Un Sínodo de santos, un año para santos

Esta semana les escribo a ustedes otra vez desde Roma, donde el Sínodo de los Obispos para la Nueva Evangelización se ha convertido en un “Sínodo de los santos”.

El Papa Benedicto XVI inauguró el Sínodo hace casi tres semanas, añadiendo a Santa Hildegard De Bingen y San Juan de Ávila a la lista élite de “doctores” de la Iglesia, santos que son maestros especiales de santidad y de teología y espiritualidad.

El domingo pasado, que fue el Domingo Mundial de las Misiones, tuve la bendición de concelebrar una Misa en la cual el Papa proclamó siete nuevos santos que tienen un significado especial para el Año de la Fe y de la Nueva Evangelización.

Entre estos nuevos santos están dos norteamericanos – Santa Kateri Tekakwitha, nuestro primer santo nativo estadounidense, y Santa Marianne Coppe, una inmigrante alemana que llegó a ser ministro de la misericordia de Dios para los leprosos en Hawaii.

Nos alegramos del hermoso regalo de nuestro Santo Padre a nuestra Iglesia en Estados Unidos. Santa Kateri y Santa Marianne nos recuerdan que ¡nuestra Iglesia sigue siendo una Iglesia de santos!

Estos nuevos santos son también un signo de nuestra propia vocación a la santidad: a ser santos.

Esto es algo por lo que yo mismo me encuentro orando y reflexionando mucho durante este Sínodo – nuestra vocación a ser santos. ¡Nuestra fe católica es tan importante! Todos nosotros necesitamos sentir un nuevo entusiasmo para practicar nuestra fe – no importa quiénes somos o cuál es nuestra posición en la Iglesia o en la sociedad. Tenemos que redescubrir lo hermoso que es conocer a Jesucristo.
¡Debemos hacer de este Año de Fe un año para santos!

El Año de la Fe tiene la propósito de atraer más profundamente en la visión del Concilio Vaticano II, el cual comenzó hace 50 años este mes. Lo que el Vaticano II enseñó sobre todo fue el llamado universal a la santidad.

En su Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium (“Luz de las Naciones”), los padres del Concilio escribieron:

“Cada uno en la Iglesia…está llamado a la santidad… El Señor Jesús, el divino maestro y modelo de toda perfección, predicó la santidad de vida para todos y cada uno de sus discípulos de cualquier condición… Es necesario que sigan sus pasos y se ajusten a todo su ser para la gloria de Dios y al servicio del prójimo”.

Esta es la belleza del don de la fe. Por este don, Dios nos da el poder para vivir como sus hijos y ser partícipe de su divina naturaleza. Él nos da la gracia de buscar su santidad y perfección.

El don de la fe es el llamado a ser santos. Y ese debe ser el enfoque de nuestros esfuerzos en este Año de la Fe – para renovar nuestro deseo de ser santos.

A veces, cuando hablamos de los santos, la gente piensa que no es para ellos. ¡Pero eso no es cierto! Las personas comunes y normales están llamadas a ser santos. La gente débil y pecadora que cometen errores, pero están dispuestos a pedir perdón y empezar de nuevo.

El Papa Benedicto dijo de nuestra nueva santa: “Llevando una vida sencilla, Kateri se mantuvo fiel a su amor por Jesús, a la oración y la Misa diaria. Su mayor deseo era conocer y hacer lo que agradaba a Dios. Ella vivió una vida radiante de fe y pureza”.

Cada uno de nosotros está llamado a vivir esta misma vida sencilla de la fe. Y Dios quiere darnos la gracia que necesitamos para ser santos.

Nuestro mundo no será convertido por palabras y programas. Solamente por santos. El Papa Benedicto dijo esto en la apertura del Sínodo: “Los santos son los verdaderos protagonistas de la evangelización… Santidad… su lenguaje, el del amor y la verdad, es comprensible para toda la gente de buena voluntad y los atrae a Jesucristo, la fuente inagotable de nueva vida”.

Así que en este Año de la Fe, vamos hacer un esfuerzo especial para orar y aprender de los santos. Podemos empezar con nuestros dos nuevos “doctores”, Santa Hildegard y San Juan de Ávila, que tienen una importancia especial para la nueva evangelización.

Nosotros también debemos hacer un esfuerzo especial para aprender de nuestras nuevas santas estadunidenses – Santa Kateri y Santa Marianne, y de San Pedro Calungsod, un mártir filipino también canonizado el domingo por el Papa.

El Sínodo concluye este domingo, 28 de octubre, con una Misa final que será celebrada por el Santo Padre junto con cerca de 300 Obispos que han tenido el privilegio de participar en este camino de fe con Él.

Así que mantengámonos unos a otros en oración esta semana. Y que el ejemplo y la intercesión de estos nuevos doctores y santos nos fortalezca en nuestra vocación a la santidad.

Y vamos a seguir en este Año de la Fe confiando a la Virgen María, la estrella brillante de la Nueva Evangelización.

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)