El
Papa en Cuba: Tercer día
Camagüey
En el tercer día, el
Santo Padre viaja al este a tercera ciudad cubana
más grande, Camagüey (población aproximada de 300,000
personas).
Camaüey se ubica entre
dos ciudades que el Papa visitará también, Santa
Clara y Santiago de Cuba, y es una mezcla de colonia
cubana y herencia marxista.
Fundada en 1528, esta
ciudad de 300000 de habitantes, es famosa por la
confusión que existe entre sus calles, un sistema
original diseñado para confundir a sus invasores.
En Camagüey el Papa
celebrará misa en la Plaza Ignacio Agramonte, luego
retornará a la capital para reunirse con los estudiantes
en la Universidad Nacional de la Habana. También
visitará la tumba del sacerdote Católico del siglo
XIX, Rev. Felix Varela, quien es venerado por los
comunistas por su devoción patriotismo.
DISCURSO
A LOS REPRESENTANTES DEL MUNDO DE LA CULTURA
EN EL AULA MAGNA DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA
- 23.01.I998
Señores Cardenales
y Obispos, Autoridades universitarias , Ilustres
Señoras y Señores:
1. Es para mí un gozo
encontrarme con Ustedes en este venerable recinto
de la Universidad de La Habana. A todos dirijo mi
afectuoso saludo y, en primer lugar, quiero agradecer
las palabras que el Señor Cardenal Jaime Ortega
y Alamino ha tenido a bien dirigirme, en nombre
de todos, para darme la bienvenida, así como el
amable saludo del Señor Rector de esta Universidad,
que me ha acogido en esta Aula Magna. En ella se
conservan los restos del gran sacerdote y patriota,
el Siervo de Dios Padre Félix Varela, ante los cuales
he rezado. Gracias, señor Rector, por presentarme
a esta distinguida asamblea de mujeres y hombres
que dedican sus esfuerzos a la promoción de la cultura
genuina en esta noble nación cubana.
2. La cultura es aquella
forma peculiar con la que los hombres expresan y
desarrollan sus relaciones con la creación, entre
ellos mismos y con Dios, formando el conjunto de
valores que caracterizan a un pueblo y los rasgos
que lo definen. Así entendida, la cultura tiene
una importancia fundamental para la vida de las
naciones y para el cultivo de los valores humanos
más auténticos. La Iglesia, que acompaña al hombre
en su camino, que se abre a la vida social, que
busca los espacios para su acción evangelizadora,
se acerca, con su palabra y su acción, a la cultura.
La Iglesia católica
no se identifica con ninguna cultura particular,
sino que se acerca a todas ellas con espíritu abierto.
Ella, al proponer con respeto su propia visión del
hombre y de los valores, contribuye a la creciente
humanización de la sociedad. En la evangelización
de la cultura es Cristo mismo el que actúa a través
de su Iglesia, ya que con su Encarnación "entra
en la cultura" y "trae para cada cultura
histórica el don de la purificación y de la plenitud"
(Conclusiones de Santo Domingo, 228).
"Toda cultura
es un esfuerzo de reflexión sobre el misterio del
mundo y, en particular, del hombre: es un modo de
expresar la dimensión trascendente de la vida humana"
(Discurso en la ONU, 5 octubre 1995, 9). Respetando
y promoviendo la cultura, la Iglesia respeta y promueve
al hombre: al hombre que se esfuerza por hacer más
humana su vida y por acercarla, aunque sea a tientas,
al misterio escondido de Dios. Toda cultura tiene
un núcleo íntimo de convicciones religiosas y de
valores morales, que constituye como su "alma";
es ahí donde Cristo quiere llegar con la fuerza
sanadora de su gracia. La evangelización de la cultura
es como una elevación de su "alma religiosa",
infundiéndole un dinamismo nuevo y potente, el dinamismo
del Espíritu Santo, que la lleva a la máxima actualización
de sus potencialidades humanas. En Cristo, toda
cultura se siente profundamente respetada, valorada
y amada; porque toda cultura está siempre abierta,
en lo más auténtico de sí misma, a los tesoros de
la Redención.
3. Cuba, por su historia
y situación geográfica, tiene una cultura propia
en cuya formación ha habido influencias diversas:
la hispánica, que trajo el catolicismo; la africana,
cuya religiosidad fue permeada por el cristianismo;
la de los diferentes grupos de inmigrantes; y la
propiamente americana. Es de justicia recordar la
influencia que el Seminario de San Carlos y San
Ambrosio, de La Habana, ha tenido en el desarrollo
de la cultura nacional bajo el influjo de figuras
como José Agustín Caballero, llamado por Martí "padre
de los pobres y de nuestra filosofía", y el
sacerdote Félix Varela, verdadero padre de la cultura
cubana. La superficialidad o el anticlericalismo
de algunos sectores en aquella época no son genuinamente
representativos de lo que ha sido la verdadera idiosincrasia
de este pueblo, que en su historia ha visto la fe
católica como fuente de los ricos valores de la
cubanía que, junto a las expresiones típicas, canciones
populares, controversias campesinas y refranero
popular, tiene una honda matriz cristiana, lo cual
es hoy una riqueza y una realidad constitutiva de
la Nación.
4. Hijo preclaro de
esta tierra es el Padre Félix Varela y Morales,
considerado por muchos como piedra fundacional de
la nacionalidad cubana. El mismo es, en su persona,
la mejor síntesis que podemos encontrar entre fe
cristiana y cultura cubana. Sacerdote habanero ejemplar
y patriota indiscutible, fue un pensador insigne
que renovó en la Cuba del siglo XIX los métodos
pedagógicos y los contenidos de la enseñanza filosófica,
jurídica, científica y teológica. Maestro de generaciones
de cubanos, enseñó que para asumir responsablemente
la existencia lo primero que se debe aprender es
el difícil arte de pensar correctamente y con cabeza
propia. El fue el primero que habló de independencia
en estas tierras. Habló también de democracia, considerándola
como el proyecto político más armónico con la naturaleza
humana, resaltando a la vez las exigencias que de
ella se derivan.. Entre estas exigencias destacaba
dos: que haya personas educadas para la libertad
y la responsabilidad, con un proyecto ético forjado
en su interior, que asuman lo mejor de la herencia
de la civilización y los perennes valores trascendentes,
para ser así capaces de emprender tareas decisivas
al servicio de la comunidad; y, en segundo lugar,
que las relaciones humanas. así como el estilo de
convivencia social. favorezcan los debidos espacios
donde cada persona pueda, con el necesario respeto
y solidaridad, desempeñar el papel histórico que
le corresponde para dinamizar el Estado de Derecho,
garantía esencial de toda convivencia humana que
quiera considerarse democrática.
El Padre Varela era
consciente de que, en su tiempo, la independencia
era un ideal todavía inalcanzable; por ello se dedicó
a formar personas. hombres de conciencia, que no
fueran soberbios con los débiles, ni débiles con
los poderosos. Desde su exilio de Nueva York, hizo
uso de los medios que tenía a su alcance: la correspondencia
personal, la prensa y la que podríamos considerar
su obra cimera, las Cartas a Elpidio sobre la impiedad,
la superstición y el fanatismo en sus relaciones
con la sociedad, verdadero monumento de enseñanza
moral, que constituye su precioso legado a la juventud
cubana. Durante los últimos treinta años de su vida,
apartado de su cátedra habanera, continuó enseñando
desde lejos, generando de ese modo una escuela de
pensamiento, un estilo de convivencia social y una
actitud hacia la patria que deben iluminar, también
hoy, a todos los cubanos.
Toda la vida del Padre
Varela estuvo inspirada en una profunda espiritualidad
cristiana. Esta es su motivación más fuerte, la
fuente de sus virtudes, la raíz de su compromiso
con la Iglesia y con Cuba: buscar la gloria de Dios
en todo. Eso lo llevó a creer en la fuerza de lo
pequeño, en la eficacia de las semillas de la verdad,
en la conveniencia de que los cambios se dieran
con la debida gradualidad hacia las grandes y auténticas
reformas. Cuando se encontraba al final de su camino,
momentos antes de cerrar los ojos a la luz de este
mundo y de abrirlos a la Luz inextinguible, cumplió
aquella promesa que siempre había hecho: "Guiado
por la antorcha de la fe, camino al sepulcro en
cuyo borde espero, con la gracia divina, hacer,
con el último suspiro, una protestación de mi firme
creencia y un voto fervoroso por la prosperidad
de mi patria" (Cartas a Elpidio, tomo I, carta
6, p. 182).
5. Esta es la herencia
que el Padre Varela dejó. El bien de su patria sigue
necesitando de la paz sin ocaso, que es Cristo.
Cristo es la vía que guía al hombre a la plenitud
de sus dimensiones, el camino que conduce hacia
una sociedad más justa, más libre, más humana y
más solidaria. El amor a Cristo y a Cuba, que iluminó
la vida del Padre Varela, está en la raíz más honda
de la cultura cubana. Recuerden la antorcha que
aparece en el escudo de esta Casa de estudios: no
es sólo memoria, sino también proyecto. Los propósitos
y los orígenes de esta Universidad, su trayectoria
y su herencia, marcan su vocación de ser madre de
sabiduría y de libertad, inspiradora de fe y de
justicia, crisol donde se funden ciencia y conciencia,
maestra de universalidad y de cubanía.
La antorcha que, encendida
por el Padre Varela, había de iluminar la historia
del pueblo cubano, fue recogida, poco después de
su muerte, por esa personalidad relevante de la
nación que es José Martí: escritor y maestro en
el sentido más pleno de la palabra, profundamente
democrático e independentista, patriota, amigo leal
aún de aquellos que no compartían su programa político.
El fue, sobre todo, un hombre de luz, coherente
con sus valores éticos y animado por una espiritualidad
de raíz eminentemente cristiana. Es considerado
como un continuador del pensamiento del Padre Varela,
a quien llamó "el santo cubano".
6. En esta Universidad
se conservan los restos del Padre Varela como uno
de sus tesoros más preciosos. Por doquier, en Cuba,
se ven también los monumentos que la veneración
de los cubanos ha levantado a José Martí. Y estoy
convencido de que este pueblo ha heredado las virtudes
humanas, de matriz cristiana, de ambos hombres,
pues todos los cubanos participan solidariamente
de su impronta cultural. En Cuba se puede hablar
de un diálogo cultural fecundo, que es garantía
de un crecimiento más armónico y de un incremento
de iniciativas y de creatividad de la sociedad civil.
En este país, la mayor parte de los artífices de
la cultura -católicos y no católicos, creyentes
y no creyentes- son hombres de diálogo, capaces
de proponer y de escuchar. Los animo a proseguir
en sus esfuerzos por encontrar una síntesis con
la que todos los cubanos puedan identificarse; a
buscar el modo de consolidar una identidad cubana
armónica que pueda integrar en su seno sus múltiples
tradiciones nacionales. La cultura cubana, si está
abierta a la Verdad, afianzará su identidad nacional
y la hará crecer en humanidad.
La Iglesia y las instituciones
culturales de la Nación deben encontrarse en el
dialogo y cooperar así al desarrollo de la cultura
cubana. Ambas tienen un camino y una finalidad común:
servir al hombre, cultivar todas las dimensiones
de su espíritu y fecundar desde dentro todas sus
relaciones comunitarias y sociales. Las iniciativas
que ya existen en este sentido deben encontrar apoyo
y continuidad en una pastoral para la cultura, en
diálogo permanente con personas e instituciones
del ámbito intelectual.
Peregrino en una Nación
como la suya, con la riqueza de una herencia mestiza
y cristiana, confío que en el porvenir los cubanos
alcancen una civilización de la justicia y de la
solidaridad, de la libertad y de la verdad, una
civilización del amor y de la paz que, como decía
el Padre Varela, "sea la base del gran edificio
de nuestra felicidad". Para ello me permito
poner de nuevo en las manos de la juventud cubana
aquel legado, siempre necesario y siempre actual,
del Padre de la cultura cubana; aquella misión que
el Padre Varela encomendó a sus discípulos: "Diles
que ellos son la dulce esperanza de la patria y
que no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad".
MENSAJE
DEL PAPA A LOS JOVENES CUBANOS
Queridos jóvenes cubanos:
1. "Jesús, fijando
en él su mirada, lo amó" (Mc 10, 21). Así nos
refiere el Evangelio el encuentro de Jesús con el
joven rico. Así mira el Señor a cada hombre. Sus
ojos, llenos de ternura, se fijan también hoy en
el rostro de la juventud cubana. Y yo, en su nombre,
los abrazo, reconociendo en Ustedes la esperanza
viva de la Iglesia y de la Patria cubana.
Deseo transmitirles
el saludo cordial y el afecto sincero de todos los
jóvenes cristianos de los diferentes países y continentes
que he tenido la ocasión de visitar ejerciendo el
ministerio de Sucesor de Pedro. También ellos, como
Ustedes, caminan hacia el futuro entre gozos y esperanzas,
tristezas y angustias, como dice el Concilio Vaticano
II.
He venido a Cuba, como
mensajero de la verdad y la esperanza, para traerles
la Buena Noticia, para anunciarles "el amor
de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro
" (Rm 8, 39). Sólo este amor puede iluminar
la noche de la soledad humana; solo Él es capaz
de confortar la esperanza de los hombres en la búsqueda
de la felicidad.
Cristo nos ha dicho
que "nadie tiene mayor amor que el que da su
vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si
hacen lo que yo les mando... A Ustedes les he llamado
amigos" (Jn 15, 13-15). Él les ofrece su amistad.
Dio su vida para que los que deseen responder a
su llamado sean, en efecto, sus amigos. Se trata
de una amistad profunda, sincera, leal, radical,
como debe ser la verdadera amistad. Esta es la forma
propia de relacionarse con los jóvenes, ya que sin
amistad la juventud se empobrece y debilita. La
amistad se cultiva con el propio sacrificio para
servir y amar de verdad a los amigos. Así pues,
sin sacrificio no hay amistad sincera, juventud
sana, país con futuro. religión auténtica.
Por eso, ¡escuchen
la voz de Cristo! En su vida esta pasando Cristo
y les dice: "Síganme". No se cierren a
su amor. No pasen de largo. Acojan su palabra. Cada
uno ha recibido de Él un llamado. Él conoce el nombre
de cada uno. Déjense guiar por Cristo en la búsqueda
de lo que les puede ayudar a realizarse plenamente.
Abran las puertas de su corazón y de su existencia
a Jesús, "el verdadero héroe, humilde y sabio,
el profeta de la verdad y del amor, el compañero
y el amigo de la juventud" (Mensaje del Concilio
Vaticano II a los jóvenes).
2. Conozco bien los
valores de los jóvenes cubanos, sinceros en sus
relaciones, auténticos en sus proyectos, hospitalarios
con todos y amantes de la libertad. Se que, como
hijos de la exuberante tierra caribeña, sobresalen
por su capacidad artística y creativa; por su espíritu
alegre y emprendedor, dispuestos siempre a acometer
grandes y nobles empresas para la prosperidad del
País; por la sana pasión que ponen en las cosas
que les interesan y la facilidad para superar las
contrariedades y limitaciones. Estos valores afloran
con mayor nitidez cuando encuentran espacios de
libertad y motivaciones profundas. He podido, además,
comprobar y admirar con emoción la fidelidad de
muchos de Ustedes a la fe recibida de los mayores,
tantas veces transmitida en el regazo de las madres
y abuelas durante estas ultimas décadas en las que
la voz de la Iglesia parecía sofocada.
Sin embargo, la sombra
de la escalofriante crisis actual de valores que
sacude al mundo amenaza también a la juventud de
esta luminosa Isla. Se extiende una perniciosa crisis
de identidad, que lleva a los jóvenes a vivir sin
sentido, sin rumbo ni proyecto de futuro, asfixiados
por lo inmediato. Surge el relativismo, la indiferencia
religiosa y la falta de dimensión moral, mientras
se tiene la tentación de rendirse a los ídolos de
la sociedad de consumo fascinados por su brillo
fugaz. Incluso todo lo que viene de fuera del País
parece deslumbrar.
Frente a ello, las
estructuras públicas para la educación, la creación
artística, literaria y humanística, y la investigación
científica y tecnológica, así como la proliferación
de escuelas y maestros, han tratado de contribuir
a despertar una notable preocupación por buscar
la verdad, por defender la belleza y por salvar
la bondad; pero han suscitado también las preguntas
de muchos de Ustedes: ¿Por qué la abundancia de
medios e instituciones no llega a corresponder plenamente
con el fin deseado?
La respuesta no hay
que buscarla solamente en las estructuras, en los
medios e instituciones, en el sistema político o
en los embargos económicos, que son siempre condenables
por lesionar a los más necesitados. Estas causas
son solo parte de la respuesta, pero no tocan el
fondo del problema.
3. Que puedo decirles
yo a Ustedes, jóvenes cubanos, que viven en condiciones
materiales con frecuencia difíciles, en ocasiones
frustrados en sus propios y legítimos proyectos
y, por ello, a veces privados incluso de algún modo
de la misma esperanza? Guiados por el Espíritu,
combatan con la fuerza de Cristo Resucitado para
no caer en la tentación de las diversas formas de
fuga del mundo y de la sociedad; para no sucumbir
ante la ausencia de ilusión, que conduce a la autodestrucción
de la propia personalidad mediante el alcoholismo,
la droga, los abusos sexuales y la prostitución,
la búsqueda continua de nuevas sensaciones y el
refugio en sectas, cultos espiritualistas alienantes
o grupos totalmente extraños a la cultura y a la
tradición de su Patria.
"Velen, manténganse
firmes en la fe, sean fuertes. Hagan todo con amor"
(I Cor 16, 13-14). Pero, ¿qué significa ser fuertes?
Quiere decir vencer el mal en sus múltiples formas.
El peor de los males es el pecado, que causa innumerables
sufrimientos y puede estar también dentro de nosotros,
influyendo de manera negativa en nuestro comportamiento.
Por tanto, si es justo empeñarse en la lucha contra
el mal en sus manifestaciones públicas y sociales,
para los creyentes es un deber procurar derrotar
en primer lugar el pecado, raíz de toda forma de
mal que puede anidar en el corazón humano, resistiendo
con la ayuda de Dios a sus seducciones.
Tengan la seguridad
de que Dios no limita su juventud ni quiere para
los jóvenes una vida desprovista de alegría. ¡Todo
lo contrario! Su poder es un dinamismo que lleva
al desarrollo de toda la persona: al desarrollo
del cuerpo, de la mente, de la afectividad; al crecimiento
de la fe; a la expansión del amor efectivo hacia
Ustedes mismos, hacia el prójimo y hacia las realidades
terrenas y espirituales. Si saben abrirse a la iniciativa
divina, experimentarán en Ustedes la fuerza del
"Gran Viviente, Cristo, eternamente joven"
(Mensaje del Concilio Vaticano II a los jóvenes).
Jesús desea que tengan
vida, y la tengan en abundancia (cf. Jn 10, 10).
La vida que se nos revela en Dios, aunque pueda
parecer a veces difícil, orienta y da sentido al
desarrollo del hombre. Las tradiciones de la Iglesia,
la práctica de los sacramentos y el recurso constante
a la oración no son obligaciones y ritos que hay
que cumplir, sino más bien manantiales inagotables
de gracia que alimentan la juventud y la hacen fecunda
para el desarrollo de la virtud, la audacia apostólica
y la verdadera esperanza.
4. La virtud es la
fuerza interior que impulse a sacrificarse por amor
al bien y que permite a la persona no sólo realizar
actos buenos, sino también dar lo mejor de si misma.
Con jóvenes virtuosos un País se trace grande. Por
eso, y porque el futuro de Cuba depende de Ustedes,de
cómo formen su carácter, de como vivan su voluntad
de compromiso en la transformación de la realidad,
les digo: ¡Afronten con fortaleza y templanza, con
justicia y prudencia los grandes desafíos del momento
presente; vuelvan a las raíces cubanas y cristianas,
y hagan cuanto este en sus manos para construir
un futuro cada vez más digno y más libre! No olviden
que la responsabilidad forma parte de la libertad.
Más aún, la persona se define principalmente por
su responsabilidad hacia los demás y ante la historia
(cf. Const. past. Gaudium et spes, 55).
Nadie debe eludir el
reto de la época en la que le ha tocado vivir. Ocupen
el lugar que les corresponde en la gran familia
de los pueblos de este continente y de todo el mundo,
no como los últimos que piden ser aceptados, sino
como quienes con pleno derecho llevan consigo una
tradición rica y grande, cuyos orígenes están en
el cristianismo.
Les quiero hablar también
de compromiso. El compromiso es la respuesta valiente
de quienes no quieren malgastar su vida sino que
desean ser protagonistas de la historia personal
y social. Los invito a asumir un compromiso concreto,
aunque sea humilde y sencillo, pero que emprendido
con perseverancia se convierta en una gran prueba
de amor y en el camino seguro pare la propia santificación.
Asuman un compromiso responsable en el seno de sus
familias, en la vida de sus comunidades, en el entramado
de la sociedad civil y también, a su tiempo, en
las estructuras de decisión de la Nación.
No hay verdadero compromiso
con la Patria sin el cumplimiento de los propios
deberes y obligaciones en la familia, en la universidad,
en la fábrica o en el campo, en el mundo de la cultura
y el deporte, en los diversos ambientes donde la
Nación se trace realidad y la sociedad civil entreteje
la progresiva creatividad de la persona humana.
No puede haber compromiso con la fe sin una presencia
activa y audaz en todos los ambientes de la sociedad
en los que Cristo y la Iglesia se encarnan. Los
cristianos deben pasar de la sola presencia a la
animación de esos ambientes, desde dentro, con la
fuerza renovadora del Espíritu Santo.
El mejor legado que
se puede hacer a las generaciones futuras es la
transmisión de los valores superiores del espíritu.
No se trata sólo de salvar algunos de ellos, sino
de favorecer una educación ética y cívica que ayude
a asumir nuevos valores, a reconstruir el propio
carácter y el alma social sobre la base de una educación
para la libertad, la justicia social y la responsabilidad.
En este camino, la Iglesia, que es "experta
en humanidad", se ofrece pare acompañar a los
jóvenes, ayudándolos a elegir con libertad y madurez
el rumbo de su propia vida y ofreciéndoles los auxilios
necesarios pare abrir el corazón y el alma a la
trascendencia. La apertura al misterio de lo sobrenatural
les hará descubrir la bondad infinita, la belleza
incomparable, la verdad suprema; en definitiva,
la imagen que Dios ha querido grabar en cada hombre.
5. Me detengo ahora
en un asunto vital para el futuro. La Iglesia en
su Nación tiene la voluntad de estar al servicio
no sólo de los católicos sino de todos los cubanos.
Para poder servir mejor tiene necesidad urgente
de sacerdotes salidos de entre los hijos de este
pueblo que sigan las huellas de los Apóstoles, anunciando
el Evangelio y haciendo a sus hermanos partícipes
de los frutos de la redención; tiene también necesidad
de hombres y mujeres que, consagrando sus propias
vidas a Cristo, se dediquen generosamente al servicio
de la caridad; tiene necesidad de almas contemplativas
que imploren la gracia y misericordia de Dios para
su pueblo. Es responsabilidad de todos acoger cada
día la invitación persuasiva, dulce y exigente de
Jesús, que nos pide rogar al dueño de la mies que
envíe obreros a su mies (cf. Mt 9, 38). Es responsabilidad
de los llamados responder con libertad y en espíritu
de profunda oblación personal a la voz humilde y
penetrante de Cristo que dice, hoy como ayer y como
siempre: ¡ven y sígueme!
Jóvenes cubanos, Jesús,
al encarnarse en el hogar de María y José, manifiesta
y consagra la familia como santuario de la vida
v célula fundamental de la sociedad. La santifica
con el sacramento del matrimonio y la constituye
"centro y corazón de la civilización del amor"
(Carta a las familias Gratissimam sane, 13). La
mayor parte de Ustedes están llamados a formar una
familia. ¡Cuántas situaciones de malestar personal
y social tienen su origen en las dificultades, las
crisis y los fracasos de la familia! Prepárense
bien para ser en el futuro los constructores de
hogares sanos y apacibles, en los que se viva el
clima tonificador de la concordia, mediante el dialogo
abierto y la comprensión reciproca. El divorcio
nunca es una solución, sino un fracaso que se ha
de evitar. Fomenten, por tanto, todo lo que favorezca
la santidad, la unidad y la estabilidad de la familia,
fundada sobre el matrimonio indisoluble y abierta
con generosidad al don precioso de la vida.
"El amor es paciente,
es servicial; el amor no es envidioso, no es jactancioso,
no se engríe; no busca su interés; no se irrita.
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo
lo soporta" (I Con 13,4-7). El amor verdadero,
al que el apóstol Pablo dedicó un himno en la primera
Carta a los Corintios, es exigente. Su belleza esta
precisamente en su exigencia. Sólo quién, en nombre
del amor, sabe ser exigente consigo mismo, puede
exigir amor a los demás. Es preciso que los jóvenes
de hoy descubran este amor, porque en el está el
fundamento verdaderamente sólido de la familia.
Rechacen con firmeza cualquiera de sus sucedáneos,
como el llamado "amor libre". ¡Cuántas
familias se han destruido por su causa! No olviden
que seguir ciegamente el impulso afectivo significa,
muchas veces, ser esclavo de las propias pasiones.
6. Déjenme que les
hable también de María, la joven que realizó en
sí misma la adhesión más completa a la voluntad
de Dios y que, precisamente por eso, se ha convertido
en modelo de la máxima perfección cristiana. Tuvo
confianza en Dios: ''¡Feliz la que ha creído que
se cumplirían las cosas que le fueron dichas de
parte del Señor!" (Lc 1, 45). Robustecida por
la palabra recibida de Dios y conservada en su corazón
(cf. Lc 2, 9), venció el egoísmo, derrotó el mal.
El amor la preparó para el servicio humilde y concreto
hacia el prójimo. A Ella se dirige también hoy la
Iglesia, y la invoca incesantemente como ayuda y
modelo de caridad generosa. A Ella dirige su mirada
la juventud de Cuba para encontrar un ejemplo de
defensa y promoción de la vida, de ternura, de fortaleza
en el dolor, de pureza en el vivir y de alegría
sana. Confíen a María sus corazones, queridos muchachos
y muchachas, Ustedes que son el presente y el futuro
de estas comunidades cristianas, tan probadas a
lo largo de los años. No se separen nunca de María
y caminen junto a ella. Así serán santos, porque
reflejándose en Ella y confortados por su auxilio,
acogerán la palabra de la promesa, la custodiarán
celosamente en su interior y serán los heraldos
de una nueva evangelización para una sociedad también
nueva, la Cuba de la reconciliación y del amor.
Queridos jóvenes, la
Iglesia confía en Ustedes y cuenta con Ustedes.
A la luz de la vida de los santos y de otros testigos
del Evangelio, y guiados por la atención pastoral
de sus Obispos, ayúdense los unos a los otros a
fortalecer su fe y a ser los apóstoles del Año 2000,
haciendo presente al mundo que Cristo nos invita
a ser alegres y que la verdadera felicidad consiste
en darse por amor a los hermanos. Que el Señor siga
derramando abundantes dones de paz y entusiasmo
sobre todos los jóvenes hijos e hijas de la amada
Nación cubana. Esto es lo que el Papa les desea
con viva esperanza. Los bendigo de corazón.
Camagüey, 23 de enero
de 1998.
Joannes Paulus II
HOMILÍA
DE LA MISA DEL PAPA JUAN PABLO II DEDICADA A LOS
JÓVENES CUBANOS EN CAMAGÜEY
(Versión magnetofónica)
Saludo inicial
Queridos hermanos
y hermanas, jóvenes cubanos reunidos en esta ciudad
de Camagüey, les deseo en el Señor Jesucristo la
paz, el gozo y la esperanza, el Señor Jesús cuyo
nombre celebramos e invocamos en esta Eucaristía,
es el único Salvador del mundo, el Maestro de la
verdad, el Mesías verdadero, esperanza de todas
la naciones, el modelo de una humanidad renovada.
Él espera de todos los jóvenes una lección de fe
y de amor a su persona, a su Evangelio, a su Iglesia,
para que esta celebración sea sincera, acerquémonos
a Él como fieles discípulos, invocando su nombre
y pidiendo el perdón de nuestros pecados.
Homilía
"No te dejes vencer
por el mal, vence el mal a fuerza de bien".
Los jóvenes cubanos
se reúnen hoy con el Papa para celebrar su fe y
escuchar la palabra de Dios. Él es el camino, para
salir de las sombras del mal y de las tinieblas
y de vestirse con las armas de la luz para obrar
el bien. Con este motivo me complace tener este
encuentro con todos ustedes en esta gran plaza donde
en el altar se rememora el sacrificio de Jesucristo,
este lugar que lleva el nombre de Ignacio Agramonte,
nos recuerda a un héroe querido por todos, el cual
movido por su fe cristiana encarnó los valores que
alumbran a los hombres y mujeres de bien.
Quiero saludar ante
todo con afecto a Mons. Adolfo Rodríguez Herrera,
pastor de esta Iglesia en Camagüey; a su Obispo
Auxiliar, Mons. Juan García Rodríguez, así como
a los demás cardenales, obispos y sacerdotes presentes
que con su labor pastoral animan y conducen a los
jóvenes cubanos hacia Cristo, el redentor, el amigo
que nunca falla. El encuentro con Él mueve a la
conversión y a la alegría singular que hace clamar
como a los discípulos después de la resurrección:
"Hemos visto al Señor".
Saludo asimismo a las
autoridades civiles que han querido asistir a esta
Santa Misa y les agradezco la cooperación a este
acto, cuyos invitados principales son los jóvenes.
De corazón me dirijo a ustedes, queridos jóvenes
cubanos, esperanza de la Iglesia y de la patria,
presentándoles a Cristo para que le conozcan y le
sigan con total decisión. Él les da la vida, les
enseña el camino, los introduce en la verdad, ayudándolos
a marchar juntos y solidarios, en felicidad y paz,
como miembros vivos de su Cuerpo Místico que es
la Iglesia.
"¿Cómo podrá el
joven llevar una vida limpia viviendo de acuerdo
con su Palabra?" El Salmo nos da la respuesta
a la interrogante que todo joven se ha de plantear
si desea llevar una existencia digna y decorosa
propia de su condición. Para ello el único camino
es Jesús. Los talentos que ha recibido del Señor
que llevan a la entrega del amor auténtico y a la
generosidad fructifican cuando se vive no sólo de
lo material y caduco sino cuando se vive "de
toda palabra que sale de la boca de Dios".
Por eso, queridos jóvenes, los animo a sentir el
amor de Cristo siendo conscientes de lo que Él ha
hecho por ustedes, por la humanidad entera, por
los hombres y mujeres de todos los tiempos. Sintiéndonos
amados por Él, ustedes podrán amar de verdad.
¿Qué es llevar una
vida íntima? Es vivir la propia existencia según
las normas morales del Evangelio propuestas por
la Iglesia. Actualmente, por desgracia, para muchos
es fácil caer en un relativismo moral y en la falta
de identidad que sufren tantos jóvenes. Jóvenes
víctimas de esquemas culturales vacíos de sentido
y de algún tipo de ideología que no ofrece normas
morales altas y precisas. Ese relativismo moral
que lleva egoísmo, división, marginación, discriminación,
miedo, desconfianza hacia los otros.
Más aún cuando un joven
vive a su forma, se deja seducir por el materialismo
desenfrenado, pierde las propias raíces y agrede
a la nación. Por eso el vacío que producen estos
comportamientos explican muchos males que rondan
a la juventud. El alcoholismo, la sexualidad mal
vivida, la prostitución que se esconde bajo diversas
relaciones cuyas causas no son siempre sólo personales,
las motivaciones fundadas en el gusto, por las actitudes
egoístas, el oportunismo, la falta de un proyecto
serio de vida que no da lugar para el matrimonio
estable. Además rechaza toda autoridad legítima,
flagelo de la evasión, huyendo del compromiso de
la responsabilidad para refugiarse en un mundo falso
cuya base es la alienación y el desarraigo.
Ante esta situación
el joven cristiano que anhela llevar una vida limpia
firme en su fe sabe que está llamado y elegido por
Cristo para vivir en auténtica libertad de los hijos
de Dios que incluye no pocos desafíos. Por eso acogiendo
la gracia que reciben de los sacramentos, saben
que han de dar testimonio de Cristo con su esfuerzo
constante por llevar una vida recta y fiel a Él.
La fe y el obrar moral
están unidos. En efecto, el don recibido nos conduce
a una conversión permanente para imitar a Cristo
y recibir las promesas divinas. Los cristianos por
respetar los valores fundamentales que configuran
una vida limpia llegan a veces a sufrir incluso
de modo heroico, sufrir marginación, persecución,
debido a que esa opción moral es opuesta a los comportamientos
del mundo. Este testimonio de la cruz de Cristo
en la vida cotidiana es también una semilla segura
y profunda de los cristianos, una vida plenamente
humana y comprometida con Cristo tiene su precio
de generosidad y entrega.
Queridos jóvenes el
testimonio cristiano, la vida digna a los ojos de
Dios tiene ese precio. Si no están dispuestos a
pagarlo vendrá el vacío existencial y la falta de
un proyecto de vida digno y responsablemente asumido
con todas sus consecuencias. La Iglesia tiene el
deber de dar una formación moral cívica y religiosa
que ayuda a los jóvenes cubanos a crecer en los
valores humanos y cristianos sin miedo y con la
perseverancia de una obra educativa que necesita
tiempo, los medios y las instituciones que son propias
de esa siembra de virtud y espiritualidad para bien
de la Iglesia y de la nación.
"Maestro bueno,
¿qué haré para heredar la vida eterna?" En
el Evangelio que hemos escuchado un joven pregunta
a Jesús qué debe hacer y el Maestro, lleno de amor,
le responde como tiene que ser, este joven presume
de haber cumplido las normas y Jesús le responde
que lo necesario es dejarlo todo y seguirlo. Esto
da radicalidad y autenticidad a los valores y permite
al joven realizarse como persona y como cristiano.
La clave de esta realización está en la fidelidad
expuesta por San Pablo en la primera lectura como
una característica de nuestra identidad cristiana.
Queridos jóvenes, sean
creyentes o no, acojan el llamado a ser virtuosos,
ello quiere decir que sean fuertes por dentro, grandes
de alma, ricos en los mejores sentimientos, valientes
en la verdad, audaces en la libertad, constantes
en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles
en la esperanza. La felicidad se alcanza desde el
sacrificio, no busquen afuera lo que pueden encontrar
adentro, no esperen de los otros lo que ustedes
son capaces y están llamados a ser y a hacer, no
dejen para mañana el construir una sociedad nueva
donde los sueños más nobles nos ilustren y donde
ustedes puedan ser los protagonistas de la historia.
Recuerden que la persona
humana y el respeto por la misma son el camino de
un mundo nuevo, el mundo y el hombre se asfixian
si no salen a Jesucristo, háblenle del corazón y
emprendan así una vida nueva que sea conforme a
Dios y responda a las legítimas aspiraciones que
ustedes tienen de verdad, de bondad. Que Cuba eduque
a sus jóvenes en la virtud y la libertad para que
pueda tener un futuro de auténtico desarrollo humano
integral en un ambiente de paz duradera.
Queridos jóvenes católicos,
éste es todo un programa de vida personal y social,
cuidando la caridad, la humildad, el sacrificio,
teniendo como razón última servir al Señor. Les
deseo la alegría de poderlo realizar, los esfuerzos
que ya se hacen en la pastoral juvenil deben encaminarse
hacia la realización de este programa de vida. Para
ayudarlos les dejo también un mensaje escrito con
la esperanza de que llegue a todos los jóvenes cubanos
que son el futuro de la Iglesia y de la patria.
Un futuro que comienza ya en el presente y que será
gozoso si está basado en el desarrollo integral
de cada uno, lo cual no puede alcanzarse sin Cristo,
al margen de Cristo, o mucho menos en contra de
Cristo.
(Aplausos)
¡Son cubanos
y parecen mexicanos! ¡O son mexicanos y parecen
cubanos! ¡Son guadalupanos! ¡Con la "Madonna
del Cobre", son guadalupanos!
Por eso, como dije
al inicio de mi Pontificado, y he querido repetir
al llegar a Cuba: "No tengan miedo a abrir
sus corazones a Cristo". Les dejo con gran
afecto esta nueva exhortación pidiéndoles que con
valentía y coraje apostólico lo transmitan a los
demás jóvenes cubanos. Que Dios todopoderoso y la
Santísima Virgen de la Caridad del Cobre les ayude
a responder generosamente a este llamado.
Cristo guarda,
Cristo sabe qué cosas se encuentran en cada uno
de nosotros. Sabe! Él nos ama, sea alabado Jesucristo.
"JUAN
PABLO HERMANO QUIERE A LOS CUBANOS"
Con estas palabras,
pronunciadas espontáneamente al finalizar la eucaristía
que hoy dedicó a los jóvenes en Camagüey, el Santo
Padre respondió al cariño y la efervescencia de
casi 200 mil cubanos reunidos en la Plaza Ignacio
Agramonte.
Los asistentes a la
eucaristía, que llegaron desde las 6 de la mañana
para lograr las mejores ubicaciones, no sólo confirmaron
que Camagüey es la región más católica de Cuba sino
que iniciaron la que para muchos ha sido la fiesta
más grande vista en la Isla.
A las 10 horas con
15 minutos el Papa llegó hasta la Plaza Ignacio
Agramonte y fue saludado por gente que corría, vivas,
aplausos y miles de banderitas vaticanas y cubanas
que flamearon desde ese momento hasta el término
de la eucaristía.
Tras el saludo del
Obispo Adolfo Rodríguez, un muchacho dirigió en
nombre de la juventud cubana un emotivo mensaje
de bienvenida al Pontífice en el que le agradeció
por su visita "tanto tiempo esperada".
"Los jóvenes cubanos,
con nuestras limitaciones y problemas, con las puertas
de nuestros corazones abiertas para dejar entrar
a Cristo que hoy se comunica a través de su Vicaría,
crea que desde hoy seremos mejores, tendremos más
fe, viviremos con una nueva esperanza, gracias por
estar con nosotros", concluyó.
Luego de sus palabras
el lo abrazó y continuó la celebración en el altar
color rosa diseñado por la artista cubana Maidenina
Pires, que contrastaba con los grises dominantes
de la ciudad.
Antes de iniciar su
homilía, un grupo de jóvenes se acercó al Papa para
besar las Escrituras mientras el coro integrado
pro más de cien voces y uniformados con jeans, poncho
blanco, pañuelo amarillo y gorra, entonaban el Aleluya
en ritmo tropical.
"El Papa se queda
en Camagüey", fue el lema más voceado, y junto
a los aplausos interrumpió en varios momentos la
homilía del Pontífice, quien al término de la misma
improvisó un saludo para responder las muestras
de cariño.
Antes de iniciar la
liturgia de la eucaristía, el Papa improvisó una
explicación. "Ahora se inaugura el sacrificio
de Cristo, Cristo está presente, el mismo Cristo
que una vez miró a un joven y lo amó es el que deben
seguir vosotros. Hoy Cristo está presente y mira
cómo le aman", dijo.
Al finalizar la eucaristía
el Pontífice respondió a las numerosas muestras
de cariño afirmando "Juan Pablo Hermano quiere
a los cubanos" y les agradeció "por estar
aquí a pesar del fuerte sol".
Parafraseando otro
de los lemas el Pontífice afirmó "se ve, se
siente que el sol está presente, pero el sol de
la vida, y así nos recuerda a Jesucristo, que da
la vida verdadera y la da en abundancia".
"Los jóvenes han
traído su alegría, su dinamismo, acercándose al
altar del Señor han ido trayendo la juventud. Al
marcharse para ir a encontrar a otros hermanos,
agradecidos les quiero repetir que Cristo mira a
cada uno, le mira y le ama, por eso no tengan miedo
de abrirle las puertas de su corazón, que éste sea
el programa de la juventud cubana", dijo.
OBISPO
PIDE BENDICIÓN DE RECONCILIACIÓN
Con un sencillo discurso
el Obispo de Camagüey, Mons. Adolfo Rodríguez, dio
la bienvenida al Papa a la diócesis más católica
de Cuba y le pidió un bendición que permita a los
cubanos vivir en la reconciliación y paz.
Antes de iniciar la
celebración eucarística que el Santo Padre dedicó
a los jóvenes en la Plaza Ignacio Agramonte de Camagüey,
Mons. Rodríguez dirigió un breve y emotivo discurso
en el que agradeció al Santo Padre por su visita
en nombre "de todos los camagüeyanos, de los
que están aquí y los que no, pero que están el recuerdo
y en el corazón, de los que no han podido venir
pero están presentes" y pidió que bendiga "a
todos con una gran bendición que estreche a todos
los cubanos en un mismo abrazo de fraternidad, reconciliación
y paz, hoy y para siempre".
"Este noble pueblo
cubano merece, Santo Padre, esta visita y nunca
va a olvidar en la memoria de la cabeza ni en la
memoria del corazón la estela que deja esta histórica
visita, la inspiración que su persona y su misión
dejan, el ejemplo de su vida tan fuertemente marcada
por la cruz pero iluminada por la fe", señaló.
Además explicó que
"el amor hace grandes cosas o no es amor y
sólo el amor y un amor muy grande ha obrado esta
maravilla que nunca dejaremos de agradecer. Esta
visita es muy significativa para nosotros en este
año del centenario de nuestra guerra de independencia
porque necesitamos clarificar cada vez más plenamente
nuestra identidad nacional volviendo a las raíces
y además coincide a las puertas del tercer milenio
que queremos recorrer de la mano de Cristo cargando
una esperanza y dando una respuesta a los retos
pastorales, caminando por la paz y la concordia".
Antes de finalizar
sus palabras, el Obispo hizo especial referencia
a los cientos de laicos de Camagüey que "en
sus horas no laborables, o no escolares sacando
tiempo no se sabe de donde, han visitado a pie decenas
de casas y familias de puerta en puerta anunciado
a Jesucristo e invitando a esta Eucaristía sin que
ninguna casa haya cerrado sus puertas al mensaje
que llevaban".
"En Cuba hemos
tenido varias etapas de evangelización, una primera
que realizaron los religiosos de España, una segunda
que realizaron los ministros de otras confesiones
cristianas procedentes de Estados Unidos, y ahora
han sido los laicos cubanos los que han evangelizado
a los cubanos y esto lo debemos Santo Padre a la
expectante espera de esta su visita", precisó.