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	<title>Blogs &#124; Mons. José Gomez</title>
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	<description>La Columna de Mons. José Gomez</description>
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		<title>Mayo es el mes de María</title>
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		<pubDate>Mon, 06 May 2013 16:10:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Fiestas Litúrgicas]]></category>
		<category><![CDATA[Virgen María]]></category>
		<category><![CDATA[evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[virgen maría]]></category>

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		<description><![CDATA[Por muchos siglos, esta ha sido una tradición en la Iglesia. Y es hermoso asociar a María con el comienzo de la primavera y el brotar de nuevas flores, plantas y cultivos en el campo. En este mes especial, durante el cual vamos a celebrar la Ascensión de Cristo al Cielo y la venida del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por muchos siglos, esta ha sido una tradición en la Iglesia. Y es hermoso asociar a María con el comienzo de la primavera y el brotar de nuevas flores, plantas y cultivos en el campo.</p>
<p>En este mes especial, durante el cual vamos a celebrar la Ascensión de Cristo al Cielo y la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, les animo a profundizar su devoción a María.</p>
<p>En los Hechos de los Apóstoles vemos la bella imagen de la Iglesia primitiva, reunida en oración alrededor de “María, la madre de Jesús”.</p>
<p>Esto es lo que Jesús quería. Su último deseo – algunos lo llaman su testamento – era que su madre fuera nuestra madre. Él dijo al apóstol San Juan y a cada uno de nosotros: “¡He aquí a tu madre!”</p>
<p>Por lo tanto, debemos asegurarnos de que María siempre tenga un lugar importante en nuestras vidas. Dice el Evangelio que San Juan recibió a María en su “propia casa”. Nosotros también tenemos que hacer eso; tenemos que desarrollar una profunda relación personal con María, una relación de amor, afecto, devoción y confianza.</p>
<p>El Evangelio nos dice que Jesús crecía en sabiduría en el hogar de Nazaret, con María y San José. Y nosotros crecemos en fe y santidad si permanecemos cerca a María, si escuchamos sus palabras y aprendemos de su ejemplo.</p>
<p>En la Anunciación, María dijo al ángel: “Hágase en mí según su palabra”.</p>
<p>Ella se entregó confiadamente a la voluntad de Dios para su vida. Ella se comprometió a cooperar con Su voluntad, para ser una “sierva” de Su plan de salvación.</p>
<p>Supongo que Jesús haya aprendido de María algo de su propia actitud de confianza en la voluntad de Dios.</p>
<p>Podemos ver el reflejo de su fe en las palabras que Jesús enseñó a sus discípulos: “Hágase tu voluntad”. Y también podemos notar que tan profundamente Jesús vivía esta actitud de abandono a la voluntad de Dios, cuando le fue pedido entregar su vida por nosotros: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.</p>
<p>Esa es la actitud que necesitamos tener para vivir como hijos de Dios y de María. Como Jesús y María, tenemos que confiar que nuestro Padre celestial sabe qué es lo mejor para nosotros, que Él tiene un plan y una razón de ser para nuestras vidas.</p>
<p>Tenemos que decirle a Dios en todas las circunstancias: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.</p>
<p>También podemos aprender mucho del hábito que María tenía de reflexionar sobre la vida de su Hijo. El Evangelio nos dice que ella atesoraba sus palabras y se preguntaba sobre el significado de sus acciones: “Ella guardaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón”.</p>
<p>Esto también puede ser un ejemplo para nosotros. Todos los días deberíamos pasar algún tiempo contemplando las palabras y hechos de Jesús, a través de la lectura orante de los Evangelios. Como María, deberíamos guardar sus palabras y su ejemplo en nuestro corazón. Todos los días deberíamos pedir en oración la gracia que necesitamos para amarla más y para ser más como Jesús.</p>
<p>Nos dirigimos a María porque en sus brazos siempre encontramos a Jesucristo. Y en Él está nuestra paz y seguridad.</p>
<p>María nos enseña a mirar siempre a Jesús. Sus últimas palabras en los Evangelios, en las Bodas de Caná, deberían ser las primeras palabras que definen nuestra forma de vivir: “Haced lo que Él os diga”.</p>
<p>María nos enseña a estar abiertos a lo que Jesús quiere hacer en nuestras vidas. Ella acogió a Jesús en su vida y lo entregó al mundo. Eso también debería ser un ejemplo para nosotros. Deberíamos estar siempre listos para llevar el don de Jesús a los demás.</p>
<p>En este mes de María, al orar los unos por los otros, tratemos de hacer algunas cosas prácticas para profundizar nuestra devoción a María. Quizá sea rezar el Rosario con más devoción y afecto. Tal vez sea rezar una oración mariana especial, como el Memorare.</p>
<p>La Santísima Virgen María es la Reina de la Paz. A lo largo de este mes de mayo, ofrezcamos nuestras oraciones por la paz en nuestra ciudad y en el mundo.</p>
<p>Pidamos la intercesión de María para que nos ayude a amarla como Jesús la amaba. Compartamos nuestras vidas generosamente con los demás – como nuestra Santísima Madre lo hizo. Y pidámosle a la Virgen María que sea cada vez más una madre para nosotros.</p>
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		<title>El momento para la reforma migratoria</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 15:56:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Inmigrantes]]></category>
		<category><![CDATA[evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[inmigrantes]]></category>

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		<description><![CDATA[El día 23 de abril marca el 20 aniversario de fallecimiento de César Chávez, ese gran líder méxico-americano de los derechos civiles. El ejemplo de Chávez me inspira. Él vivió su fe católica con profunda devoción y valor, y su amor a Dios lo llevó a luchar por la justicia y por la dignidad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El día 23 de abril marca el 20 aniversario de fallecimiento de César Chávez, ese gran líder méxico-americano de los derechos civiles.</p>
<p>El ejemplo de Chávez me inspira. Él vivió su fe católica con profunda devoción y valor, y su amor a Dios lo llevó a luchar por la justicia y por la dignidad de los pobres.</p>
<p>Es apropiado recordar este aniversario cuando el Congreso comienza los debates sobre la reforma migratoria integral. El proyecto de ley que está siendo presentado esta semana en el Senado de los Estados Unidos ha sido largamente esperado. La reforma migratoria es la prueba de fuego de la protección de los derechos civiles en nuestra generación.</p>
<p>Mucha gente todavía no entiende el compromiso de la Iglesia con esta causa. Para mí, es un asunto de derechos humanos y de dignidad humana. Es una cuestión de quiénes somos como pueblo y como nación.</p>
<p>Es verdad que muchos inmigrantes cruzaron nuestras fronteras sin haber obtenido una visa de nuestro gobierno. Otros vinieron a través de los canales adecuados, pero decidieron quedarse después de la expiración de sus visas o permisos temporales.</p>
<p>Esto no es bueno. La nuestra es una nación de leyes. Pero por casi 20 años nuestro país optó por no exigir que se cumplan las leyes. Hemos ignorado esta realidad porque necesitábamos a los inmigrantes en las compañías de construcción, las industrias de servicio y los trabajos rurales. Esta es una verdad difícil. Esos hombres y mujeres vinieron aquí a trabajar, y todos nosotros hemos estado dependiendo de ellos y beneficiándonos de su trabajo.</p>
<p>Los inmigrantes indocumentados deben ser considerados responsables. Pero la pregunta es, ¿cómo?</p>
<p>¿Es justo que nuestro país no aplique sus leyes por muchos años, y después, repentinamente comience a castigar a las personas que las infringieron? No lo creo. Pero esta es la política actual.</p>
<p>Y es una política cruel. El problema es que las personas a las que estamos castigando son nuestros prójimos. La mayoría de los que llamamos “ilegales” ha estado viviendo aquí por cinco años o más; dos tercios de ellos han estado aquí por lo menos por una década. Casi la mitad vive en hogares con sus esposos e hijos.</p>
<p>Solamente en los últimos cuatro años hemos deportado a más de un millón de personas, de los cuales aproximadamente la cuarta parte vivía en un hogar con sus hijos y sus familias.</p>
<p>Por supuesto que no estamos hablando solamente de “estadísticas”. Estamos hablando sobre personas y familias concretas.</p>
<p>Estamos hablando de padres de familia que, sin aviso, no regresarán a casa hoy para cenar, y que podrán pasar por lo menos una década sin poder volver a ver a sus familias.</p>
<p>Debido a la lógica fragmentada de nuestras leyes actuales, se puede demorar más de 10 años para entrar legalmente a este país. Las listas de espera son aún más largas para los solicitantes de la mayoría de los países latinoamericanos.</p>
<p>Por esta razón necesitamos entender qué quieren realmente decir los políticos y los que trabajan en los medios de comunicación cuando dicen cosas como: “Los inmigrantes ilegales deben salir del país y ponerse en la línea para entrar legalmente al país”.</p>
<p>Cuando decimos esto, les estamos pidiendo que opten por no ver a su esposa, a sus hijos, a sus familiares por una década o más. ¿Es justo pedirles eso? ¿Qué haríamos nosotros si tuviéramos que tomar una decisión de este tipo? ¿Seguiríamos a una ley que quizá signifique que nunca más volveríamos a ver a nuestras familias?</p>
<p>Estas son algunas de las preguntas difíciles que tenemos que hacernos a nosotros mismos mientras nuestros líderes comienzan las conversaciones sobre la reforma migratoria. Cómo respondemos es un desafío a nuestra conciencia, y una muestra de nuestra humanidad.</p>
<p>Los Obispos de Estados Unidos creen que una reforma verdadera implica proporcionar un camino generoso a la ciudadanía y un sistema que apoye a las familias y a los niños.</p>
<p>Queremos reformas para que las familias inmigrantes puedan permanecer juntas. Queremos reformas para que los inmigrantes que son trabajadores rurales o tengan otros trabajos no sean explotados. Y queremos reformas para que nuestros hermanos y hermanas puedan vivir según la dignidad que Dios quiere para ellos.</p>
<p>Recemos esta semana por nuestros líderes, por nuestro país y por los millones de personas que están a la espera de una verdadera reforma migratoria. Y tratemos de poner nuestra fe en práctica en medio de estas importantes conversaciones.</p>
<p>César Chávez dijo una vez: “Creo que hay tres elementos para mi fe. Ellos son: Dios, yo mismo y mi prójimo… Yo soy un católico tradicional. Voy a la iglesia regularmente y con fidelidad… pero además… salgo y hago cosas… Creo que Cristo realmente nos enseñó… Vestir al desnudo, dar pan al que tiene hambre y agua al que tiene sed. Son cosas muy simples, y eso es lo que tenemos que hacer… Tenemos que dar consistencia a nuestra fe a través de las obras”.</p>
<p>Pidamos a Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de las Américas, que nos ayude a vivir nuestra fe a través de las obras.</p>
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		<title>El momento para la reforma migratoria</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Apr 2013 19:45:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[El día 23 de abril marca el 20 aniversario de fallecimiento de César Chávez, ese gran líder méxico-americano de los derechos civiles. El ejemplo de Chávez me inspira. Él vivió su fe católica con profunda devoción y valor, y su amor a Dios lo llevó a luchar por la justicia y por la dignidad de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/04/Great_Seal_of_the_United_States_obverse.svg_.png"><img class="alignleft  wp-image-207" title="Great_Seal_of_the_United_States_(obverse).svg" src="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/04/Great_Seal_of_the_United_States_obverse.svg_.png" alt="" width="252" height="252" /></a>El día 23 de abril marca el 20 aniversario de fallecimiento de César Chávez, ese gran líder méxico-americano de los derechos civiles.</p>
<p>El ejemplo de Chávez me inspira. Él vivió su fe católica con profunda devoción y valor, y su amor a Dios lo llevó a luchar por la justicia y por la dignidad de los pobres.</p>
<p>Es apropiado recordar este aniversario cuando el Congreso comienza los debates sobre la reforma migratoria integral. El proyecto de ley que está siendo presentado esta semana en el Senado de los Estados Unidos ha sido largamente esperado. La reforma migratoria es la prueba de fuego de la protección de los derechos civiles en nuestra generación.</p>
<p>Mucha gente todavía no entiende el compromiso de la Iglesia con esta causa. Para mí, es un asunto de derechos humanos y de dignidad humana. Es una cuestión de quiénes somos como pueblo y como nación.</p>
<p>Es verdad que muchos inmigrantes cruzaron nuestras fronteras sin haber obtenido una visa de nuestro gobierno. Otros vinieron a través de los canales adecuados, pero decidieron quedarse después de la expiración de sus visas o permisos temporales.</p>
<p>Esto no es bueno. La nuestra es una nación de leyes. Pero por casi 20 años nuestro país optó por no exigir que se cumplan las leyes. Hemos ignorado esta realidad porque necesitábamos a los inmigrantes en las compañías de construcción, las industrias de servicio y los trabajos rurales. Esta es una verdad difícil. Esos hombres y mujeres vinieron aquí a trabajar, y todos nosotros hemos estado dependiendo de ellos y beneficiándonos de su trabajo.</p>
<p>Los inmigrantes indocumentados deben ser considerados responsables. Pero la pregunta es, ¿cómo?</p>
<p>¿Es justo que nuestro país no aplique sus leyes por muchos años, y después, repentinamente comience a castigar a las personas que las infringieron? No lo creo. Pero esta es la política actual.</p>
<p>Y es una política cruel. El problema es que las personas a las que estamos castigando son nuestros prójimos. La mayoría de los que llamamos “ilegales” ha estado viviendo aquí por cinco años o más; dos tercios de ellos han estado aquí por lo menos por una década. Casi la mitad vive en hogares con sus esposos e hijos.</p>
<p>Solamente en los últimos cuatro años hemos deportado a más de un millón de personas, de los cuales aproximadamente la cuarta parte vivía en un hogar con sus hijos y sus familias.</p>
<p>Por supuesto que no estamos hablando solamente de “estadísticas”. Estamos hablando sobre personas y familias concretas.</p>
<p>Estamos hablando de padres de familia que, sin aviso, no regresarán a casa hoy para cenar, y que podrán pasar por lo menos una década sin poder volver a ver a sus familias.</p>
<p>Debido a la lógica fragmentada de nuestras leyes actuales, se puede demorar más de 10 años para entrar legalmente a este país. Las listas de espera son aún más largas para los solicitantes de la mayoría de los países latinoamericanos.</p>
<p>Por esta razón necesitamos entender qué quieren realmente decir los políticos y los que trabajan en los medios de comunicación cuando dicen cosas como: “Los inmigrantes ilegales deben salir del país y ponerse en la línea para entrar legalmente al país”.</p>
<p>Cuando decimos esto, les estamos pidiendo que opten por no ver a su esposa, a sus hijos, a sus familiares por una década o más. ¿Es justo pedirles eso? ¿Qué haríamos nosotros si tuviéramos que tomar una decisión de este tipo? ¿Seguiríamos a una ley que quizá signifique que nunca más volveríamos a ver a nuestras familias?</p>
<p>Estas son algunas de las preguntas difíciles que tenemos que hacernos a nosotros mismos mientras nuestros líderes comienzan las conversaciones sobre la reforma migratoria. Cómo respondemos es un desafío a nuestra conciencia, y una muestra de nuestra humanidad.</p>
<p>Los Obispos de Estados Unidos creen que una reforma verdadera implica proporcionar un camino generoso a la ciudadanía y un sistema que apoye a las familias y a los niños.</p>
<p>Queremos reformas para que las familias inmigrantes puedan permanecer juntas. Queremos reformas para que los inmigrantes que son trabajadores rurales o tengan otros trabajos no sean explotados. Y queremos reformas para que nuestros hermanos y hermanas puedan vivir según la dignidad que Dios quiere para ellos.</p>
<p>Recemos esta semana por nuestros líderes, por nuestro país y por los millones de personas que están a la espera de una verdadera reforma migratoria. Y tratemos de poner nuestra fe en práctica en medio de estas importantes conversaciones.</p>
<p>César Chávez dijo una vez: “Creo que hay tres elementos para mi fe. Ellos son: Dios, yo mismo y mi prójimo… Yo soy un católico tradicional. Voy a la iglesia regularmente y con fidelidad… pero además… salgo y hago cosas… Creo que Cristo realmente nos enseñó… Vestir al desnudo, dar pan al que tiene hambre y agua al que tiene sed. Son cosas muy simples, y eso es lo que tenemos que hacer… Tenemos que dar consistencia a nuestra fe a través de las obras”.</p>
<p>Pidamos a Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de las Américas, que nos ayude a vivir nuestra fe a través de las obras.</p>
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		<title>Rezando con nuestro Papa</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Apr 2013 21:12:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Francisco]]></category>
		<category><![CDATA[Virgen María]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Esta semana, me dirijo a ustedes desde Roma! Les escribo a mi regreso de concelebrar una Misa privada con nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en la capilla de Domus Sanctae Marthae (Casa Santa Marta), donde él ha decidido vivir por el momento. La Eucaristía fue muy especial para mí, porque celebramos la Anunciación, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/04/José-Gómez-Papa-Francisco.jpg"><img class="alignleft  wp-image-193" title="Papa Francisco junto a Mons. José Gómez" src="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/04/José-Gómez-Papa-Francisco.jpg" alt="" width="327" height="218" /></a>¡Esta semana, me dirijo a ustedes desde Roma!</p>
<p>Les escribo a mi regreso de concelebrar una Misa privada con nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en la capilla de Domus Sanctae Marthae (Casa Santa Marta), donde él ha decidido vivir por el momento.</p>
<p>La Eucaristía fue muy especial para mí, porque celebramos la Anunciación, y yo fui ordenado Obispo de Denver en la Solemnidad de la Anunciación en 2001.</p>
<p>Durante la Misa yo rezaba por el Papa Francisco y por la Iglesia. También le daba gracias a Dios por todas las gracias y bendiciones que ha derramado en mi vida – incluyendo cada uno de ustedes. Todos han estado en mis oraciones de manera muy especial durante esta peregrinación a Roma.</p>
<p>Dos días antes de la Misa con el Papa, el 6 de abril, fue el aniversario de mi nombramiento como Arzobispo de Los Ángeles. De manera que en esta Misa, también le agradecía al Señor por todas las gracias que he recibido en estos tres años – y sobre todo por la oportunidad de servir a cada uno de ustedes.</p>
<p>La familia de Dios aquí en Los Ángeles es muy especial para mí. El testimonio de su fe, visible en sus ministerios y en su vida diaria, me llena de fuerza y esperanza cada día. Gracias por sus oraciones, su apoyo y su amor.</p>
<p>Tuve la oportunidad de hablar con el Papa Francisco sobre nuestra Iglesia local. ¡Es increíble poder hablar con el Papa en español, nuestro idioma nativo!</p>
<p>Le dije al Santo Padre que todos los fieles de Los Ángeles lo quieren mucho, que estamos rezando por él y por su ministerio, y que puede contar con nuestra lealtad. Él agradeció nuestras oraciones ¡y pidió que rezáramos más todavía!</p>
<p>Estoy aquí en Roma como moderador episcopal de la Asociación Católica de Líderes Latinos (C.A.L.L.), que tiene su base en Los Ángeles. Estamos haciendo una peregrinación a Roma por el Año de la Fe, para estudiar las enseñanzas del Concilio Vaticano II con mayor profundidad.</p>
<p>También tuvimos la bendición de reunirnos con el Santo Padre como grupo. Él nos ofreció cálidas palabras de aliento para la misión de C.A.L.L. Salimos aún más convencidos de que este es el momento para que los latinos amen y vivan su fe más plenamente y para que ejerzan una mayor responsabilidad en la Iglesia y en la sociedad.</p>
<p>¡Qué ocasión tan especial para ser católicos! ¡Estamos frente a un hermoso momento nuevo de gracia para la Iglesia!</p>
<p>Dios en su amor siempre nos da el Papa que necesitamos para nuestro tiempo. El Papa Francisco es el rostro de la esperanza para la nueva evangelización – especialmente en las Américas. Y él nos está diciendo – no sólo con palabras, sino también con tantos gestos pastorales, que la nueva evangelización debe expresarse en obras de humildad y servicio.</p>
<p>En su homilía durante la Misa por la Anunciación, el Papa Francisco habló sobre la humildad como camino de santidad.</p>
<p>Él señaló el ejemplo de María, José y Jesús, quienes recorrieron el “camino de la humildad” para llegar a Belén. Dijo que a pesar de que María “no comprende bien” lo que Dios quería de ella, se abaja y entrega “su alma a la voluntad de Dios”. San José también “se abaja” y lleva sobre sí la “gran responsabilidad” de cuidar a su prometida, que estaba encinta.</p>
<p>“Así es siempre con el amor de Dios, que, a fin de llegar hasta nosotros, toma el camino de la humildad”, dijo el Papa.</p>
<p>El Santo Padre nos recordó que la humildad es la base de nuestra vocación cristiana. Como cristianos, debemos seguir el humilde camino de Jesús, que culminó en la Cruz.</p>
<p>“No se puede ir por otro camino”, dijo. “Si yo no me abajo, si tú no te abajas, no eres cristiano”.</p>
<p>Recemos mucho por nuestro nuevo Papa esta semana. ¡Él está pidiendo nuestras oraciones! Y también recemos los unos por los otros y por nuestra gran Iglesia de Los Ángeles.</p>
<p>Que podamos renovarnos en la humildad de la cruz – la humildad de un amor que viene a servir a Dios y a los demás, especialmente a aquellos que más necesitan.</p>
<p>Y con nuestro nuevo Papa Francisco, roguemos al Señor: “Miremos a María, miremos a José. Y pidamos la gracia de la humildad. Pero de esta humildad que es el camino por el cual ciertamente pasa la caridad. Cuando Pablo nos dice: ‘pensad que los demás son mejores que vosotros’, a veces es difícil pensar en ello. Pero Pablo piensa en este misterio, en este camino, porque él en lo más profundo de su corazón sabe que el amor sólo va por este camino de la humildad.”</p>
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		<title>La desafiante visión de nuestro nuevo Papa</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2013 21:46:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Les deseo muchas bendiciones de Pascua a todos ustedes y sus familias! Tuve una Pascua llena de alegrías, y además, me conmovió mucho ver a tantos de ustedes en las celebraciones de la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. En algunas de ellas, muchas personas se quedaron de pie pues ya no había lugar, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/04/ppfrancis08042013.jpg"><img class="alignleft  wp-image-199" title="Papa Francisco" src="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/04/ppfrancis08042013.jpg" alt="" width="350" height="238" /></a>¡Les deseo muchas bendiciones de Pascua a todos ustedes y sus familias! Tuve una Pascua llena de alegrías, y además, me conmovió mucho ver a tantos de ustedes en las celebraciones de la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. En algunas de ellas, muchas personas se quedaron de pie pues ya no había lugar, lo que es un hermoso signo de su devoción a Jesucristo.</p>
<p>Para todos nosotros, esta también fue la primera Pascua celebrada con el Papa Francisco. En mis oraciones, he estado tratando de acompañar al Papa Francisco al comienzo de su ministerio como Vicario de Cristo en la tierra.</p>
<p>Y ya nos ha dado muchos ejemplos de bondad, humildad y un tierno amor pastoral por la familia de Dios.</p>
<p>He estado escuchando sus palabras atentamente, tratando de entender el corazón y la mente de nuestro nuevo Santo Padre.<br />
Hay un tema que aparece una y otra vez: cómo la Iglesia debe “salir de sí misma” y luchar contra la tentación de mirar hacia dentro y ensimismarse. De hecho, este fue el tema de su charla al colegio cardenalicio antes del cónclave que lo eligió.</p>
<p>En esa charla, dijo: “La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”.</p>
<p>El Papa Francisco nos está diciendo a todos en la Iglesia que debemos salir de nuestros piadosos “cascarones”: dejar las prácticas y patrones cómodos que nos “protegen” de las exigencias de realmente vivir la fe en nuestra vida cotidiana. Tenemos que superar nuestras tendencias naturales a mirarnos a nosotros mismos para que podamos realmente vivir por el bien de los demás y por la misión de la Iglesia.</p>
<p>El Papa Francisco nos dijo: “¿Qué significa seguir a Jesús en su camino…? Salir de nosotros mismos, para ir al encuentro de los demás, a la periferia de la existencia, a los más alejados, a los olvidados, a quienes necesitan comprensión, consuelo y ayuda… No debemos contentarnos con permanecer en el recinto de las noventa y nueve ovejas, debemos &#8220;salir”, buscar con Él a la oveja perdida, a la más lejana… Salir al encuentro de los demás y brindar la luz y el gozo de nuestra fe”.</p>
<p>“Autorreferencial” es una palabra que he visto varias veces en los escritos y charlas del nuevo Papa. Lo que quiere decir es que siempre existe la tentación a centrarnos demasiado en nuestros ministerios, nuestras estructuras internas y nuestros programas. Pero cuando hacemos esto, perdemos nuestro instinto evangélico. Nos convertimos en “administradores”, pero no apóstoles, dice el Papa Francisco.</p>
<p>Nuestro Santo Padre nos recuerda que todo comienza en una profunda vida de oración y una relación íntima con Jesucristo. Pero no podemos detenernos ahí. No nos podemos olvidar que la Iglesia existe para evangelizar, y que el don de la fe nos fue dado para que podamos compartirlo con los demás.</p>
<p>Cuando conocemos a Cristo y lo amamos, tenemos el deber de compartir ese conocimiento y ese amor con los demás. La fe crece cuando es puesta a prueba y es compartida. Por lo tanto cuánto más salimos de nosotros mismos para entregarnos y compartir el don de la fe, más crecerá nuestra fe. “El poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás”, dice el Papa.</p>
<p>En su discurso ante el cónclave el Papa Francisco se refirió a la antigua idea católica del mysterium lunae (“el misterio de la luna”).</p>
<p>Los padres de la Iglesia solían decir que la Iglesia es como la luna y Cristo es el sol. La luna no tiene luz propia. Solo refleja la luz del sol.</p>
<p>Así también debería ser para cada uno de nosotros como discípulos y para la Iglesia. Así como la “luna”, nosotros tampoco tenemos luz propia. Solo tenemos la luz que nos viene del “sol”, de Jesucristo. En nuestras propias vidas estamos llamados a reflejar la luz de Jesucristo; estamos llamados a llevar su luz a nuestro mundo; para disipar las tinieblas dando un testimonio fiel de su Resurrección.</p>
<p>En este hermoso tiempo Pascual, oremos los unos por los otros y tratemos de estar más unidos a nuestro nuevo Papa Francisco.</p>
<p>Y pidamos a la Santísima Madre que nos ayude para que podamos salir de nosotros mismos, para buscar a los que están perdidos y para reflejar la luz de Cristo en nuestros ministerios y en todo lo que hacemos.</p>
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		<title>El encuentro de Pascua</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Apr 2013 18:56:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Fiestas Litúrgicas]]></category>
		<category><![CDATA[Pascua]]></category>
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		<description><![CDATA[Nuestros hermanos y hermanas filipinos tienen una hermosa devoción de Pascua que se llama Salubong (“El Encuentro”). Reunidos antes del amanecer, ellos reviven el encuentro de Jesús resucitado con su Santísima Madre en la primera mañana de Pascua. Las mujeres vienen por un lado, trayendo una estatua de María, cubierta con un velo negro. Desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nuestros hermanos y hermanas filipinos tienen una hermosa devoción de Pascua que se llama Salubong (“El Encuentro”).</p>
<p>Reunidos antes del amanecer, ellos reviven el encuentro de Jesús resucitado con su Santísima Madre en la primera mañana de Pascua. Las mujeres vienen por un lado, trayendo una estatua de María, cubierta con un velo negro. Desde el lado opuesto vienen los hombres, cargando una estatua de Jesús resucitado. Estas dos procesiones se encuentran frente a la Iglesia. Ahí, un niño vestido como un ángel le quita a María el velo de duelo y todos entran en la Iglesia con alegría para celebrar la Misa de Pascua.</p>
<p>En los Evangelios no hay ninguna mención sobre este encuentro entre Jesús y María después de la resurrección. Pero a veces la piedad popular se inicia donde la Escrituras no dicen nada. Y muchos Santos y místicos han reflexionado sobre este encuentro a través de los siglos.</p>
<p>Los franciscanos que llevaron el cristianismo a las Filipinas enseñaban que Jesús había aparecido a María antes que a ninguna otra persona. Juan de Caulibus, en sus “Meditaciones sobre la vida de Cristo” en el siglo 14, imaginaba a Jesús y a su madre cayéndose de rodillas cuando se encontraron:</p>
<p>“Entonces se levantaron con lágrimas de alegría, Ella lo abrazó, presionó su rostro al de Jesús, y lo abrazó fuertemente, cayendo en sus brazos mientras Él la sostenía con entusiasmo. Más tarde, cuando se sentaron juntos, Ella lo miraba llena de amor y detenimiento: su rostro, las heridas en sus manos y en todo su cuerpo… Su Madre se alegraba, “¡Bendito sea tu Padre, quien te ha devuelto a mí!”… Y así, conversaron largamente, llenos de alegría, guardando la Fiesta Pascual de una manera encantadora y cariñosa”.</p>
<p>¡Es hermoso reflexionar sobre la alegría que María debe haber sentido por tener a Su hijo de vuelta! Yo también me pregunto qué habrá sentido Jesús en ese momento.</p>
<p>Al abrazar a su Santísima Madre, ¿habrá recordado a la viuda con la que se encontró una vez en el pueblo de Naím (Lucas 7, 11-17)? ¿Habrá pensado que la situación de María era muy parecida a esa: que María también era una viuda llorando la muerte de su único hijo?</p>
<p>En Naím, Jesús tocó el ataúd del niño muerto, quien se incorporó y comenzó a hablar. El relato del Evangelio concluye: “Y Él se lo entregó a su madre”.</p>
<p>En aquella primera mañana de Pascua, Jesús estaba entregándose a sí mismo a Su Madre”.</p>
<p>¡Esta es la alegría de la Pascua! ¡Esta es la alegría de saber que Jesús nos va a “entregar” a todos lo que podemos haber sufrido y perdido en esta vida. Cristo ha resucitado y nosotros resucitaremos con Él!</p>
<p>La alegría de la Pascua viene del saber que el amor de Dios es más fuerte que la muerte. ¡Esta es la alegría de saber que Jesús está de nuestro lado! Que Él nos guiará por los valles oscuros para llegar a la luz de su amor y su paz.</p>
<p>Y la Pascua nos recuerda que la salvación cristiana es tanto universal como personal.</p>
<p>Jesús vino para salvar al mundo entero. Pero veamos bien cómo lo hizo. Él vino a este mundo en medio de la noche y desapercibido, como un pequeño bebe. De la misma manera, la resurrección ocurrió en medio de la noche -y de nuevo, no había nadie allí para verlo.</p>
<p>Los Evangelios no describen a la salvación en eventos transcendentales, o en abrumadores espectáculos de poder. El poder de Dios es el poder de la humildad.</p>
<p>Jesús vino a salvar el mundo, una persona a la vez.</p>
<p>Cuando reflexionamos sobre su ministerio, recordamos muchos dramas personales y familiares: la viuda de Naím; padres y madres cuyos hijos están enfermos y moribundos; hombres y mujeres que sufren con la pobreza, así como enfermedades del cuerpo y mente; María y Martha, dos hermanas cuyo hermano Lázaro ha muerto.</p>
<p>Nuestras vidas no son diferentes. Jesús también viene a traernos la salvación en la realidad de nuestra vida diaria &#8211; en medio de nuestras preocupaciones y sufrimientos; en nuestras luchas y contratiempos; en las pruebas que enfrentamos en nuestras vidas.</p>
<p>La promesa de la Pascua es que si creemos en Él, si confiamos en Su Palabra y permanecemos cerca de Él, Jesús limpiará toda lágrima. En su misericordia, Él sanará nuestra tristeza, nuestro miedo, y eliminará la incertidumbre sobre el futuro. Tengamos confianza en Él. En su resurrección, toda nuestra vida será resucitada.</p>
<p>Entonces, alegrémonos en esta Pascua con nuestras familias y amigos. Recemos los unos por los otros y vayamos a compartir con los demás la alegría de la Resurrección.</p>
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		<title>El rostro de la nueva esperanza de la Iglesia</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Mar 2013 15:58:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Benedicto XVI]]></category>
		<category><![CDATA[Benedicto XVI]]></category>
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		<description><![CDATA[Mientras escribo estas líneas, el Papa Francisco acaba de celebrar su Misa inaugural como líder espiritual de los más de mil millones de católicos del mundo. Esta ceremonia marca los últimos momentos de una Cuaresma histórica e inolvidable. Todo empezó dos días antes del Miércoles de Ceniza, cuando el Papa Benedicto XVI anunció su renuncia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras escribo estas líneas, el Papa Francisco acaba de celebrar su Misa inaugural como líder espiritual de los más de mil millones de católicos del mundo. Esta ceremonia marca los últimos momentos de una Cuaresma histórica e inolvidable.</p>
<p>Todo empezó dos días antes del Miércoles de Ceniza, cuando el Papa Benedicto XVI anunció su renuncia – la primera vez en más de 600 años en que un Papa lo hace.</p>
<p>Y estos eventos culminan ahora, casi al inicio de la Semana Santa, con la bienvenida a nuestro nuevo Papa, el primero no-europeo en casi 1.300 años y el primero venido de las Américas.</p>
<p>La elección del Cardenal Jorge Mario Bergoglio, S.J., de Argentina, es una señal de estos tiempos de cambio.</p>
<p>El centro de gravedad de la Iglesia católica ha estado cambiando por muchos años. Su crecimiento y energía creativa ya no vienen de Europa Occidental, sino de África, Asia y especialmente, América Latina.</p>
<p>El Beato Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI se referían a América Latina – donde está el 40 por ciento de los católicos del mundo – como “Continente de la Esperanza”.</p>
<p>El Papa Francisco es el rostro de la nueva esperanza de la Iglesia. Él es el primer Papa del Nuevo Mundo, su elección apunta a la vitalidad de la Iglesia en estos países y también al creciente perfil latino de la Iglesia en Estados Unidos.</p>
<p>Más de un tercio de los católicos en Estados Unidos son latinos – fruto del constante flujo de migración hacia el norte, de hombres y mujeres provenientes del “Continente de la Esperanza”.</p>
<p>La inmigración está cambiando el rostro de nuestra nación y de nuestra Iglesia. Los hispanos constituyen el 16 por ciento de la población del país y este porcentaje seguirá creciendo. Un cuarto de los estadounidenses menores de 17 años son hispanos. Lo mismo pasa en la Iglesia: los latinos representan más de la mitad de los católicos con menos de 25 años de edad.</p>
<p>Estos jóvenes latinos y sus familias tienen ahora un Papa cuyo idioma nativo es el mismo que el suyo; un Papa que entiende sus tradiciones y realidades culturales. Millones de inmigrantes pueden mirar a un Papa que conoce su experiencia, la de llegar a un nuevo país para empezar una vida nueva.</p>
<p>El Papa Francisco puede traer un importante mensaje para los debates sobre una reforma migratoria integral en los Estados Unidos.</p>
<p>Nuestro nuevo Papa es el hijo de un inmigrante. Esto también es nuevo para un Papa en los tiempos modernos. Su padre era un trabajador ferroviario que llegó a Argentina desde Italia buscando una vida mejor. ¡Qué hermosa historia! ¡El hijo de un inmigrante humilde que ha llegado a convertirse en el líder de todos los católicos del mundo!</p>
<p>El nombre que cada nuevo Papa elige representa en cierto modo la dirección que busca para la Iglesia.</p>
<p>Con su audaz elección de San Francisco de Asís, el Papa se ha identificado con el santo más conocido del cristianismo.</p>
<p>Para creyentes y no-creyentes, San Francisco representa el verdadero espíritu del Evangelio, con una vida de simplicidad material, servicio humilde a los pobres, amor por la creación, y una actitud anti-violencia y de perdón.</p>
<p>“Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”, dijo el Papa Francisco en sus primeros días.</p>
<p>Como católicos, podemos esperar del Papa Francisco un llamado renovado a responder a nuestro deber cristiano de servir a los más necesitados y a trabajar por la justicia y la dignidad de la persona humana.</p>
<p>La pobreza material sigue creciendo en nuestra sociedad. Todavía hay mucha diferencia entre los que no tienen lo suficiente para vivir y los que tienen mucho más de lo que necesitan. Pero también está creciendo la “pobreza espiritual”. La pobreza de la indiferencia a la religión, de vivir como si Dios no existiera o como si la vida no tuviera mayor significado.</p>
<p>Y para los estadounidenses, el nombre Francisco tiene una asociación más: sacerdotes misioneros y franciscanos inmigrantes fueron los primeros a traer el cristianismo a México, América Latina, y luego a nuestro país, especialmente a California.</p>
<p>El Beato Junípero Serra, el gran apóstol de California, era franciscano. Y la ciudad de Los Ángeles fue originalmente llamada El Pueblo de Nuestra Señora de los Ángeles, por el nombre de la capillita donde San Francisco fundó su Orden.</p>
<p>Este papado debe despertar en nuestra memoria las profundas raíces cristianas de este país y sus conexiones con las misiones de la Iglesia en México y América Latina.</p>
<p>El Papa Francisco sabe que las Américas necesitan una nueva evangelización, un nuevo encuentro con la persona de Jesucristo y con su Evangelio de amor y salvación. Él ayudó a redactar uno de los documentos estratégicos más importantes de la Iglesia en nuestros tiempos: el informe de la reunión de obispos latinoamericanos que se llevó a cabo en Aparecida en el 2007, donde se invitaba a una “misión continental”.</p>
<p>Tengamos una mirada que va más allá de los eventos históricos de esta Cuaresma y preparémonos para celebrar nuestra primera Pascua con el nuevo Papa, rezando los unos por los otros y por nuestro nuevo Santo Padre.</p>
<p>Y comprometámonos a realizar esta misión continental, a ser discípulos y misioneros de la nueva evangelización.</p>
<p>Pidamos la intercesión de Nuestra Señora de Guadalupe, la Madre de las Américas, y de San Francisco, para que podamos hacer de este nuevo momento de gracia en nuestra Iglesia, un tiempo de renovación espiritual en nuestras vidas, en la Iglesia y en la sociedad.</p>
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		<title>La fuerza del perdón</title>
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		<pubDate>Tue, 12 Mar 2013 15:45:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Santidad]]></category>
		<category><![CDATA[evangelización]]></category>
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		<description><![CDATA[Tenemos que aprender a perdonar más. Ese es uno de los mensajes que escuchamos en las lecturas del Evangelio mientras vamos llegando a la mitad de este tiempo santo de Cuaresma. En uno de los Evangelios de la semana, San Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces tiene que perdonar a alguien. Y Jesús le [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tenemos que aprender a perdonar más.</p>
<p>Ese es uno de los mensajes que escuchamos en las lecturas del Evangelio mientras vamos llegando a la mitad de este tiempo santo de Cuaresma.</p>
<p>En uno de los Evangelios de la semana, San Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces tiene que perdonar a alguien. Y Jesús le dice: “Setenta veces siete”. En otras palabras, siempre. Y el Evangelio de este domingo que viene es la parábola del Hijo Pródigo, una hermosa lección sobre la misericordia y el perdón de Dios.</p>
<p>Una lección que todos debemos ir profundizando cada vez más.</p>
<p>Todos los días le pedimos esta gracia a Dios en la oración que Jesús nos enseñó &#8211; Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.</p>
<p>Pero ¡qué difícil es vivir según estas palabras! Se nos hace demasiado fácil caer en juicios críticos de los demás.</p>
<p>Es cierto que podemos encontrar muchas cosas que merecen la crítica. Hay muchos pecadores y muchos escándalos e injusticias en nuestro mundo.</p>
<p>Esto también pasaba en el tiempo de Jesús. Pero Él vino a enseñarnos un modo diferente de vivir. Y se hace urgente en nuestros días que nos esforcemos más para vivir según Jesucristo.</p>
<p>Nuestra cultura se ha convertido en una cultura de reclamos y de cólera supuestamente justificada – en la que con mucha ligereza se condenan y se juzgan a los demás. Nuestra cultura se ha convertido en una cultura de ‘no-perdón’.</p>
<p>Tenemos que tener cuidado de no caer en esta trampa. Nuestra fe cristiana debería hacernos diferentes. Tenemos que tratar vivir realmente el perdón, la misericordia y la paz.</p>
<p>La misericordia y el perdón de Dios son el mensaje esencial del Evangelio. Jesús vino para “dar a su pueblo el conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados”, nos dice el Evangelio.</p>
<p>Jesús fue muy claro: la misericordia que buscamos de Dios debe ser la misericordia que tenemos hacia los demás.</p>
<p>En la nueva evangelización de esta cultura, estamos llamados a hacer de la misericordia y del perdón nuestro mensaje y nuestro testimonio al mundo.</p>
<p>El mundo está en busca de Jesucristo. Y cuando las personas van en búsqueda de Él, naturalmente van a volverse a aquellos de nosotros que decimos que lo conocemos, que decimos que creemos en Jesús y que vivimos de acuerdo a Su Palabra y Su ejemplo.</p>
<p>¿Qué encuentran cuando nos miran? ¿Ven a Jesús? ¿Encuentran un reflejo de la misericordia y del perdón de Dios?</p>
<p>La Cuaresma es un tiempo para que seamos honestos con nosotros mismos. Es fácil ver los defectos de los demás. Pero también es muy fácil olvidar como defraudamos a Dios tantas veces con nuestra falta de amor y con nuestras infidelidades.</p>
<p>En nuestra vida cristiana, estamos siempre esforzándonos para alcanzar a Jesús y la santidad a la que nos invita. Pero también sabemos que caemos una y otra vez.</p>
<p>Pero cada vez que caemos, somos perdonados. La misericordia de Dios siempre está ahí para acogernos. Sus juicios son bondadosos. Son los juicios de un Padre que nos ama.</p>
<p>¿Podemos decir lo mismo de nuestros propios juicios? ¿Sobre nuestros pensamientos y palabras hacia las personas que están en nuestra vida o en las noticias?</p>
<p>Vamos a acercar a más personas a Jesús a través de nuestra misericordia y perdón, que a través de nuestros juicios críticos – independientemente de cuánta razón tengamos o de que tan equivocada la otra persona esté.</p>
<p>Perdonar es hacer un acto de fe. Cuando perdonamos, no estamos olvidando o disculpando los pecados del pasado. Con nuestro perdón estamos diciendo que creemos que Dios es el único juez.</p>
<p>Nuestra tarea como cristianos es no juzgar. Jesús dijo: No juzguen y no serán juzgados. Él nos llama a perdonar al pecador y a reparar el daño causados por su pecado. Estamos llamados a llevar a los pecadores a Dios, a corregir los errores que han cometido y a sanar las heridas y divisiones que han causado.</p>
<p>Entonces, esta semana, a medida que continuamos orando por nuestra Iglesia y por nuestro nuevo Papa, pidamos la gracia de ser personas que verdaderamente vivan la misericordia y el perdón.</p>
<p>Tenemos que recordar que todos somos pecadores, y algunos de nosotros, peores que otros. Pero todos necesitamos de la misericordia de Dios. Esta es la belleza del Sacramento de la Reconciliación: es la escuela del amor de Dios, donde experimentamos su misericordia, la misma misericordia que Él quiere que tengamos hacia los demás.</p>
<p>Pidamos a nuestra Santísima Madre María, Madre de la Misericordia y Refugio de los Pecadores, que nos ayude a ser personas que vivan el perdón, que construyan una sociedad de amor misericordioso y de justicia.</p>
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		<title>La Iglesia no es obra nuestra</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Feb 2013 21:30:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evangelización]]></category>
		<category><![CDATA[Papa Benedicto XVI]]></category>
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		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>
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		<description><![CDATA[Estos días he estado rezando mucho sobre nuestra Iglesia y sus líderes. He estado pidiendo por el Cardenal Roger Mahony en estos días en que se prepara para ir a Roma a ejercer su deber sagrado como Cardenal Elector del nuevo Papa. También he estado orando por nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/02/ppbxvi2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-169" title="Benedicto XVI" src="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/02/ppbxvi2-300x204.jpg" alt="" width="300" height="204" /></a>Estos días he estado rezando mucho sobre nuestra Iglesia y sus líderes.</p>
<p>He estado pidiendo por el Cardenal Roger Mahony en estos días en que se prepara para ir a Roma a ejercer su deber sagrado como Cardenal Elector del nuevo Papa. También he estado orando por nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI en estos últimos días de su Pontificado.</p>
<p>Como ustedes saben, he tenido el privilegio de estar con el Papa varias veces en octubre del año pasado, cuando me invitó a participar en el Sínodo de Obispos sobre la Nueva Evangelización. Yo no sabía que esos días serían mi última oportunidad de concelebrar la Santa Eucaristía con él. Voy a atesorar esos momentos en mi corazón como una gracia muy especial.</p>
<p>En mi oración por la Iglesia y por el nuevo Papa, vuelvo una y otra vez a las meditaciones que el Papa Benedicto nos ofreció al iniciar el Sínodo.</p>
<p>Él nos recordó que la palabra “evangelizar” fue originalmente utilizada para describir mensajes sobre victorias, justicia, paz y salvación que enviaba el Emperador Romano.</p>
<p>Los escritores del Nuevo Testamento creían que Jesús era el verdadero “emperador” del mundo. Así que naturalmente llamaron el mensaje que vino a proclamar, evangelio o “buena nueva”.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI dijo que esta “buena nueva” -lo que significa y cómo la comunicamos- es el tema central de nuestros tiempos.</p>
<p>“Ya que el gran sufrimiento del hombre -entonces y ahora- es éste: detrás del silencio del universo, detrás de las nubes de la historia, ¿existe un Dios o no existe? Y si existe este Dios, ¿nos conoce, tiene algo que ver con nosotros? Este Dios es bueno, y la realidad del bien ¿tiene poder en el mundo o no? Esta pregunta es hoy tan actual como lo era en aquel tiempo”.</p>
<p>La misión de la Iglesia es responder a estas preguntas. Esa misión es aún más urgente en nuestros días porque se ha hecho más fácil para las personas vivir sin Dios, y más difícil en nuestra cultura escuchar con claridad el mensaje de Dios.</p>
<p>Este es el reto al que nos enfrentamos en todos los niveles de la Iglesia. Evangelizar quiere decir que tenemos que comunicar al mundo la buena nueva que Dios nos ha revelado en Jesucristo. Tenemos que hacer que el mundo sepa y entienda que en su Palabra podemos encontrar la salvación, la justicia y la paz.</p>
<p>Como el Papa Benedicto nos dijo: “Evangelio significa: Dios ha roto su silencio. Dios ha hablado. Dios existe. Este hecho en sí mismo es salvación: Dios nos conoce, Dios nos ama, Él ha entrado en la historia. Jesús es Su Palabra, Dios con nosotros, Dios mostrándonos que Él nos ama, que Él sufre con nosotros hasta la muerte y resucita de nuevo. Este es el Evangelio. Dios ha hablado, Él ya no es más el gran desconocido, sino que se ha mostrado a sí mismo, y esto es salvación”.</p>
<p>La única razón por la que la Iglesia existe es para evangelizar. Eso es importante recordar en este momento de transición. Es importante recordar que no se puede entender a la Iglesia en términos de poder, política o personalidades.</p>
<p>La Iglesia pertenece a Dios, no a ninguno de nosotros &#8211; ni siquiera al Papa. Eso significa que todos nosotros, independientemente de qué tan importante sean nuestros ministerios, necesitamos humildad y valentía. Tenemos que aceptar la gracia de abandonar nuestros propios planes y preferencias por el bien de la Iglesia y la misión del Evangelio.</p>
<p>Una vez más he encontrado respuesta en las sabias reflexiones del Santo Padre durante el Sínodo:</p>
<p>“La Iglesia no comienza con nuestro ‘hacer’, sino con el ‘hacer’ y ‘el hablar’ de Dios. De este modo, después de algunas asambleas, los Apóstoles no dijeron: ahora queremos crear una Iglesia… No, ellos rezaron y en oración esperaron, porque ellos sabían que sólo Dios mismo puede crear su Iglesia… Pentecostés es la condición del nacimiento de la Iglesia: sólo porque Dios había actuado antes, los Apóstoles pueden obrar con Él y con su presencia… Por ello, es siempre importante saber que la primera palabra, la iniciativa auténtica, la actividad verdadera viene de Dios y solamente si entramos con esta iniciativa divina, sólo si imploramos esta iniciativa divina, podremos también nosotros llegar a ser -con Él y en Él- evangelizadores”.</p>
<p>Entonces, esta semana, oremos los unos por los otros. Y juntos, esperemos como los Apóstoles. Recemos a la espera de que el Espíritu Santo nos conceda un nuevo Papa.</p>
<p>Y pidamos a Nuestra Madre Santísima, quien estuvo presente en aquel primer Pentecostés, que inflame nuestros corazones para que nuestro amor por la Iglesia crezca y para que podamos llegar a ser los nuevos evangelizadores que su Hijo nos invita a ser.</p>
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		<title>Maestro de la Fe</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Feb 2013 15:51:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Mons. José H. Gómez</dc:creator>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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		<description><![CDATA[Fue una gran sorpresa para mí, como estoy seguro para todos ustedes también, escuchar la noticia de que el Papa se retirará de su cargo a finales de este mes. El Papa Benedicto XVI ha sido un verdadero Santo Padre para la familia de Dios, su Iglesia católica. La decisión de presentar su renuncia es [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/02/ppbxvirenuncia.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-161" title="Benedicto XVI" src="http://www.aciprensa.com/josegomez/wp-content/uploads/2013/02/ppbxvirenuncia-300x204.jpg" alt="" width="300" height="204" /></a>Fue una gran sorpresa para mí, como estoy seguro para todos ustedes también, escuchar la noticia de que el Papa se retirará de su cargo a finales de este mes.</p>
<p>El Papa Benedicto XVI ha sido un verdadero Santo Padre para la familia de Dios, su Iglesia católica. La decisión de presentar su renuncia es un hermoso acto de humildad y amor por la Iglesia, virtudes de un verdadero discípulo de Cristo.</p>
<p>Es el acto de un santo.</p>
<p>Es un acto de alguien que no piensa solo en sí mismo, sino en la voluntad de Dios y en el bien de su pueblo. Que todos podamos alcanzar la gracia de ser así de humildes y entregados en nuestros ministerios y responsabilidades diarias.</p>
<p>Dos veces recibí el Palio Arzobispal de sus manos, primero como Arzobispo de San Antonio y después como Arzobispo de Los Ángeles y por siempre le estaré agradecido por haberme escogido para ser Arzobispo de Los Ángeles.</p>
<p>Personalmente, siempre he tenido un afecto especial por el Papa Benedicto. Él es una persona muy especial. Tuve el honor de estar cerca de él durante más de un mes, en octubre del año pasado, durante el Sínodo de Obispos. Me quedé sorprendido, como tantas otras veces, por su alegría, su oración y su inteligencia.</p>
<p>En mi opinión, el Papa Benedicto es una de las personas más sabias en el mundo de hoy. Todos los días trato de aprender de sus palabras y ejemplos.Sólo el hecho de ver el testimonio de su ministerio, leer sus escritos, son hermosas lecciones para cada uno de nosotros, de cómo ser discípulos de Jesucristo.</p>
<p>En sus discursos, homilías y escritos, vemos que este Papa entiende el mundo de una manera muy profunda &#8211; desde la economía, la política y los asuntos mundiales, hasta los problemas espirituales y morales que cada individuo enfrenta.</p>
<p>El Papa Benedicto será recordado como uno de los grandes maestros de la fe en la Iglesia.</p>
<p>Durante sus ocho cortos años como Papa, él ha escrito Jesús de Nazaret, una importante obra en tres volúmenes sobre cómo leer los Evangelios para encontrar el verdadero rostro de Cristo. Posiblemente esta sea una de las obras más importantes de la teología bíblica de nuestro tiempo.</p>
<p>Él ha escrito cartas encíclicas sobre las virtudes del amor, la esperanza, así como otras obras importantes sobre la Palabra de Dios y la Eucaristía. En sus audiencias públicas semanales, el Papa ha dado una serie de catequesis sobre los apóstoles y las enseñanzas de San Pablo; sobre los Padres y Doctores de la Iglesia; sobre los teólogos y fundadores religiosos y reformadores de la Iglesia medieval, y también sobre la enseñanza y el testimonio de oración que se encuentra en el Antiguo y en el Nuevo Testamentos.</p>
<p>Podemos reflexionar sobre el legado del Papa y celebrarlo mientras nos preparamos para nuestro Congreso de Educación Religiosa anual, que se celebrará la próxima semana, del 21 al 24 de febrero, en el Centro de Convenciones de Anaheim (www.recongress.org).</p>
<p>La educación en la fe es la primera prioridad pastoral para la Arquidiócesis. Para vivir verdaderamente nuestra fe, tenemos que saber en qué creemos y por qué lo creemos.</p>
<p>Me preocupa un cierto “catolicismo cultural”. Me preocupa que las personas vayan a la iglesia los domingos, sin entender realmente por qué van o qué están haciendo. Me preocupa que las personas no entiendan de verdad la relación entre lo que creemos y cómo debemos vivir.</p>
<p>¡Nuestra fe es hermosa! Hay riquezas en nuestra fe católica que abarcan toda la vida &#8211; desde nuestras conversaciones privadas con Dios en la oración, hasta nuestra participación en la sociedad.</p>
<p>Para mí, educación en la fe no significa conocimiento por el conocimiento en sí mismo.</p>
<p>La educación en la fe significa conocer a Jesucristo que viene como dice el Evangelio, “dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios” (Lucas 1, 77-78).</p>
<p>Nuestra fe debe hacer toda la diferencia en nuestras vidas. Y ese debe ser el objetivo de toda catequesis y educación religiosa: cambiar las vidas de las personas, poniéndolas en contacto con el amor de Jesucristo y la verdad de su Evangelio.</p>
<p>La catequesis y educación religiosa que ofrecemos deberían inspirar una práctica más intensa de la fe. Deberían inspirar a las personas a querer conocer mejor su fe, para que puedan vivirla más plenamente, con más amor y devoción.</p>
<p>Entonces, pidamos la bendición de Dios por nuestro Congreso de Educación Religiosa y por todos aquellos que son maestros de la fe. Y oremos unos por otros esta semana, así como por nuestra Iglesia universal.</p>
<p>Elevemos nuestra gratitud a Dios el día de hoy, por el amor y el testimonio del Papa Benedicto XVI. Confiémoslo a la protección de nuestra Santísima Madre María, y recemos para que siga lleno de paz y alegría, y que tenga muchos años más de oración y reflexión.</p>
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