¡Venerados Hermanos
en el episcopado!
1. ¡Os saludo y abrazo
a todos en el Señor! Es para mí motivo
de gran alegría encontraros en vuestra querida
Tierra, escucharos y reflexionar con vosotros sobre
el camino de comunión y sobre el prometedor
esfuerzo de evangelización en curso en vuestras
comunidades eclesiales. Y es desde hace diez años,
cuando vuestro país ha recobrado la independencia
después del fin de la dictadura comunista,
que ellas han vuelto a comunicarse por una más
eficaz acción pastoral y miran con esperanza
hacia el futuro. Para ellas pido una renovada acción
de gracias de parte del que -según una eficaz
expresión del siervo de Dios Papa Pablo VI-
es "animador y santificador de la Iglesia, su respiración
divina, el viento de sus velas, su principio unificado,
su manantial interior de luz y de fuerza, su sostén
y su consolador, su manantial de carismas y cantos,
su paz y su gozo, su prenda y preludio de vida santa
y eterna" (Pablo VI, Enseñanzas XES [1972],
pp. 1210-1211).
2. La alegría
del actual encuentro se hará más intensa
en los próximos días, cuando tomemos
parte juntos a la solemne beatificación de
algunos vuestros hermanos, que han ejercido el ministerio
episcopal en condiciones de extrema precariedad.
Les haremos un homenaje de nuestra gratitud por
haber conservado intacto con su sacrificio el patrimonio
de la fe cristiana entre los fieles de sus Iglesias.
Elevándolos a los honores de los altares,
quisiera extender nuestra agradecida memoria a otros
Pastores que, incluso ellos, han pagado a tan querido
precio la fidelidad a Cristo y a la decisión
de quedar unidos al Sucesor de Pedro. ¿Cómo
no recordar, entre ellos, al Siervo de Dios, Arzobispo
Andrey Sheptytskyj? Mi venerado predecesor, el Papa
Pío XII, dijo que su noble vida fue truncada
"no tanto por su tarda edad, cuánto con los
sufrimientos de su ánimo de Pastor, golpeado
junto a su rebaño" (AAS XLIV [1955], p. 877).
Junto a él, recuerdo el Cardenal Yosyf Slipyj,
primer Rector de la academia teológica griega-católica
de Leopoli, felizmente reabierta recientemente.
Este heroico confesor
de la fe ha conocido el rigor de la reclusión
por 18 años. Todavía entre nosotros
hay sacerdotes y Obispos que han experimentado la
cárcel y la persecución. Mientras
os abrazo compadecido, queridos Hermanos, dirijo
una alabanza a Dios por vuestro fiel testimonio.
Éste me anima a desarrollar con cada vez
más intensa dedicación mi servicio
a la Iglesia universal. Hago mías las palabras
que vosotros soléis repetir en la liturgia
de San Juan Crisóstomo: "Démonos nosotros
mismos, el uno al otro y nuestra entera existencia
a Cristo, nuestro Dios". Ésta es la lección
de los mártires y los confesores de la fe.
Esta lección tenemos que aprender y también
vivir nosotros, Pastores del rebaño que Dios
nos ha confiado.
3. Es verdad, conservar
y transmitir el patrimonio de la fe es empeño
de toda la Iglesia. Pero les corresponde a los Pastores
la difícil tarea de ser guías seguras,
maestros iluminados y testimonios ejemplares para
el pueblo cristiano. A ésta nuestra específica
responsabilidad hace referencia el tema que el Sínodo
de los Obispos de la Iglesia griego-católica
de Ucrania afrontará este año: "La
persona y la responsabilidad del Obispo. "Permitidme,
al respeto, ofreceros con espíritu de fraterno
servicio alguna personal reflexión en el
curso de este encuentro que os reúne, obispos
orientales y latinos. Quisiera ante todo junto con
vosotros, primeros responsables de vuestras Iglesias,
elevar nuestra gratitud a Dios por el testimonio
que los católicos dan en esta Tierra, donde
la Iglesia presenta su realidad divina y humana,
valorizada por el genio de la cultura ucraniana.
Aquí la Iglesia respira con los dos pulmones
de la tradición oriental y de aquella occidental.
Aquí se encuentran en fraterno diálogo
cuantos sacan de los manantiales de la espiritualidad
bizantina y los que se nutren de la espiritualidad
latina. Aquí el sentido profundo del misterio
que domina la santa liturgia de las Iglesias de
Oriente y la mística esencialidad del ritual
latino se enfrentan y se enriquecen recíprocamente.
Vivir la pertenencia a la única Iglesia,
respetando las muchas tradiciones rituales, os brinda
la gran oportunidad de hacer operante una significativa
"experiencia eclesial" en el que construir la unidad
en la diversidad.
Es éste el camino
más apto para responder a los numerosos y
complejos desafíos pastorales del momento
presente. A esta búsqueda invito a ofrecer
vuestra propia contribución, en estrecha
y eficaz cooperación, tanto vosotros, miembros
del Sínodo de los Obispos de la Iglesia griego-católica
de Ucrania, como vosotros de la Conferencia Episcopal
ucraniana. Anunciad con corazón unánime
el Evangelio de Cristo, superando cada tentación
de división y contraste. La única
competición entre vosotros, queridos Hermanos
en el episcopado, sea competir en el estimaros recíprocamente
(cfr Rm 12,10) y en el tender a la santidad. Procurad
la comunión entre vosotros y con los presbiterios
en un clima de cariño, de atención
y de diálogo respetuoso y fraterno. De la
calidad de estas relaciones depende en gran parte
la eficacia de la obra de evangelización.
4. En estos diez años,
vuestras Iglesias han conocido un extraordinario
florecimiento de vocaciones a la vida sacerdotal
y religiosa. Ello propone la exigencia de una particular
preocupación por la formación espiritual,
intelectual y pastoral de cuantos son llamados al
sacerdocio y a la vida consagrada. Hace falta garantizar,
en primer lugar, a los futuros presbiterios una
profunda espiritualidad, una rigurosa preparación
filosófica y teológica y una sólida
capacitación a la vida pastoral, fundamentada
en los valores perennes de la tradición católica,
pero atenta a las señales de los tiempos.
Condición necesaria para el logro de tales
objetivos es la presencia, en los Seminarios y en
los Institutos de formación, de valiosos
educadores y de docentes especializados, que aseguren
una sólida instalación intelectual
y espiritual en los sacerdotes de mañana.
Análoga preocupación debe ser puesta
en la formación de los miembros de los Institutos
de vida consagrada, en particular de aquellos femeninos.
Otro fundamental objetivo que espera vuestras Iglesias
es una catequesis capilar, competente actualizada
dirigida a los adultos y a las nuevas generaciones.
Para tal propósito, será de gran ayuda
el Catecismo de la Iglesia Católica, que
constituye un providencial instrumento para la presentación
orgánica y sistemática de la fe católica
a los vecinos y a los lejanos.
Hace falta, sin embargo,
recordar que la instrucción catequística
representa solamente a uno de los elementos del
más vasto itinerario de iniciación
cristiana, que prevé, junto al anuncio de
las verdades de fe, la educación a la oración
personal y litúrgica, la experiencia de la
comunión fraterna y la formación al
servicio eclesial. Solamente una formación
cristiana integral puede llevar al logro del objetivo
específico de la catequesis.
5. En estos últimos
años, también caracterizados en Ucrania
de rápidos y profundos cambios sociales,
la familia está viviendo una fuerte crisis,
como lo demuestran numerosos divorcios y la difusa
práctica del aborto. Sea, por tanto, la familia
una de vuestras prioridades pastorales. En particular,
preocupaos por educar a las familias cristianas
en una fuerte experiencia de Dios y en el pleno
conocimiento del proyecto del Creador sobre el matrimonio,
para que renovando el tejido espiritual de su convivencia,
puedan contribuir a incrementar la calidad de toda
la sociedad civil. A la evangelización de
la familia está atada la pastoral juvenil.
Los modelos de vida hedonista y materialista presentados
por muchos medios, la crisis de valores que invierte
la familia, la ilusión de una vida fácil
que excluye el sacrificio, los problemas del paro
y la inseguridad del porvenir, a menudo les engendran
en los jóvenes un gran despiste, haciéndolos
disponibles a propuestas de vida efímera
y sin valores o a preocupantes formas de evasión.
Es necesario invertir energías y medios en
su formación humana y cristiana. En la perspectiva
de una eficaz obra de formación de las nuevas
generaciones, he conocido con alegría que
es vuestra intención crear un "Instituto
de Ciencias Sociales", en el que se ofrezca un profundizado
conocimiento de la doctrina social de la Iglesia.
La iniciativa aparece ahora más que nunca
como oportuna. Con alegría, por tanto, la
animo y la bendigo.
6. Venerados Hermanos,
se abre delante de vosotros un período importante
del que dependerá la calidad de la presencia
de la Iglesia en tierra Ucrania en el próximo
milenio. Durante la persecución comunista
la Iglesia griego-católica y la latino-católica
han tenido relaciones ejemplares, que han constituido
la firme premisa de la siguiente floración
eclesial. Teniendo en cuenta tal experiencia, hoy
hace falta colaborar cada vez más y mejor
para cumplir con la exigente tarea de la nueva evangelización.
Vuestras Iglesias, como ya ocurre felizmente en
muchas situaciones pastorales, deben encontrar formas
articuladas de acuerdo y recíproca ayuda
en el campo de la catequesis, en los centros de
instrucción católica, en la presencia
en los medios, como incluso en el vasto y complejo
campo de la promoción humana. En todo lugar
los católicos deben ser concordes, listos
al diálogo y al servicio recíproco.
El Sínodo de la Iglesia griego-católica
de Ucrania abraza a muchos fieles en diáspora
y éstos presentan nuevos desafíos
pastorales. Para afrontarlo hace falta, una vez
más, ser unidos. Una unidad operante en primer
lugar entre los Obispos y los sacerdotes, a la luz
de la enseñanza del Concilio Vaticano II
que invita los Obispos a considerar a los sacerdotes
como "hermanos y amigos" (Presbyterorum ordinis,
7). Tal unidad tendrá que implicar luego
a las personas de vida consagrada y los laicos,
por el bien espiritual del completo Cuerpo místico
de Cristo.
7. Esta fuerte experiencia
de comunión dentro de la Iglesia católica
estimulará de ciertas formas adecuadas de
fraterna colaboración con los hermanos Ortodoxos,
para responder juntos a la búsqueda de verdad
y alegría del hombre contemporáneo,
que solamente Cristo Jesús puede satisfacer
plenamente. El diálogo ecuménico no
puede por tanto no constituir para los creyentes
y las Iglesias en Ucrania una ineludible prioridad.
La división de los cristianos en diferentes
confesiones representa uno de los más grandes
desafíos de nuestros días. Largo es
el camino que tenemos que recorrer para llegar a
la total reconciliación y a la comunión
también visible entre los discípulos
de Cristo, pero la experiencia del pasado ayuda
a fijarse en el futuro con confianza.
La sed de unidad se
ha hecho más intensa después del Concilio
Vaticano II y hoy crece en todos los cristianos
la conciencia de la necesidad de un valeroso entendimiento
y una más estrecha colaboración. Yo,
Sucesor de Pedro, os animo hoy y os exhorto, queridos
Hermanos en el episcopado, a continuar sobre este
camino y asegurar el soporte de la Sede Apostólica
en vuestros esfuerzos generosos. El Papa está
con vosotros en vuestro empeño cotidiano
en el servicio a los fieles y os acompaña
con su oración. Con estos sentimientos en
el corazón, confío vuestras personas,
vuestras Iglesias, los proyectos y las esperanzas
del Pueblo de Dios que está en Ucrania a
la celeste Madre de Dios y os bendigo de corazón.
(Traducido por ACI
Prensa)