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Libros
Ser Iglesia en tiempos de violencia Cecilia Tovar –Coordinadora y editora- Centro de Estudios y Publicaciones – Instituto Bartolomé de las Casas Lima, 2006 649 páginas Esta voluminosa obra reviste particular interés para la historia de la Iglesia en América Latina, no tanto por los hechos que relata, sino porque revela con candor la razón por la cual los discípulos del controvertido pensamiento teológico del P. Gustavo Gutiérrez defienden inflexiblemente el discutido informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) del Perú: porque a través de él desean reescribir su propia historia.
La obra busca ser una recopilación de lo que miembros de la Iglesia –seguidores, por supuesto, del pensamiento de Gutiérrez- realizaron en algunos departamentos del país durante los “años de plomo” de la acción de la banda terrorista Sendero Luminoso en el Perú. Pero salvo las raleadas citas de conmovedores testimonios de quienes estuvieron en el campo, la voz a lo largo del libro la toman intelectuales y no actores: Cecilia Tovar, Pilar Coll, Luis Mujica, Lupe Jara y Pedro Hughes, entre otros. El texto termina así siendo lo que la misma Tovar reconoce, sin saberlo, desde el principio: un alegato ideológico que busca “recrear” la historia de los seguidores locales de la teología de la liberación, cuya retórica, según intelectuales como el P. José Luis Idígoras, o pastores dedicados a los pobres como Mons. Ricardo Durand Florez, contribuyeron a desarrollar el clima de violencia que luego denunciarían. La obra, en ese sentido, no supera la visión dialéctica marxista que constantemente ha sido criticada en Gutiérrez y sus discípulos: la Iglesia está dividida en dos, “opresores” y “oprimidos” –o los que están con ellos–, y el “Señor de la historia” no es el Dios que guía el destino de los hombres convocándolos a un plan de amor, sino el mero estandarte para el desarrollo de una actividad sociopolítica completamente inmanente, donde los hombres son actores exclusivos, Dios es poco más que una excusa y la fe tan solo una interpretación de la historia y su lógica. Al definir esta postura en la introducción de la obra, la editora emplea a veces giros lingüísticos polisémicos verdaderamente orwellianos como, por ejemplo, cuando señala que “también en 1988 Juan Luis Cipriani es nombrado obispo auxiliar de Ayacucho, acentuando la presencia del Opus Dei en el país. Una consecuencia de estos cambios será la percepción pública de una actitud diferenciada de personalidades eclesiásticas frente a la violencia y violaciones de los derechos humanos, así como frente a otros problemas sociales o eclesiales”. Traducido al español, Tovar está reconociendo que en esa época surgieron nuevos líderes cuyas acciones pastorales llenas de energía rompían el paradigma con el que habían vivido: los seguidores de Gutiérrez dejaban de ser la “fuerza renovadora” y pasaban a ser el “establishment” avejentado por el fracaso del experimento sandinista y la caída del Muro de Berlín. Pero en otros momentos Tovar utiliza un lenguaje directo, revelando con todo candor su visión del mundo dividido dialéctica y rígidamente en dos. En una nota a pie de página, la editora de la obra señala que “algunos grupos conservadores pretenden que la Iglesia no debe involucrarse en ‘política’, y con este argumento se opusieron a la defensa de los derechos humanos, pero así acabaron involucrándose de hecho en política, tolerando las violaciones de esos derechos y avalando o no cuestionando a los gobiernos y autoridades que las cometieron”. Para suerte de la historia y de las generaciones futuras, las diócesis que no siguieron el son marcado por los seguidores de Gutiérrez, y que fueron denostadas por el informe de la controvertida CVR, están escribiendo su propio recuento de cómo lucharon contra los abusos y la violencia eficaz y silenciosamente, sin ONG’s, sin “coordinadoras”, “frentes” ni “comités”, sin burocracias financiadas desde Europa. Pero “Ser Iglesia en tiempos de violencia” merece revisarse –no leerse entero, pues las casi 700 páginas se convierten en un agotador “encore” de los mismos argumentos– porque la rigidez de visión de sus autores y el esfuerzo por reinventarse como agentes de paz en el escenario peruano evidencian por qué el informe de la CVR nunca servirá para el propósito para el que fue originalmente pensado: porque la ideología primó sobre la verdad, y el deseo de ajuste de cuentas eclesiales primó sobre la reconciliación. PUBLICIDAD |
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Esta voluminosa obra reviste particular interés para la historia de la Iglesia en América Latina, no tanto por los hechos que relata, sino porque revela con candor la razón por la cual los discípulos del controvertido pensamiento teológico del P. Gustavo Gutiérrez defienden inflexiblemente el discutido informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) del Perú: porque a través de él desean reescribir su propia historia.