Evangelio del día
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Evangelio según San Lucas, capítulo 11, versículos del 5 al 13
8 de Octubre de 2009

Semana XXVII del Tiempo Ordinario

PARABOLA DEL AMIGO INOPORTUNO.

5. Y les dijo: "Quien de vosotros, teniendo un amigo, si va (éste) a buscarlo a medianoche y le dice: "Amigo, necesito tres panes,
6. porque un amigo me ha llegado de viaje, y no tengo nada que ofrecerle",
7. y si él mismo le responde de adentro: "No me incomodes, ahora mi puerta está cerrada y mis hijos están como yo en cama, no puedo levantarme para darte",
8. os digo, que si no se levanta para darle por ser su amigo, al menos a causa de su pertinacia, se levantará para darle todo lo que le hace falta.
9. Yo os digo: "Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, golpead y se os abrirá".
10. Porque todo el que pide obtiene, el que busca halla, al que golpea se le abre.
11. ¿Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿Si pide pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente?
12. ¿O si pide un huevo, le dará un escorpión?
13. Si pues vosotros, aunque malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¡cuánto más el Padre dará desde el cielo el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!".



COMENTARIO

5. Hemos fijado el verdadero sentido de esta compleja construcción semítica: el amigo importuno no es, en la parábola, uno de los oyentes de Jesús, que va a pedir a otro amigo, sino que es este otro quien viene a importunarlo a él. Jesús usa muchas veces esa fórmula: ¿Quién de vosotros no haría tal cosa?, lo cual es muy elocuente para que cada oyente se ponga en el caso y se examine en su corazón.

9. Véase el envidiable ejemplo de la cananea (Marc. 7, 28) en su fe que cree aún contra toda apariencia (Rom. 4, 18 ss.).

13. Dará el Espíritu Santo: Admirable revelación, que contiene todo el secreto de la vida espiritual. La diferencia entre nuestra actitud frente a Dios, y la que tenemos frente a todo legislador y juez, consiste en que a este último, o le obedecemos directamente, o incurrimos en el castigo, el cual no se perdona aunque nos arrepintamos. Con Dios, en cambio, no sólo sabemos que perdona al que se arrepiente de corazón, sino que podemos también decirle esta cosa asombrosa: "Padre, no soy capaz de cumplir tu Ley, porque soy malo, pero dame Tú mismo el buen espíritu, tu propio Espíritu, que Jesús nos prometió en tu nombre, y entonces no sólo te obedeceré, sino que el hacerlo me será fácil y alegre". Tal oración, propia de la fe viva y de la infancia espiritual, es la que más glorifica al divino Padre, porque le da ocasión de desplegar misericordia; y su eficacia es infalible, pues que se funda en la promesa hecha aquí por Jesús.

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