El Papa en
Cuba: Cuarto día
Un
punto de gran ardor religioso durante la visita
papal se espera tomará lugar en la ciudad-puerto
de Santigo de Cuba, dónde el Pontífice coronará
simbólicamente a la Santa Patrona de Cuba, la Virgen
de la Caridad.
La
Iglesia cree que la Virgen de la Caridad apareció
en 1628 a tres niños en un bote en la Bahía de Nipe
cerca a Santiago. La imagen de la Virgen --una representación
de la Virgen María -- es poderoso símbolo de maternal
y patriótico amor en Cuba.
La
coronación será parte de la misa que Juan Pablo
II celebrará en la Plaza Antonio Maceo en Santiago.
Santiago es la segunda más grande ciudad de Cuba
y fue la colonia capital de la Isla en el siglo
XVI.
Luego
de la misa, el Papa regresará a La Habana para visitar
un Hospital Católico de Leprosos cercano.
La
ciudad del este que cuenta con 420 mil habitantes,
fue testigo del nacimiento de la revolución de Castro
cuando fracasó el ataque a las barracas militares
de Moncada en 1953. La ciudad recuerda la fortaleza
de los defensores rebeldes cerca a la cadena de
montañas de Sierra Nevada.
Fundada en 1514, la
arquitectura colonial de la ciudad compite con la
de La Habana. La ciudad es también famosa por sus
músicos. El Papa celebrará la misa el sábado, durante
la cual le rendirá homenaje a la patrona de la Isla,
Nuestra Señora de la Caridad, cuya imagen esta en
la capilla sobre la cumbre del cerro cerca al Cobre.
1.
"Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor"
(Sal 32, 12). Hemos cantado con el salmista que
la dicha acompaña al pueblo que tiene a Dios como
su Señor. Hace más de quinientos años, cuando llegó
la cruz de Cristo a esta Isla, y con ella su mensaje
salvífico, comenzó un proceso que, alimentado por
la fe cristiana, ha ido forjando los rasgos característicos
de esta Nación. En la serie de sus hombres ilustres
están: aquel soldado que fue el primer catequista
y misionero de Macaca; también el primer maestro
cubano que fue el P. Miguel de Velázquez; el sacerdote
Esteban Salas, padre de la música cubana; el insigne
bayamés Carlos
Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, el cual,
postrado a los pies de la Virgen de la Caridad,
inició su lucha por la libertad y la independencia
de Cuba; Antonio de la Caridad Maceo y Grajales,
cuya estatua preside la plaza que hoy acoge nuestra
celebración, al cual su madre pidió delante del
crucifijo que se entregara hasta el extremo por
la libertad de Cuba. Además de estos, hay muchos
hombres y mujeres ilustres que, movidos por su inquebrantable
fe en Dios, eligieron la vía de la libertad y la
justicia como bases de la dignidad de su pueblo.
2.
Me complace encontrarme hoy en esta Arquidiócesis
tan insigne, que ha contado entre sus Pastores a
San Antonio María Claret. Ante todo, dirijo mi cordial
saludo a Mons. Pedro Meurice Estiú, Arzobispo de
Santiago de Cuba y Primado de esta Nación, así como
a los demás Obispos, sacerdotes y diáconos, comprometidos
en la extensión del Reino de Dios en esta tierra.
Saludo
asimismo a los religiosos y religiosas y a todo
el pueblo fiel aquí presente.
Deseo
dirigir también un saludo al Sr. Primer Vicepresidente
del Consejo de Estado y de Ministros, Raul Castro
y a las demás autoridades, autoridades civiles que
han querido participar en esta Santa Misa y les
agradezco la cooperación prestada para su organización.
3.
En esta celebración vamos a coronar la imagen de
la Virgen de la Caridad del Cobre. Desde su santuario,
no lejos de aquí, la Reina y Madre de todos los
cubanos -sin distinción de razas, opciones políticas
o ideologías-, guía y sostiene, como en el pasado,
los pasos de sus hijos hacia la Patria celeste y
los alienta a vivir de tal modo que en la sociedad
reinen siempre los auténticos valores morales, que
constituyen el rico patrimonio espiritual heredado
de los mayores. A Ella, como hizo su prima Isabel,
nos dirigimos agradecidos pare decirle: "Dichosa
tu, que has creído, porque lo que te ha dicho el
Señor se cumplirá" (Lc 1, 45). En estas palabras
está el secreto de la verdadera felicidad de las
personas y de los pueblos: creer y proclamar que
el Señor ha hecho maravillas para nosotros y que
su misericordia llega a sus fieles de generación
en generación. Este convencimiento es la fuerza
que anima a los hombres y mujeres que, aún a costa
de sacrificios, se entregan desinteresadamente al
servicio de los demás.
El
ejemplo de disponibilidad de María nos señala el
camino a recorrer. Con Ella la Iglesia lleva a cabo
su vocación y su misión, anunciando a Jesucristo
y exhortando a hacer lo que El nos dice; construyendo
también la fraternidad universal en la que cada
hombre pueda llamar Padre a Dios.
4.
Como la Virgen María, la Iglesia es Madre v Maestra
en el seguimiento de Cristo, luz para los pueblos,
y dispensadora de la misericordia divina. Como comunidad
de todos los bautizados, es asimismo recinto de
perdón, de paz y reconciliación, que abre sus brazos
a todos los hombres para anunciarles al Dios verdadero.
Con
el servicio a la fe de los hombres y mujeres de
este amado pueblo, la Iglesia los ayuda a progresar
por el camino del bien. Las obras de evangelización
que van teniendo lugar en diversos ambientes, como
por ejemplo las misiones en barrios y pueblos sin
iglesias, deben ser cuidadas y fomentadas para que
puedan desarrollarse y servir no sólo a los católicos,
sino a todo el pueblo cubano para que conozca a
Jesucristo y lo ame. La historia enseña que sin
fe desaparece la virtud, los valores morales se
oscurecen, no resplandece la verdad, la vida pierde
su sentido trascendente y aun el servicio a la nación
puede dejar de ser alentado por las motivaciones
más profundas. A este respecto, Antonio Maceo, el
gran patriota oriental, decía: "Quien no ama
a Dios, no ama a la Patria".
La
Iglesia llama a todos a encarnar la fe en la propia
vida, como el mejor camino para el desarrollo integral
del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios,
y para alcanzar la verdadera libertad, que incluye
el reconocimiento de los derechos humanos y la justicia
social. A este respecto, los laicos católicos, salvaguardando
su propia identidad para poder ser "sal y fermento"
en medio de la sociedad de la que forman parte,
tienen el deber y el derecho de participar en el
debate publico en igualdad de oportunidades y en
actitud de diálogo y reconciliación. Asimismo, el
bien de una nación debe ser fomentado y procurado
por los propios ciudadanos a través de medios pacíficos
y graduales. De este modo cada persona, gozando
de libertad de expresión, capacidad de iniciativa
y de propuesta en el seno de la sociedad civil y
de la adecuada libertad de asociación, podrá colaborar
eficazmente en la búsqueda del bien común.
La
Iglesia, inmersa en la sociedad, no busca ninguna
forma de poder político para desarrollar su misión,
sino que quiere ser germen fecundo de bien común
al hacerse presente en las estructuras sociales.
Mira en primer lugar a la persona humana y a la
comunidad en la que vive, sabiendo que su primer
camino es el hombre concreto en medio de sus necesidades
y aspiraciones.
Todo
lo que la Iglesia reclama para sí lo pone al servicio
del hombre y de la sociedad. En efecto, Cristo le
encargo llevar su mensaje a todos los pueblos, para
lo cual necesita un espacio de libertad y los medios
suficientes.
Defendiendo
su propia libertad, la Iglesia defiende la de cada
persona, la de las familias, la de las diversas
organizaciones sociales, realidades vivas, que tienen
derecho a un ámbito propio de autonomía y soberanía
(cf. Centesimus annus, 45). En este sentido, "el
cristiano y las comunidades cristianas viven profundamente
insertados en la vida de sus pueblos respectivos
y son signo del Evangelio incluso por la fidelidad
a su patria, a su pueblo, a la cultura nacional,
pero siempre con la libertad que Cristo ha traído...
La Iglesia esta llamada a dar su testimonio de Cristo,
asumiendo posiciones valientes y proféticas ante
la corrupción del poder político o económico; no
buscando la gloria o los bienes materiales; usando
sus bienes para el servicio de los más pobres e
imitando la sencillez de la vida de Cristo"
(Redemptoris missio, 43).
5.
Al recordar estos aspectos de la misión de la Iglesia,
demos gracias a Dios, que nos ha llamado a formar
parte de la misma. En ella, la Virgen María ocupa
un lugar singular. Expresión de esto es la coronación
de la venerada imagen de la Virgen de la Caridad
del Cobre. La historia cubana esta jalonada de maravillosas
muestras de amor a su Patrona, a cuyos pies las
figuras de los humildes nativos, dos indios y un
moreno, simbolizan la rica pluralidad de este pueblo.
El Cobre, donde está su Santuario, fue el primer
lugar de Cuba donde se conquistó la libertad para
los esclavos.
Amados
fieles, no olviden nunca los grandes acontecimientos
relacionados con su Reina y Madre. Con el dosel
del altar familiar, Céspedes confeccionó la bandera
cubana y fue a postrarse a los pies de la Virgen
antes de iniciar la lucha por la libertad. Los valientes
soldados cubanos, los mambises, llevaban sobre su
pecho la medalla y la "medida" de su bendita
imagen. El primer acto de Cuba libre tuvo lugar
cuando en 1898 las tropas del General Calixto García
se postraron a los pies de la Virgen de la Caridad
en una solemne misa para la "Declaración mambisa
de la Independencia del pueblo cubano". Las
diversas peregrinaciones que la imagen ha hecho
por los pueblos de la Isla, acogiendo los anhelos
y esperanzas, los gozos y las penas de todos sus
hijos, han sido siempre grandes manifestaciones
de fe y de amor.
Desde
aquí quiero enviar también mi saludo a los hijos
de Cuba que en cualquier parte del mundo veneran
a la Virgen de la Caridad; junto con todos sus hermanos
que viven en esta hermosa tierra, los pongo bajo
su maternal protección, pidiéndole a Ella, Madre
amorosa de todos, que reúna a sus hijos por medio
de la reconciliación y la fraternidad.
6.
Hoy, siguiendo con esa gloriosa tradición de amor
a la Madre común, antes de proceder a su coronación
quiero dirigirme a Ella e invocarla con todos Ustedes:
¡Virgen de la Caridad
del Cobre, Patrona de Cuba! ¡Dios te salve, María,
llena de gracia!Tu eres la Hija amada del Padre, la
Madre de Cristo, nuestro Dios, el Templo vivo del
Espíritu Santo. Llevas en tu nombre, Virgen de la
Caridad, la memoria del Dios que es Amor,el recuerdo
del mandamiento nuevo de Jesús, la evocación del Espíritu
Santo: amor derramado en nuestros corazones, fuego
de caridad enviado en Pentecostés sobre la Iglesia,
don de la plena libertad de los hijos de Dios. ¡Bendita
tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre,
Jesús! Has venido a visitar nuestro pueblo y has querido
quedarte con nosotros como Madre y Señora de Cuba,
a lo largo de su peregrinar por los caminos de la
historia. Tu nombre y tu imagen están esculpidos en
la mente y en el corazón de todos los cubanos, dentro
y fuera de la Patria, como signo de esperanza y centro
de comunión fraterna. ¡Santa María, Madre de Dios
y Madre nuestra! Ruega por nosotros ante tu Hijo Jesucristo,
intercede por nosotros con tu corazón maternal, inundado
de la caridad del Espíritu. Acrecienta nuestra fe,
aviva la esperanza, aumenta y fortalece en nosotros
el amor. Ampara nuestras familias, protege a los jóvenes
y a los niños, consuela a los que sufren. Se Madre
de los fieles y de los pastores de la Iglesia, modelo
y estrella de la nueva evangelización. ¡Madre de la
reconciliación! Reúne a tu pueblo disperso por el
mundo. Haz de la nación cubana un hogar de hermanos
y hermanas para que este pueblo abra de par en par
su mente, su corazón y su vida a Cristo, único Salvador
y Redentor, que vive y reina con el Padre y el Espíritu
Santo, por los siglos de los siglos. Amén. |