Un nuevo año de fe

Espero que ustedes hayan tenido una Navidad alegre y llena de bendiciones. Muchas gracias a todos por las oraciones y buenos deseos que me enviaron durante esta temporada hermosa y sagrada.

Tenemos que comenzar en este nuevo año con la confianza de la Navidad. Nuestro Dios está cerca. Él ha venido a compartir nuestra vida. Él nunca nos abandona y está muy cerca de nosotros en momentos de dolor y sufrimiento.

Tenemos que caminar con la confianza y la libertad de ser hijos de Dios. Nuestro Padre escucha nuestras oraciones. Él no siempre nos da lo que pedimos. Pero nada es imposible con Dios. Y en todo Él está trabajando conforme a su propósito para el bien de los que le aman.

Así que al comenzar este nuevo año en el Año de la Fe declarado por nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI, necesitamos un nuevo compromiso para crecer nuestra fe como hijos de Dios.

Los Apóstoles pidieron a Jesús: “¡Aumenta nuestra Fe!”. Esa debería ser su oración y mi oración todos los días a lo largo de este nuevo año y todo el resto de nuestras vidas.

Tenemos que nutrir nuestra fe -a través de la oración diaria, la lectura de los Evangelios y por medio de los Sacramentos.

La Eucaristía es la clave. La Eucaristía es el don del mismo Dios -para ser alimento que nos fortalece en nuestro camino, para ser el fuego de su amor que nos purifica y nos santifica.

Una manera práctica de vivir este momento tan especial en nuestras parroquias es tratar de poner en práctica nuestras cinco prioridades pastorales con nuevas iniciativas y nuevo entusiasmo. Así que vamos a trabajar en ellos- la educación en la fe; la promoción de las vocaciones religiosas y sacerdotales; la promoción de nuestra identidad “católica” como la familia de Dios; la proclamación del Evangelio de la vida; y el fortalecimiento del matrimonio y la familia.

Todas estas prioridades se refieren a la Nueva Evangelización.

Tenemos que recordar que muchos de nuestros vecinos y miembros de nuestra familia están en búsqueda de Jesús. Ellos tienen curiosidad por Él. Muchos sólo tienen ideas externas y superficiales sobre Él. Ellos necesitan que nosotros se lo demos a conocer. Ellos necesitan que los invitemos a “venir y ver” a Jesús.

En este Año de la Fe, necesitamos convertirnos en almas alegres –hombres y mujeres que siembran la alegría de nuestro amor por Jesucristo a los demás.

Tenemos que irradiar una actitud positiva que viene del saber que Dios está vivo y a cargo, en el mundo y en nuestras vidas.

Vamos a tratar de romper nuestro hábito de quejarnos y tratar de dejar todos los pequeños resentimientos y amarguras en nuestras conversaciones y patrones de pensamiento. Esto no es fácil. Pero el Sacramento de la Penitencia ayuda.

La Penitencia es el Sacramento del autoconocimiento. Cuanto más nos examinamos a la luz de las enseñanzas de Dios y el ejemplo de Cristo, más fuerte es el conocimiento de nuestras debilidades y dones.

En los días previos a la Navidad, nuestro Santo Padre escribió un artículo muy interesante en el periódico secular británico The Financial Times. Sus reflexiones nos pueden ayudar a hacer buenas propósitos ya que tratamos de vivir este Año de la Fe.

El Papa nos urgió a “aprender a leer el Evangelio para llegar a conocer a Jesús”. Y Él nos ha llamado a participar realmente en los asuntos de nuestra nación y nuestras comunidades –inspirado no por las políticas o ideologías, sino por las enseñanzas del Evangelio.

A mí me conmovió la hermosa visión del Santo Padre de la doctrina social de la Iglesia: “Los cristianos luchan contra la pobreza reconociendo la suprema dignidad de cada ser humano, creado a imagen de Dios y destinado a vivir la vida eternamente. Ellos trabajan para una distribución más equitativa de los recursos de la tierra fuera de la creencia de que -como administradores de la creación de Dios – tenemos el deber de cuidar a los más débiles y vulnerables. Los cristianos se oponen a la codicia y la explotación de la convicción de que la generosidad y el amor desinteresado – como enseña y es vivido por Jesús de Nazaret, es el camino que conduce a la plenitud de la vida. La creencia en el destino trascendente de cada ser humano da urgencia a la tarea de promover la paz y la justicia para todos”.

Decidámonos a realmente vivir el Evangelio y hacer de él la inspiración para todo lo que hagamos en nuestras casas, en el trabajo, y en nuestra sociedad. Y oremos unos por otros para que todos podamos hacer que este Año de la Fe realmente cuente en nuestras vidas y en nuestra Iglesia.

Que Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de esta gran Arquidiócesis nos ayude a incrementar nuestra fe en este nuevo año, al tratar de caminar más cerca de su Hijo, en la compañía de nuestros hermanos y hermanas en su familia, Su Iglesia Católica.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)