Jornada
Mundial de la Juventud: De Toronto a Colonia
Una
espiritualidad en movimiento
Los
resultados de una investigación
sobre los participantes italianos
en las Jornadas Mundiales de la Juventud en Roma y Toronto
Roma, 10-13
de abril 2003
Don Paolo
Giulietti
Responsable del Servicio de Pastoral Juvenil
Conferencia Episcopal Italiana
1. Presentación de la investigación
La decisión de efectuar una investigación
sobre los jóvenes italianos que participaron en las JMJ nació el día después
del grande encuentro de Tor Vergata, en el seno del Comité organizador. Ante
todo se nos preguntó en qué medida tantos participantes fueran representativos
en cuanto a la totalidad de los jóvenes; en segundo lugar se nos interrogó
sobre cuáles habían sido las repercusiones de la experiencia romana en la
vida diaria. Objetivo principal: especificar vías para una mejor integración
del evento en el camino ordinario de la pastoral juvenil. La extensión de
la encuesta a los participantes de la JMJ 2002 ha sido deseo de la Conferencia
Episcopal Italiana para dar un alcance diacrónico a los resultados relativos
a Roma 2000.
Las dos partes del trabajo se han
llevado a cabo de manera diferente. De vuelta a casa, nos pusimos en contacto
con los jóvenes que habían participado en Tor Vergata; los entrevistamos según
una modalidad más articulada:
1. Cuestionario con respuesta cerrada;
2. Entrevista semiestructurada;
3. Focus groups (de jóvenes y de
responsables)[1].
Se ha tratado claramente de un
trabajo largo, desarrollado 'al frío', del verano de 2001 al invierno de 2002.
Los jóvenes de Toronto, en cambio, fueron entrevistados en Canadá, inmediatamente
en los días que siguieron a la conclusión del evento, por medio de un cuestionario
de respuesta cerrada[2].
Los resultados de la investigación
fueron publicados en un libro y 'comentados' en un vídeo, que, lamentablemente,
sólo están a disposición en lengua italiana[3].
2. La JMJ: un evento ya 'ordinario'
Ciertamente no es posible exponer
la investigación en tan poco tiempo ni tampoco evaluar sus interesantes resultados.
Además, me doy cuenta de que los jóvenes italianos no son representativos
para los más de 140 países que participan en las JMJ; he intentado eliminar
los elementos más ligados a nuestro contexto cultural y eclesial, para destacar
aquello que me parecía más útil compartir con ustedes. Anticipadamente pido
disculpas si no he logrado mi objetivo.
En esta intervención intentaré
destacar algunas conclusiones interesantes para una posible implicación pastoral.
Será una lectura un poco parcial y muy 'interesada', pero creo no disgustar
al Profesor Garelli, que al rigor científico une el interés por la educación
de los jóvenes en la fe.
Para comenzar hagamos una consideración:
las Jornadas Mundiales ya no pueden ser consideradas como eventos 'extraordinarios'.
De ser así, los datos y las consideraciones que escucharemos atañerían un
argumento de escasa importancia, quizás imponente desde el punto de vista
mediático, pero escasamente influyente para la acción pastoral. ¿Qué representan,
entonces, los 20.000 jóvenes de Toronto frente a los casi 12 millones de adolescentes
y jóvenes italianos?[4])Qué significa una semana de acontecimientos frente
a los ciento y más que se realizarán en el futuro? En esta investigación sucedería
aquello que se constata en ciertas encuestas que se ocupan de aspectos tan
específicos como el mundo juvenil: serían útiles para hacerse una idea de
algunas tendencias, pero ninguno de nosotros osaría imponerles los propios
métodos del trabajo con los jóvenes.
Para las JMJ, la situación es,
por el contrario, tan diferente: éstas se han convertido en verdaderas y auténticas
etapas establecidas en el camino que la Iglesia propone a los jóvenes. En
Italia nos hemos dado cuenta de ello no sólo por la masiva participación en
Roma 2000, sino también por el fenómeno (hasta ahora inédito) de los miles
de jóvenes que el pasado verano se reunieron en diferentes localidades para
vivir a distancia 'su' JMJ virtual, no menos significativa de aquélla que
se realizó con el Papa en el Downsview-Park. Ni qué decir de aquellos 8.000
accesos diarios a la sección "Toronto live" en la página web www.gmg2002.it.
Resumiendo, los jóvenes italianos muestran que la JMJ no es opcional, pero
sí un momento fundamental en su camino cristiano.
Es precisamente este el primer
dato significativo que ha destacado la investigación: la Jornada Mundial acoge
necesidades y exigencias para nada marginales o secundarias, que no corresponden
a una tipología de joven 'diverso' a todos los demás. De hecho, los participantes
en los encuentros mundiales, aunque representen el "grupo por excelencia"
del mundo católico[5], manifiestan el rasgo típico de la cultura juvenil de
hoy y constituyen una realidad en absoluto homogénea.
Conocer a los participantes de
Roma y Toronto es, por lo tanto, la llave para comprender cómo está cambiando
la demanda religiosa de los jóvenes, para así lanzar una mirada a aquella
"galaxia en movimiento" que es la religiosidad juvenil al inicio
del tercer milenio. Es este el argumento de máximo interés, sea para establecer
una correcta "pastoral de la JMJ", sea para calibrar las propuestas
de la comunidad cristiana en relación al mundo de los jóvenes. Sobre el modelo
de estas dos dimensiones quisiera delinear mi breve intervención.
3. Los jóvenes de la JMJ
La investigación dedica particular
atención a la sensibilidad religiosa de los jóvenes que participaron en Roma
y Toronto. El título del libro expresa la conciencia que la característica
de fondo de la religiosidad juvenil, tal como se manifiesta en los jóvenes
en las JMJ, se pueda aproximar al modelo "del buscador y del peregrino,
de aquel que está en camino y que por ello nunca puede decir de haber alcanzado
la meta; que tiende a considerar cada experiencia como una etapa del propio
itinerario de la fe. La elección de esta figura es emblemática de una religiosidad
en movimiento, que hace de la movilidad exterior el reflejo de aquélla interior.
Están en búsqueda de nuevas experiencias religiosas que son ocasiones para
enriquecer la propia vivencia de la fe [...]. Los jóvenes admiten también
la fragilidad de su fe, que interpretan más como un proceso y un dinamismo
que una conquista ya realizada"[6].
Dentro de esta sensibilidad, la
investigación constata cuatro 'estilos' de religiosidad: 'fidelísimos', 'buscadores',
'regulares', 'en stand-by'. No me puedo detener para describirlos; éstos desmienten
la idea de una sustancial homogeneidad de participantes en la JMJ en favor
de una visión más articulada que interpela seriamente la pastoral juvenil.
Baste pensar que el último de los 'estilos' identificados - que representa,
por así decir, una sexta parte del total - se caracteriza por una sensible
disgregación respecto a los aspectos calificativos de una religiosidad activa[7].
4. Una "pastoral ordinaria"
de las JMJ
Desde sus orígenes, las JMJ han
buscado una relación con la "pastoral ordinaria"[8]: aquéllas nacieron,
en efecto, con el intento declarado de revitalizar la relación entre la Iglesia
y el mundo juvenil en tiempos y en los espacios de cada día[9]. A través de
estos diecisiete años tal finalidad ha sido modificada y 'refinada', pero
resulta todavía perceptible desde diferentes puntos de vista:
a) la tensión misionera frente
al país y a la ciudad que acogen, los cuales cuentan con el evento para volver
a lanzar la propia pastoral juvenil;
b) el esmero en tomar, al discutir
los temas, los desafíos de la actualidad, para introducir en la pastoral ordinaria
intuiciones y contenidos nuevos;
c) la propuesta de modalidades
lingüísticas nuevas - pero válidas más allá del evento - para comunicarse
con el mundo juvenil.
Seguramente la Jornada no está
exenta de límites, pero no parece lícito atribuir tales problemáticas a la
dificultad de poner la JMJ en el contexto de la pastoral juvenil. Me parece,
en cambio, que sea necesario un fundamental salto de calidad: considerar la
Jornada con la misma mentalidad proyectiva con la que se afrontan las experiencias
educativas. Para que esto pueda suceder, la investigación destaca la necesidad
de algunas consideraciones:
1. La situación con respecto a
la preparación y a la motivación es bastante variable: por ello es importante
'seleccionar' e incentivar a los participantes en base a una proyección para
el después, mediante un serio camino de preparación, que aumente las exigencias.
2. La investigación ha subrayado
también que los jóvenes saben apreciar las dimensiones centrales del evento
(espiritual y formativa), pero también ha detectado una cantidad de personas
que tienen dificultad en vivirlas bien: ahora es fundamental proponer un aprovechamiento
inteligente y encauzado (en base al proyecto expuesto) de todas las oportunidades
que ofrece la JMJ.
3. La investigación, por último,
destaca que casi una mitad de los participantes manifiesta una relación escasamente
significativa con la fe y con la Iglesia: resulta ahora importante estimular
una participación marcadamente misionera, también por medio de la preparación
de iniciativas apropiadas a desarrollarse en el mismo lugar, para que cada
uno pueda sentirse acogido y la fe sea fortalecida por medio de un testimonio
gozoso.
Más allá de otras observaciones
similares, es difícil imaginar que la JMJ pueda tener consecuencias de relieve
en la "pastoral ordinaria".
5. Una pastoral juvenil a la altura
de la JMJ
La JMJ constituye sin duda una
experiencia de pastoral juvenil en extremo positiva. La investigación destaca
que los jóvenes de la JMJ "constituyen 'la franja por excelencia' del
universo juvenil católico, [...] y aún emergen algunos elementos de diferenciación
interna"[10], los cuales muestran que la eficacia del evento no puede
atribuirse a la naturaleza elitista de la porción del mundo a la que se dirige.
Las Jornadas Mundiales exigen por eso una "pastoral ordinaria".
Según algunos de los entrevistados,
dado que no es posible reproducirlas a nivel local, las JMJ suscitan entusiasmo
y energía que amenazan con agotarse en el contacto con la vida y la Iglesia
del día a día. Al lado de tantos jóvenes que en Toronto y Roma han crecido
en la fe, son numerosos los jóvenes y las jóvenes para los cuales la JMJ ha
sido una buena ocasión, pero que ha tenido efectos efímeros, con la consiguiente
frustración en los responsables diocesanos o parroquiales. Y también es frecuente
acoger las amargas constataciones de aquel que esperaba que, sobre todo después
de la JMJ de Roma, se diera un salto de calidad en la propia pastoral juvenil,
y que después sólo ha cosechado tedio.
La cuestión es seria, y no se soluciona
ni con adhesiones ausentes de crítica o intentos de imitación, ni con el rechazo
neto de toda contaminación. Es necesario interrogarse sobre dinámicas positivas
que la JMJ es capaz de producir y sobre las decisiones en el actuar para traducirlas
en la vida diaria.
Desde este punto de vista la investigación
nos ayuda a identificar las "reacciones" positivas que la Jornada
despierta en los jóvenes:
frente a una actitud crítica y
selectiva con respecto a la adhesión cristiana, lo vivido en la JMJ nos lleva
a un juicio positivo con respecto a la comunidad cristiana, en la cual se
percibe la cercanía y la atención a las necesidades y al lenguaje de los jóvenes
(atención encarnada en el Papa, pero también en los sacerdotes y - en menor
medida - en los obispos);
frente a un camino pobre de "memoria
religiosa", las Jornadas se convierten en auténticos hitos en los que
anclar la propia vivencia cristiana;
frente a la sensación de aislamiento
y marginación vinculados a la vida cotidiana, la JMJ fomenta la alegría de
compartir con un gran número de jóvenes las experiencias y los contenidos
de la vida a partir de la fe, en una ciudad acogedora y 'simpática' (en sentido
etimológico);
frente a la tentación de una espiritualidad
hecha a la propia medida e intimista, la Jornada vuelve a proponer con fuerza
la importancia de la Palabra de Dios y despierta la necesidad de formación
en relación a los contenidos de la fe;
frente al riesgo de un misionar
débil, en el contexto del pluralismo y del irenismo en el cual muchos jóvenes
están inmersos, la JMJ despierta la exigencia de la misión, dentro y fuera
de los confines de la comunidad cristiana.
Brevemente, parece que la Jornada,
sin negar las dimensiones de fondo de la sensibilidad religiosa del mundo
juvenil, confiere preciosos estímulos y correctivos para realizar una integración
satisfactoria entre fe y vida.
Aquí surge el problema de cómo
la "pastoral juvenil ordinaria" pueda recibir el carácter positivo
de la JMJ. Al respecto se podrían decir muchas cosas. Pero me limito a sugerir
tres pistas.
La primera pista es la implicación
de toda la comunidad cristiana: la Jornada canadiense ha catalizado, quizás
más que la romana[11], en torno a los jóvenes la atención de la Iglesia de
procedencia, de las comunidades locales del país acogedor (en las ciudades
hermanadas), de las parroquias, familias, asociaciones e instituciones en
Toronto. Los jóvenes entrevistados han sentido fuertemente la implicación
de las parroquias, la atención del Papa y la cercanía de las demás figuras
de la Iglesia. Han podido experimentar que son aquella "prioridad pastoral"
que demasiadas veces, por desgracia, se queda sólo en una enunciación.
Creo que esta amplitud de inversión,
que manifiesta una consideración tan positiva del mundo juvenil, sea el primer
estímulo del que debamos apropiarnos en vista de la continuidad. Cuando la
pastoral juvenil se convierte en prioridad real de la comunidad cristiana,
cuando los adultos (familias, sacerdotes, obispos...) están con dedicación
cercanos a los jóvenes y tienen confianza en ellos, éstos responden con entusiasmo.
Se trata de caminar sobre este camino en cada diócesis y parroquia, superando
la mentalidad de delegar y de superficialidad, para convertir a las nuevas
generaciones en protagonistas. A menudo la caída del entusiasmo y el abandono
después del regreso tienen su origen en el hecho de encontrar en la propia
casa las puertas cerradas que en otro lugar habían encontradas abiertas de
par en par.
Una segunda pista, complementaria
a la primera, está en relación a la multiplicidad de lenguajes que la JMJ
utiliza para llegar al corazón de los jóvenes. Toronto ha continuado en el
desarrollo de esta "multiplicidad de los medios de comunicación":
pensemos en el Vía crucis transmitido por televisión; pensemos, finalmente,
en la propuesta de los diferentes encuentros interpersonales (esta edición
se ha caracterizado por la novedad del servicio a los pobres)... La riqueza
de formas de comunicación se adapta a la variedad de los participantes, y
ofrece a cada uno la posibilidad de encontrar al propio nivel la respuesta
cristiana. En la JMJ nadie se siente excluido[12].
La investigación nos indica, en
resumen, que la pastoral juvenil no puede hacer otra cosa que seguir el mismo
camino. En la sociedad compleja es necesario aprender a comunicarse a través
de diversos canales y mediante diferentes lenguajes, haciendo de ellos un
uso consciente que esté orientado a la evangelización. Ya no se puede aplazar
la adquisición de conocimientos en la comunicación. No podemos renunciar a
una propuesta pastoral que conozca caminos, estilos, modalidades de asociación
y lenguajes, a veces tan diversificados, aunque debamos colocarla en el marco
de un proyecto unitario.
Una última pista hace referencia
a la exigencia de presentar un cristianismo de grandes horizontes y de grandes
medidas. Toronto, más que otras, ha sido una jornada "mundial":
ha reunido a jóvenes de 180 países en la ciudad más multiétnica del globo,
en un momento crítico de la historia de la humanidad. La JMJ canadiense, además,
se ha colocado conscientemente en el período post-jubilar, haciéndo suya el
reclamo de una pastoral en vista a la santidad y respondiendo a la grande
necesidad de espiritualidad y de formación[13]. Toronto 2002, además, ha conjugado
estas dos dimensiones, cuando el Papa ha llamado a los jóvenes a ser los "nuevos
constructores" de la civilización del amor: es decir, a ser santos precisamente
en vista de un proyecto global de renovación de la sociedad.
No es difícil comprender cuánto
todo esto está en consonancia con el corazón de los jóvenes, a menudo aplanado
por proyectos de baja índole, por aquella clase de "falta de oxígeno"
que es uno de los resultados de la crisis de las ideologías. Pero no es difícil
intuir el riesgo de detenerse en enunciados de un principio o en exaltaciones
momentáneas, si uno no se esfuerza en indicar caminos practicables en el día
a día, que unan el carácter gradual y la eficacia. En este sentido el "pensar
globalmente y el actuar localmente" es una lógica obligada, mutatis mutandis,
sea por lo que se refiere al camino de santidad o a la grande temática social,
cultural y económica.
Desde este punto de vista, Toronto
ha ofrecido algunas buenas iniciativas (sobre todo - me parece - la oferta
de relaciones, como posibilidad de conocer la naturaleza de los problemas
y los compañeros en el camino[14]), pero los tiros van claramente hacia la
"pastoral ordinaria". Ser "mundial" y "altos"
en nuestras propuestas cotidianas es un gran desafío; la puesta en juego es
el surgir de aquella generación de "nuevos constructores" que tanto
necesitamos.
6. Conclusión
En su camino de casi veinte años,
las JMJ han crecido, modificándose y enriqueciéndose, hasta convertirse en
un instrumento pastoral muy eficaz, por su capacidad de tomar e interpretar
los cambios de un mundo juvenil en perenne evolución. En este sentido, éstas
han sido muy importantes para la pastoral juvenil, porque han indicado importantes
rumbos y consideraciones a los que dar seguimiento. Por otro lado, la riqueza
del camino de las Iglesias locales y de las asociaciones laicales ha dado
una valiosa contribución a las Jornadas.
Espero que esta exposición, a pesar
de los límites enunciados al inicio, pueda contribuir a esta positiva osmosis.
[1] La investigación ha
incluido 600 jóvenes de las regiones de Piamonte, Lombardía y Pulla; se han
realizado 40 entrevistas semiestructuradas y 13 focus groups (5 de jóvenes
y 8 de responsables).
[2] Se han entregado 1.800 cuestionarios,
muy parecidos a aquéllos usados con los participantes de la JMJ de Roma (completados
con referencias de la JMJ precedente y con elementos peculiares de la experiencia
canadiense).
[3] El libro: F. Garelli - R. Ferrero
Camoletto (editores), Una spiritualità in movimento. Le Giornate Mondiali
della Gioventù, da Roma a Toronto, Ediciones Messaggero, Padua 2003. El videocassette:
A. Belluco (reg.), Giovani e fede oggi. Spiritualità in movimento, Audiovideo
Messaggero, Padua 2003.
[4] Fuente: ISTAT, Popolazione
e statistiche demografiche. Página web oficial www.istat.it.
[5] Los jóvenes italianos que participan
en las JMJ son principalmente exponentes del asociacionismo de base, es decir,
de grupos ligados a las Iglesias locales (cfr. pp. 255-256).
[6] Pp. 256-257
[7] Cfr. pp. 233-237.
[8] Utilizo la expresión con un
poco de reserva, por un cierto uso restrictivo e intencional que se le está
haciendo, aplicado a la identificación de aquello que llaman "extraordinario"
a lo excedente o superfluo y, por lo tanto, inútil y dañino.
[9] "La Jornada Mundial de
la Juventud constituye la jornada de la Iglesia para los jóvenes y con los
jóvenes. Su propuesta no se pone como alternativa de la pastoral juvenil tal
como se desarrolla de forma ordinaria, a menudo con gran sacrificio y abnegación.
Quiere, más bien, afianzarla, ofreciéndole nuevos estímulos de compromiso,
metas cada vez más compartidas y participadas. Orientada a suscitar mayor
fervor en la acción apostólica entre los jóvenes, ciertamente no quiere aislarlos
del resto de la comunidad, sino convertirlos en protagonistas de un apostolado
que contagie a las personas de otras edades y situaciones de vida en el ámbito
de la 'nueva evangelización'" (Juan Pablo II, Mensaje al Cardenal Eduardo
Pironio con ocasión de un seminario celebrado en Czestochowa del 13 al 16
de mayo, 8 de mayo de 1996, n1 3, O.R. N1 23 - 7 de junio de 1996).
[10] pp. 224-225.
[11] Cfr. p. 186.
[12] Sobre el estilo de comunicación
de la JMJ de Toronto cfr. p. 180.
[13] "Los jóvenes de Toronto,
en síntesis, han confirmado la validez del evento de la JMJ, pero parece que
le han dado una interpretación más personal y reflexiva, subrayando en gran
medida la dimensión espiritual respecto a la de un encuentro humano"
(p. 170). Cfr. también pp. 189-190.
[14] "El impacto con el Canadá
no se ha limitado a un viaje turístico [...], pero se ha articulado en muchas
observaciones y descubrimientos de un ambiente caracterizado por una particularidad
social y cultural. [...] El joven está inmerso en la búsqueda no sólo de emociones
y de nuevas experiencias, pero también está deseoso de encuentros vitales
y de un enriquecimiento humano" (p. 176).
FUENTE: vatican.va