El tierno rostro de Nuestra Madre

Homilía – Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe (i)

Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles
Los Ángeles, California
12 de diciembre 2012

Queridos hermanos y hermanas Guadalupanos,

¡Qué noche tan hermosa!

Por primera vez, esta noche celebramos esta Santa Misa de medianoche en la presencia de la preciosa reliquia de la tilma sagrada que lleva la imagen milagrosa de la Virgen en nuestra Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles! Esta reliquia de la Tilma de San Juan Diego es la única reliquia de este tipo en los Estados Unidos y probablemente en cualquier otro lugar fuera de la ciudad de México.

Con esta reliquia en nuestra nueva capilla a la Virgen, sentimos esta noche una profunda conexión espiritual con nuestros hermanos y hermanas en México – ¡y con los fieles Guadalupanos de todos los continentes!

¡Todos pertenecemos a una sola familia de Dios! Nuestros hermanos y hermanas están esparcidos por todas las naciones. María es la Madre de todos nosotros. Nos dirigimos a ella esta noche como Madre y Estrella de la Evangelización de América. Le damos las gracias por traer a Jesús a nuestros países y por el don de la fe.

Nos dirigimos a la Virgen esta noche también de una manera muy personal – como nuestra madre.

La tilma milagrosa de San Juan Diego nos muestra el único verdadero “retrato” de nuestra Madre María, que jamás se ha “hecho”. ¡Fue un retrato “pintado” de rosas por la mano de Dios! Por eso, esta hermosa reliquia que tenemos es tan preciosa. ¡Qué hermoso regalo nos ha dado nuestro Padre – que nos permite ver el rostro de nuestra tierna Madre, la Madre de Dios!

Tenemos que recurrir a esta imagen de nuestra Madre todo el tiempo. Tenemos que contemplar su dulce rostro y mirar sus ojos llenos de paz. Tenemos que hablar con ella como niños y decirle todo lo que está en nuestro corazón. Necesitamos sentir su ternura maternal para con nosotros.

Esta noche recordamos su aparición en el Tepeyac. Recordamos las palabras de esperanza que habló a San Juan Diego: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y bajo mi protección? … ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Necesitas algo más?” (ii)

Esta gran fiesta nos recuerda: ¡Estamos rodeados por todas partes del amor de Dios! Tenemos a Jesucristo, nuestro hermano, que camina con nosotros todos los días y se entrega a nosotros – en Cuerpo y Sangre – en la Sagrada Eucaristía. ¡Contamos con los ángeles y santos que velan por nosotros! ¡Y tenemos nuestra tierna Madre, la Virgen María!

Las lecturas de la Sagrada Escritura que hemos escuchado esta noche nos revelan el corazón maternal de nuestra Madre María. En lo más profundo de su corazón, María es una madre que nos ama. Ella no pide nada para sí misma. ¡Todo por Jesús! ¡Todo para ser nuestra madre!

Como hemos escuchado en la primera lectura, María nos trae la sabiduría de Dios, que como agua viva renovará nuestras almas. Por medio de María, Jesús entra en nuestro mundo y en nuestros corazones, nos dice St. Paul en la segunda lectura. Y de Jesús recibimos el don de su Espíritu Santo, que nos hace hijos de Dios.

A través de María, que nos trae a Jesús, un mundo nuevo se abre para nosotros. Podemos vivir como una nueva creación. Podemos esperar grandes cosas para nosotros mismos y para nuestras familias e hijos. ¡Ahora somos hijos de Dios! ¡Nada debe perturbarnos! Podemos volvernos a Dios llamándolo: “¡Abba! Padre”. ¡Podemos conocer la esperanza del cielo!

Tenemos todo esto por Jesús – y por el don de la Virgen María, que vive para traernos a Jesús. Esta es la imagen de María que vemos en nuestra lectura del Evangelio para esta fiesta.

Todos conocemos la historia de la Visitación. María acaba de enterarse de que Jesús está en su vientre. Y a toda prisa corre a llevar a Jesús a su prima, Santa Isabel.

En esta historia vemos el corazón “misionero” y maternal de la Santísima Virgen. Vemos que María está llena de alegría, ¡con un gran deseo de compartir a Jesús!

Y cuando María le transmite a Jesús, Santa Isabel también se llena de alegría. Ella se regocija en el Espíritu Santo.

Ella se alegra porque se da cuenta de que es hija de Dios. Se da cuenta de que María es la Madre del Señor. Escuchamos sus hermosas palabras a María: ¡Bendita tú entre las mujeres! ¡Y bendito el fruto de tu vientre!

Decimos estas mismas palabras todos los días cuando rezamos el “Ave María”. Y siempre debemos orar el “Ave María” con el mismo espíritu de Santa Isabel – regocijándonos porque somos hijos de Dios!

Así que esta noche hermanos y hermanas, agradecemos a nuestro Padre celestial por los muchos dones que nos ha dado a través de María.

Y nos acogemos a María, nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Le pedimos que nos enseñe cómo ser buenas madres y buenos padres para nuestros hijos. Le pedimos que nos enseñe cómo ser buenos hijos e hijas.

¡Queremos ser personas que aman a Dios! ¡Queremos amar a nuestros hijos y nuestras familias! ¡Queremos ser personas que viven como Jesús y María y San José!

Así que le pedimos a la Virgen que nos ayude a ser siempre como ella. Que nos ayude a vivir siempre con Jesús en nuestros corazones, a vivir para compartir a Jesús con todo el mundo, en todo lo que hacemos.

¡Volvámonos al dulce rostro de nuestra Madre! ¡Presionemos nuestra mejilla contra la Suya! ¡Estemos siempre cerca de nuestra Madre! ¡Dejemos que ella sea nuestra vida, dulzura y esperanza!

¡Que Viva la Virgen de Guadalupe!
¡Que viva San Juan Diego!
¡Que viva Cristo Rey!
¡Que viva la Virgen de Guadalupe!
¡Que viva la Virgen de Guadalupe!
¡Que viva la Virgen de Guadalupe!

Nuestra Señora de Guadalupe, ¡Ruega Por Nosotros!

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)