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Lunes 19 de febrero
Evangelio según San Marcos, capítulo 9, versículos 13 al 28
13 Pues bien, Yo os declaro: en realidad Elías ya vino e hicieron con él cuanto les plugo, como está escrito en él".
El niño endemoniado
14 Llegaron, entretanto, a los discípulos y vieron un gran gentío que los rodeaba, y escribas que discutían con ellos. 15 Toda esta multitud, en cuanto lo vió, se quedó asombrada y corrió a saludarlo. 16 Preguntóles: "¿Por qué discutís con ellos?" 17 Respondióle uno de la multitud: "Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un demonio mudo. 18 Y cuando se apodera de él, lo zamarrea y él echa espumarajos, rechina los dientes y queda todo rígido. Y pedí a tus discípulos que lo expulsasen, y no han podido". 19 Entonces, Él les respondió y dijo: "Oh raza incrédula, ¿hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!" 20 Y se lo trajeron. En cuanto lo vio, el espíritu lo zamarreaba (al muchacho); y caído en el suelo, se revolvía echando espumarajos. 21 Y preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que esto le sucede?" Respondió: "Desde su infancia; 22 y a menudo lo ha echado, ora en el fuego, ora en el agua, para hacerlo morir. Pero si Tú puedes algo, ayúdanos, y ten compasión de nosotros". 23 Replicóle Jesús: "¡Si puedes!... Todo es posible para el que cree". 24 Entonces, el padre del niño se puso a gritar: "¡Creo! ¡Ven en ayuda de mi falta de fe!" 25 Y Jesús viendo que se aproximaba un tropel de gente, conminó al espíritu diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, Yo te lo mando, sal de él, y no vuelvas a entrar más en él". 26 Y, gritando y retorciéndole en convulsiones, salió. Y quedó el niño como muerto, y así muchos decían que había muerto. 27 Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y él se tuvo en pie. 28 Cuando hubo entrado en casa, los discípulos le preguntaron en privado: "¿Por qué, pues, no pudimos nosotros expulsarlo?"
Comentario
13. "En espíritu S. Juan era Elías, mas no en persona" (S. Gregorio Magno). Véase Mat. 17, 11 s. y nota; Mal. 4, 5; Is. 53, 3.
14. Véase Mat. 17, 14 - 21; Luc. 9, 37 - 43.
19. Este reproche de incredulidad es el único que el divino Maestro dirige a sus discípulos. Pero es el más grave. Véase 11, 22 ss.
Estos comentarios corresponden a la versión electrónica de la Biblia y Comentario de Mons. Juan Straubinger, cortesía de VE Multimedios