“¡No rompáis con vuestras raíces cristianas!”, clama el Papa a España
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El Papa Juan Pablo II pidió hoy a España ser fiel a su identidad cristiana y mantener la unidad de las familias para que surjan nuevos frutos de santidad en Europa, al canonizar a cinco nuevos santos españoles. “Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo y a Europa la riqueza cultural de vuestra historia”, enfatizó el Pontífice.

El Santo Padre agradeció a Dios “por tantos dones que ha derramado en España” y exhortó a “pedir conmigo que en esta tierra sigan floreciendo nuevos santos”.

“Surgirán otros frutos de santidad si las comunidades eclesiales mantienen su fidelidad al Evangelio que, según una venerable tradición, fue predicado desde los primeros tiempos del cristianismo y se ha conservado a través de los siglos”, exclamó.

El Papa señaló que “surgirán nuevos frutos de santidad si la familia sabe permanecer unida, como auténtico santuario del amor y de la vida. La fe cristiana y católica constituye la identidad del pueblo español”.

Según el Pontífice, “al predicar a Jesucristo resucitado, la Iglesia desea anunciar a todos los hombres un camino de esperanza y acompañarles al encuentro con Cristo” y pidió para España “el gran don de la fidelidad a vuestros compromisos cristianos. Que os lo conceda Dios Padre por la intercesión de la Santísima Virgen - venerada en España con tantas advocaciones - y de los nuevos Santos”.

“El sucesor de Pedro, peregrino en tierras españolas, os repite: España, siguiendo un pasado de valiente evangelización: ¡sé también hoy testigo de Jesucristo resucitado!”, pidió.

Los nuevos santos

Luego, al iniciar su comentario sobre cada nuevo santo, el Papa afirmó que “los nuevos santos se presentan hoy ante nosotros como verdaderos discípulos del Señor y testigos de su Resurrección”.

El Santo Padre señaló que “San Pedro Poveda, captando la importancia de la función social de la educación, realizó una importante tarea humanitaria y educativa entre los marginados y carentes de recursos. Fue maestro de oración, pedagogo de la vida cristiana y de las relaciones entre la fe y la ciencia, convencido de que los cristianos debían aportar valores y compromisos sustanciales para la construcción de un mundo más justo y solidario. Culminó su existencia con la corona del martirio”.

Refiriéndose a San José María Rubio, explicó que él “vivió su sacerdocio, primero como diocesano y después como jesuita, con una entrega total al apostolado de la Palabra y de los sacramentos, dedicando largas horas al confesionario y dirigiendo numerosas tandas de ejercicios espirituales en las que formó a muchos cristianos que luego morirían mártires durante la persecución religiosa en España. “Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios hace” era su lema.

Santa Genoveva Torres –continuó– fue instrumento de la ternura de Dios hacia las personas solas y necesitadas de amor, de consuelo y de cuidados en su cuerpo y en su espíritu. La nota característica que impulsaba su espiritualidad era la adoración reparadora a la Eucaristía, fundamento desde el que desplegaba un apostolado lleno de humildad y sencillez, de abnegación y caridad”.

Asimismo, Juan Pablo II recordó que el “amor y sensibilidad hacia los pobres llevó a Santa Angela de la Cruz a fundar su 'Compañía de la Cruz', con una dimensión caritativa y social a favor de los más necesitados y con un impacto enorme en la Iglesia y en la sociedad sevillanas de su época. Su nota distintiva era la naturalidad y la sencillez, buscando la santidad con un espíritu de mortificación, al servicio de Dios en los hermanos”.

Al comentar sobre Santa Maravillas de Jesús, explicó que “vivió animada por una fe heroica, plasmada en la respuesta a una vocación austera, poniendo a Dios como centro de su existencia. Superadas las tristes circunstancias de la Guerra Civil española, realizó nuevas fundaciones de la Orden del Carmelo presididas por el espíritu característico de la reforma teresiana”.

Finalmente, el Papa Juan Pablo II resaltó que “los nuevos Santos tienen rostros muy concretos y su historia es bien conocida. ¿Cual es su mensaje? Sus obras, que admiramos y por las que damos gracias a Dios, no se deben a sus fuerzas o a la sabiduría humana, sino a la acción misteriosa del Espíritu Santo, que ha suscitado en ellos una adhesión inquebrantable a Cristo crucificado y resucitado y el propósito de imitarlo”.

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