Evangelio del día
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Evangelio según San Marcos, capítulo 9, versículos del 14 al 29
23 de Febrero de 2009

Semana VII del Tiempo Ordinario

EL NIÑO ENDEMONIADO.

14. Llegaron, entretanto, a los discípulos y vieron un gran gentío que los rodeaba, y escribas que discutían con ellos.
15. Toda esta multitud, en cuanto lo vió, se quedó asombrada y corrió a saludarlo.
16. Preguntóles: "¿Por qué discutís con ellos?"
17. Respondióle uno de la multitud: "Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un demonio mudo.
18. Y cuando se apodera de él, lo zamarrea y él echa espumarajos, rechina los dientes y queda todo rígido. Y pedí a tus discípulos que lo expulsasen, y no han podido".
19. Entonces, Él les respondió y dijo: "Oh raza incrédula, ¿hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!"
20. Y se lo trajeron. En cuanto lo vió, el espíritu lo zamarreaba (al muchacho); y caído en el suelo, se revolvía echando espumarajos.
21. Y preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que esto le sucede?" Respondió: "Desde su infancia;
22. y a menudo lo ha echado, ora en el fuego, ora en el agua, para hacerlo morir. Pero si Tú puedes algo, ayúdanos, y ten compasión de nosotros".
23. Replicóle Jesús: "¡Si puedes!... Todo es posible para el que cree".
24. Entonces, el padre del niño se puso a gritar: "¡Creo! ¡Ven en ayuda de mi falta de fe!"
25. Y Jesús viendo que se aproximaba un tropel de gente, conminó al espíritu diciéndole: "Espíritu mudo y sordo, Yo te lo mando, sal de él, y no vuelvas a entrar más en él".
26. Y, gritando y retorciéndole en convulsiones, salió. Y quedó el niño como muerto, y así muchos decían que había muerto.
27. Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó y él se tuvo en pie.
28. Cuando hubo entrado en casa, los discípulos le preguntaron en privado: "¿Por qué, pues, no pudimos nosotros expulsarlo?"
29. Les dijo: "Esta casta no puede ser expulsada sino con la oración y el ayuno".



COMENTARIO

14 ss. Véase Mat. 17, 14 - 21; Luc. 9, 37 - 43 y notas.

19. Este reproche de incredulidad es el único que el divino Maestro dirige a sus discípulos. Pero es el más grave. Véase 11, 22 ss. y nota.

29. Y el ayuno: falta en el Codex Vaticanus. Cf. Mat. 17, 21.

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