Un reporte desde el sínodo

Hoy les escribo desde Roma, donde llevo una semana en el Sínodo de Obispos – que tendrá un mes de duración – convocado por el Papa Benedicto XVI para considerar la misión de la Iglesia en estos tiempos de creciente secularismo y la indiferencia hacia la religión.

Nuestro Santo Padre ha sido una presencia viva, asistiendo a la mayoría de las sesiones del Sínodo con nosotros esta semana. Ya hemos tenido la gracia de poder concelebrar dos hermosas Misas con él – una por la apertura del Sínodo y la otra con motivo de la apertura del Año de la Fe.

En su homilía de apertura del Sínodo, nos dijo: “La Iglesia existe para evangelizar”. Dios nos ha dirigido su Palabra. Él llama a cada uno que recibe esa Palabra en la fe, para compartir la Palabra con los demás. La Palabra de Dios es la buena noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios, y su llamada al amor y la reconciliación con el Padre.

El Papa habla de dos “ramas” de la misión de la Iglesia. La primera es proclamar el Evangelio para “evangelizar” a los que todavía no conocen a Jesús y sus buenas noticias de salvación.

La segunda rama de la misión de la Iglesia es la “nueva evangelización”. La nueva evangelización se dirige aquellos que “aunque bautizados, se han alejado de la Iglesia y viven sin hacer referencia a la vida cristiana”, en palabras del Papa.

Nosotros evangelizamos a otros mediante nuestro testimonio de lo que Jesús significa en nuestras vidas. Nosotros evangelizamos “probando” nuestra conversión personal a Cristo – expresando nuestra fe en obras de amor.

“Por lo tanto no podemos hablar de la nueva evangelización sin un sincero deseo de conversión” nos dijo el Papa.

Evangelium, conversión and caritas – este es un programa excelente para todos nosotros en este Año de la Fe. Para escuchar el Evangelio otra vez. Para ser convertidos por el encuentro con Cristo. Y para decirle a otros del amor que hemos encontrado en Jesucristo.

Yo estoy feliz de reportar que el Papa está bien. Él se encuentra en buen estado de salud y ha estado prestando mucha atención a las presentaciones.

Este Sínodo es una bella expresión de la universalidad –la naturaleza “católica”- de nuestra Iglesia. Imagínense, casi 300 cardenales y obispos de todas las naciones bajo el cielo, que hablan idiomas diferentes. Todos compartiendo la misma preocupación y el deseo de volver a despertar el llamado misionero de todos los fieles para fortalecer nuestra catequesis de modo que toda la gente pueda conocer la fe y practicarla mejor.

En estos primeros días del Sínodo, las presentaciones han reflejado la alegría y la esperanza del Cuerpo de Cristo y la Familia de Dios.

El Patriarca Latino de Jerusalén, Arzobispo Fouad Twal, recomendó que la nueva evangelización comience donde comenzó la “primera” evangelización, en Jerusalén. El Cardenal Stanislaw Dziwisz de Cracovia dijo que la nueva evangelización debe proclamar la “divina misericordia” de Dios como una forma de tocar “los más profundos acordes del corazón humano”.

El arzobispo José Guadalupe Martin Rábago, de León, habló de la importancia de la piedad popular. Él señaló el ejemplo de cómo las peregrinaciones a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México, llegan a ser ocasiones para una nueva conversión y volver a la fe. El Arzobispo Diarmuid Martin de Dublin, describió el impacto que tuvo el año pasado el Congreso Eucarístico sobre la fe en Irlanda.

Mis hermanos cardenales y obispos de los Estados Unidos han hecho presentaciones significantes – sobre la importancia de la confesión, las obras de misericordia y las nuevas oraciones de bendición de la Iglesia por los no nacidos.

En mi presentación, yo hablé sobre cómo la gente hoy tiene hambre de Dios.

Los medios ordinarios de santificación no han cambiado, pero las formas como está viviendo la gente, han cambiado.

Así que tenemos que encontrar nuevas maneras para ayudar a la gente a practicar su fe en esta cultura globalizada. Necesitamos encontrar el “lenguaje” que mejor presenta los tradicionales medios de santificación –los sacramentos, la oración, las obras de caridad- de una manera que sea atractiva y accesible para las personas que viven en la realidad de un mundo globalizado, en una sociedad secular y urbana.

Nosotros estamos “llamados a ser santos”. Y la misión de la nueva evangelización es usar los medios de gracia para santificar a la gente y hacerlos santos, para ayudar a los hombres y mujeres de nuestros tiempo a encontrar las vías a la santidad en sus vidas ordinarias en este “mundo globalizado”.

No existen “soluciones mágicas” para el reto al que nos enfrentamos en estos tiempos. ¡Pero hay una urgencia de llevar las buenas noticias del Evangelio a nuestro mundo!

La nueva evangelización comienza con nuestro personal encuentro con Jesucristo. Esto crece con la acción del Espíritu Santo en nuestras almas. Tenemos que darnos cuenta –todos nosotros- que la nueva evangelización es nuestra propia responsabilidad personal.

Oren por mí durante este Sínodo, y sepan que yo estoy orando por todos ustedes mientras estoy en la Ciudad Eterna.

Y pidamos la protección de la Santísima Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización.

Que ella nos ayude a llegar a hacer de este Año de la Fe, el comienzo de la nueva evangelización. VN

*La columna de opinión de Mons. José Gomez está disponible para ser utilizada gratuitamente en versión electrónica, impresa o verbal. Sólo es necesario citar la autoría (Mons. José Gomez) y el distribuidor (ACI Prensa)