíblicos.

Arqueólogos afirman que la piscina a la que se refiere San Juan en su Evangelio debió ser construida alrededor del primer siglo A.C. y destruida por el emperador romano Tito en el 70 D.C.

La línea de excavación que llevó al descubrimiento era dirigida por Eli Shukron del Israel Antiquities Authority, quien afirmó estar “100 por ciento seguro de que se encontraban ante la piscina de Siloé”, cuando el grupo vio dos escalones de la misma.

El encuentro que narra el Evangelio de San Juan, tiene como personaje central a Jesús que cura a un hombre ciego de nacimiento. Para los discípulos, la ceguera del hombre se debía a sus pecados personales o a los de sus padres; pero Jesucristo explica que la ceguera estaba en ese hombre para mostrar el poder de Dios. El pasaje da cuenta de Jesús escupiendo en la tierra, formando barro y untándolo en los ojos del hombre que, después de lavarse en la piscina de Siloé, por orden del Señor, recupera la vista.

Este relato bíblico es una de las historias más contadas de los evangelios. Ahora los teólogos y los expertos bíblicos esperan poder apreciar este milagro bajo una nueva luz con el descubrimiento del lugar en donde se realizó.

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