Semana III del Tiempo de Cuaresma
EL FARISEO Y EL PUBLICANO
9. Para algunos, los que estaban persuadidos en sí mismos de su propia justicia, y que tenían en nada a los demás, dijo también esta parábola:
10. "Dos hombres subieron al Templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano.
11. El fariseo, erguido, oraba en su corazón de esta manera: "Oh Dios, te doy gracias de que no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, ni como el publicano ése.
12. Ayuno dos veces en la semana y doy el diezmo de todo cuanto poseo".
13. El publicano, por su parte, quedándose a la distancia, no osaba ni aún levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "Oh Dios, compadécete de mí, el pecador".
14. Os digo: éste bajó a su casa justificado, mas no el otro; porque el que se eleva, será abajado; y el que se abaja, será elevado".
COMENTARIO
9 ss. Su propia justicia: Véase Mat. 6, 33 y nota. Para los oyentes el fariseo era modelo de devoción; el publicano, de maldad. Dios mira si halla en el corazón la buena intención, la humildad, el arrepentimiento. Por lo cual el publicano arrepentido fue perdonado, y el fariseo, en cambio, agregó a sus pecados uno nuevo, el de la soberbia, que se atribuye a sí misma el mérito de las buenas obras y se cree mejor que el prójimo. Cf. 17, 10.
14. Bajó justificado: Aquí como en 7, 47 y en 15, 20, enseña Jesús el inmenso valor de la contrición perfecta. Cf. S. 50 y notas.









