Evangelio del día
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Evangelio según San Marcos, capítulo 13, versículos del 24 al 32
15 de Noviembre de 2009

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario


24. "Pero en aquellos días, después de la tribulación aquella, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor,
25. y los astros estarán cayendo del cielo, y las fuerzas que hay en los cielos serán sacudidas.
26. Entonces, verán al Hijo del hombre viniendo en las nubes con gran poder y gloria.
27. Y entonces enviará a los ángeles, y congregará a sus elegidos de los cuatro vientos, desde la extremidad de la tierra hasta la extremidad del cielo".

APRENDED DE LA HIGUERA.

28. "De la higuera aprended la semejanza: cuando ya sus ramas se ponen tiernas, y brotan las hojas, conocéis que el verano está cerca;
29. así también, cuando veáis suceder todo esto, sabed que (Él) está cerca, a las puertas.
30. En verdad, os digo, la generación ésta no pasará sin que todas estas cosas se hayan efectuado.
31. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".

¡VELAD!

32. "Mas en cuanto al día y la hora, nadie sabe, ni los mismos ángeles del cielo, ni el Hijo, sino el Padre.



COMENTARIO

24. Véase Is, 13, 10; Ez. 32, 7; Joel.. 2, 10.

27. Entonces... congregará, es decir, que el arrebato que anuncia S. Pablo en I Tes. 4, 15 ss. será al tiempo mismo de la Parusía, esto es cuando aparezca el Señor (v. 26), como lo dice el Apóstol. Así Marcos explica aquí que seremos llevados desde la extremidad de la tierra hasta el sumo cielo. Lo mismo dice Mat. 24, 31. Se trata de los elegidos, ya vivos transformados, ya resucitados de entre los muertos. Cf. I Cor. 15, 51 ss. texto griego.

30. Véase Mat. 24, 34 y nota; cf. Luc. 21, 32.

32. Ni el Hijo, sino el Padre: Una de las más sorprendentes palabras del Evangelio que nos podría hacer dudar de la divinidad de Jesucristo, si no tuviésemos de su misma boca el testimonio de que Él es igual al Padre. Cf. Juan 10, 30: "Mi Padre y Yo somos Uno", y muchos otros pasajes (Mat. 28, 18; Juan 5, 17; 6, 58; 14, 10; 16, 15; 17, 10, etc.). "La aparente contradicción se explica y justifica con la alteza del misterio que es preciso aceptar a menos que renunciemos a toda certeza. El Hijo todo lo recibe de su Padre, y el Padre todo lo da... pero a manera de comunicación continua, perpetua y constante, por la cual el Padre está en el Hijo, y en el Hijo ejecuta Él mismo sus obras, de modo que quienquiera que vea al Hijo y le conozca, ve al Padre y conoce al Padre con un conocimiento que es la vida eterna" (Breton, La Trinidad, pág. 33). Lo mismo expresan las clásicas palabras de S. Hilario: "El Padre no es mayor que el Hijo, en poder, eternidad y grandeza, sino en razón de que es principio del Hijo, a quien da la vida". Cf. Mat. 24, 36; Juan 14, 28; Hech. 1, 7; I Cor. 15, 28 y notas. Los teólogos suelen distinguir entre la ciencia de Cristo como Dios y como Hombre.

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