Evangelio del día

Evangelio según San Mateo, capítulo 26, versículos del 14 al 27,66

13 de Abril de 2014

Domingo de Ramos

JUDAS VENDE AL MAESTRO


14. Entonces uno de los Doce, el llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes,
15. y dijo: "¿Qué me dais, y yo os lo entregaré?" Ellos le asignaron treinta monedas de plata.
16. Y desde ese momento buscaba una ocasión para entregarlo.

LA ULTIMA CENA


17. El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús, y le preguntaron: "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?"
18. Les respondió: "Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: "El Maestro te dice: Mi tiempo está cerca, en tu casa quiero celebrar la Pascua con mis discípulos".
19. Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
20. Y llegada la tarde, se puso a la mesa con los Doce.
21. Mientras comían les dijo: "En verdad, os digo, uno de vosotros me entregará".
22. Y entristecidos en gran manera, comenzaron cada uno a preguntarle: "¿Seré yo, Señor?"
23. Mas Él respondió y dijo: "El que conmigo pone la mano en el plato, ese me entregará.
24. El Hijo del hombre se va, como está escrito de Él, pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido".
25. Entonces Judas, el que le entregaba, tomó la palabra y dijo: "¿Seré yo, Rabí?" Le respondió: "Tú lo has dicho".


26. Mientras comían, pues, ellos, tomando Jesús pan, y habiendo bendecido partió y dió a los discípulos diciendo: "Tomad, comed, éste es el cuerpo mío".
27. Y tomando un cáliz, y habiendo dado gracias, dió a ellos, diciendo: "Bebed de él todos,
28. porque ésta es la sangre mía de la Alianza, la cual por muchos se derrama para remisión de pecados.
29. Os digo: desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre".

JESUS PREDICE A PEDRO SU NEGACION


30. Y entonado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos.
31. Entonces les dijo Jesús: "Todos vosotros os vais a escandalizar de Mí esta noche, porque está escrito: "Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño".
32. Mas después que Yo haya resucitado, os precederé en Galilea".
33. Respondióle Pedro y dijo: "Aunque todos se escandalizaren de Ti, yo no me escandalizaré jamás".
34. Jesús le respondió: "En verdad, te digo que esta noche, antes que el gallo cante, tres veces me negarás".
35. Replicóle Pedro: "¡Aunque deba contigo morir, de ninguna manera te negaré!". Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.

AGONIA DE JESUS


36. Entonces, Jesús llegó con ellos al huerto llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: "Sentaos aquí, mientras voy allí y hago oración".
37. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse.
38. Después les dijo: "Mi alma está triste, mortalmente; quedaos aquí y velad conmigo".
39. Y adelantándose un poco, se postró con el rostro en tierra, orando y diciendo: "Padre mío, si es posible, pase este cáliz lejos de Mí; mas no como Yo quiero, sino como Tú".
40. Y yendo hacia los discípulos, los encontró durmiendo. Entonces dijo a Pedro: "¿No habéis podido, pues, una hora velar conmigo?
41. Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, dispuesto (está), mas la carne, es débil".
42. Se fue de nuevo, y por segunda vez, oró así: "Padre mío, si no puede esto pasar sin que Yo lo beba, hágase la voluntad tuya".
43. Y vino otra vez y los encontró durmiendo; sus ojos estaban, en efecto, cargados.
44. Los dejó, y yéndose de nuevo, oró una tercera vez, diciendo las mismas palabras.
45. Entonces, vino hacia los discípulos y les dijo: "¿Dormís ahora y descansáis?". He aquí que llegó la hora y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
46. ¡Levantaos! ¡Vamos! Mirad que ha llegado el que me entrega".

LA DIVINA VICTIMA ES PRESA Y LLEVADA ANTE EL SANHEDRIN


47.  Aun estaba hablando y he aquí que Judas, uno de los Doce, llegó acompañado de un tropel numeroso con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
48. El traidor les había dado esta señal: "Aquel a quien yo daré un beso, ése es; sujetadle".
49. En seguida se aproximó a Jesús y le dijo: "¡Salud, Rabí!", y lo besó.
50. Jesús le dijo: "Amigo, ¡a lo que vienes!". Entonces, se adelantaron, echaron mano de Jesús, y lo prendieron.
51. Y he aquí que uno de los que estaban con Jesús llevó la mano a su espada, la desenvainó y dando un golpe al siervo del sumo sacerdote, le cortó la oreja.
52. Díjole, entonces, Jesús: "Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que empuñan la espada, perecerán a espada.
53. ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y me dará al punto más de doce legiones de ángeles?
54. ¿Mas, cómo entonces se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?".
55. Al punto dijo Jesús a la turba: "Como contra un ladrón habéis salido, armados de espadas y palos, para prenderme. Cada día me sentaba en el Templo para enseñar, ¡y no me prendisteis!
56. Pero todo esto ha sucedido para que se cumpla lo que escribieron los profetas". Entonces los discípulos todos, abandonándole a Él, huyeron.


57. Los que habían prendido a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos.
58. Pedro lo había seguido de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote, y habiendo entrado allí, se hallaba sentado con los satélites para ver cómo terminaba eso.
59. Los sumos sacerdotes, y todo el Sanhedrín, buscaban un falso testimonio contra Jesús para hacerlo morir;
60. y no lo encontraban, aunque se presentaban muchos testigos falsos. Finalmente se presentaron dos,
61. que dijeron: "Él ha dicho: "Yo puedo demoler el templo de Dios, y en el espacio de tres días reedificarlo".
62. Entonces, el sumo sacerdote se levantó y le dijo: "¿Nada respondes? ¿Qué es eso que éstos atestiguan contra Ti?" Pero Jesús callaba.
63. Díjole, pues, el sumo sacerdote: "Yo te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios".
64. Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Y Yo os digo: desde este momento veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y viniendo sobre las nubes del cielo".
65. Entonces, el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, y dijo: "¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ahora mismo, vosotros habéis oído la blasfemia.
66. ¿Qué os parece?". Contestaron diciendo: "Merece la muerte".
67. Entonces lo escupieron en la cara, y lo golpearon, y otros lo abofetearon,
68. diciendo: "Adivínanos, Cristo, ¿quién es el que te pegó?".

NEGACION DE PEDRO


69. Pedro, entretanto, estaba sentado fuera, en el patio; y una criada se aproximó a él y le dijo: "Tú también estabas con Jesús, el Galileo".
70. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: "No sé qué dices".
71. Cuando salía hacia la puerta, otra lo vió y dijo a los que estaban allí: "Éste andaba con Jesús el Nazareno".
72. Y de nuevo lo negó, con juramento, diciendo: "Yo no conozco a ese hombre".
73. Un poco después, acercándose los que estaban allí de pie, dijeron a Pedro: "¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues tu habla te denuncia!".
74. Entonces se puso a echar imprecaciones y a jurar: "Yo no conozco a ese hombre". Y en seguida cantó un gallo,
75. y Pedro se acordó de la palabra de Jesús: "Antes de que el gallo cante, me negarás tres veces". Y saliendo afuera, lloró amargamente.

FIN DEL TRAIDOR


1. Llegada la madrugada, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tuvieron una deliberación contra Jesús para hacerlo morir.
2. Y habiéndolo atado, lo llevaron y entregaron a Pilato, el gobernador.


3. Entonces viendo Judas, el que lo entregó, que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
4. diciendo: "Pequé, entregando sangre inocente". Pero ellos dijeron: "A nosotros ¿qué nos importa? tú verás".
5. Entonces, él arrojó las monedas en el Templo, se retiró y fue a ahorcarse.
6. Mas los sumos sacerdotes, habiendo recogido las monedas, dijeron: "No nos es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre".
7. Y después de deliberar, compraron con ellas el campo del Alfarero para sepultura de los extranjeros.
8. Por lo cual ese campo fue llamado Campo de Sangre, hasta el día de hoy.
9. Entonces, se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías:

"Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio del que fue tasado, al que pusieron precio los hijos de Israel,
10. y las dieron por el Campo del Alfarero, según me ordenó el Señor".

JESUS ANTE PILATO


11. Entretanto, Jesús compareció delante del gobernador, y el gobernador le hizo esta pregunta: "¿Eres Tú el rey de los judíos?". Jesús le respondió: "Tú lo dices".
12. Y mientras los sumos sacerdotes y los ancianos lo acusaban, nada respondió:
13. Entonces, Pilato le dijo: "¿No oyes todo esto que ellos alegan contra Ti?".
14. Pero Él no respondió ni una palabra sobre nada, de suerte que el gobernador estaba muy sorprendido.

POSPUESTO A UN LADRON


15. Ahora bien, con ocasión de la fiesta, el gobernador acostumbraba conceder al pueblo la libertad de un preso, el que ellos quisieran.
16. Tenían a la sazón, un preso famoso, llamado Barrabás.
17. Estando, pues, reunido el pueblo, Pilato les dijo: "¿A cuál queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el que se dice Cristo?",
18. porque sabía que lo habían entregado por envidia.
19. Mas mientras él estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: "No tengas nada que ver con ese justo, porque yo he sufrido mucho hoy, en sueños, por Él".
20. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos persuadieron a la turba que pidiese a Barrabás, y exigiese la muerte de Jesús.
21. Respondiendo el gobernador les dijo: "¿A cuál de los dos queréis que os suelte?". Ellos dijeron: "A Barrabás".
22. Díjoles Pilato: "¿Qué haré entonces con Jesús, el que se dice Cristo?". Todos respondieron: "¡Sea crucificado!".
23. Y cuando él preguntó: "Pues ¿qué mal ha hecho?", gritaron todavía más fuerte, diciendo: "¡Sea crucificado!".
24. Viendo Pilato, que nada adelantaba, sino que al contrario crecía el clamor, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo diciendo: "Yo soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis".
25. Y respondió todo el pueblo diciendo: "¡La sangre de Él, sobre nosotros y sobre nuestros hijos!".
26. Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuese crucificado.

CORONACION DE ESPINAS


27. Entonces, los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de Él toda la guardia.
28. Lo despojaron de los vestidos y lo revistieron con un manto de púrpura.
29. Trenzaron también una corona de espinas, y se la pusieron sobre la cabeza, y una caña en su derecha; y doblando la rodilla delante de Él, lo escarnecían, diciendo: "¡Salve, rey de los judíos!";
30. y escupiendo sobre Él, tomaban la caña y lo golpeaban en la cabeza.
31. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y se lo llevaron para crucificarlo.

CRUCIFIXION


32. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, de nombre Simón; a éste lo requisaron para que llevara la cruz de Él.
33. Y llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, "del Cráneo",
34. le dieron a beber vino mezclado con hiel; y gustándolo, no quiso beberlo.
35. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes.
36. Y se sentaron allí para custodiarlo.
37. Sobre su cabeza pusieron por escrito, la causa de su condenación: "Este es Jesús el rey de los judíos".
38. Al mismo tiempo crucificaron con Él a dos ladrones, uno a la derecha, otro a la izquierda.
39. Y los transeúntes lo insultaban meneando la cabeza y diciendo:
40. "Tú que derribas el Templo, y en tres días lo reedificas, ¡sálvate a Ti mismo! Si eres el Hijo de Dios, ¡bájate de la cruz!".
41. De igual modo los sacerdotes se burlaban de Él junto con los escribas y los ancianos, diciendo:
42. "A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: baje ahora de la cruz, y creeremos en Él.
43. Puso su confianza en Dios, que Él lo salve ahora, si lo ama, pues ha dicho: "De Dios soy Hijo".
44. También los ladrones, crucificados con Él, le decían las mismas injurias.

MUERTE DE JESUS


45. Desde la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona.
46. Y alrededor de la hora nona, Jesús clamó a gran voz, diciendo: "¡Elí, Elí, ¿lama sabactani?", esto es: "¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?".
47. Al oír esto, algunos de los que estaban allí dijeron: "A Elías llama éste".
48. Y en seguida uno de ellos corrió a tomar una esponja, que empapó en vinagre, y atándola a una caña, le presentó de beber.
49. Los otros decían: "Déjanos ver si es que viene Elías a salvarlo".
50. Mas Jesús, clamando de nuevo, con gran voz, exhaló el espíritu.

PRODIGIOS


51. Y he ahí que el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra, se agrietaron las rocas,
52. se abrieron los sepulcros y los cuerpos de muchos santos difuntos resucitaron.
53. Y, saliendo del sepulcro después de la resurrección de Él, entraron en la Ciudad Santa, y se aparecieron a muchos.
54. Entretanto, el centurión y sus compañeros que guardaban a Jesús, viendo el terremoto y lo que había acontecido, se llenaron de espanto y dijeron: "Verdaderamente, Hijo de Dios era éste".
55. Había también allí muchas mujeres que miraban de lejos; las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole.
56. Entre ellas se hallaban María la Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

LA SEPULTURA


57. Llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, el cual también era discípulo de Jesús.
58. Se presentó delante de Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le entregase.
59. José tomó, pues, el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia,
60. y lo puso en el sepulcro suyo, nuevo, que había hecho tallar en la roca. Después rodó una gran piedra sobre la entrada del sepulcro, y se fue.
61. Estaban allí María la Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.

CUSTODIA DEL SEPULCRO


62. Al otro día, el siguiente de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y fueron a Pilato,
63. a decirle: "Señor, recordamos que aquel impostor dijo cuando vivía: "A los tres días resucitaré".
64. Manda, pues, que el sepulcro sea guardado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos vengan a robarlo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera".
65. Pilato les dijo: "Tenéis guardia. Id, guardadlo como sabéis".
66. Ellos, pues, se fueron y aseguraron el sepulcro con la guardia, después de haber sellado la piedra.



COMENTARIO

14. Iscariote, es decir, hombre de Kariot, que significa aldea y es también el nombre propio de una población de Idumea. Véase la profecía de Abdías que es toda contra Edom. Cf. v. 24; S. 59, 11; 75, 11; Is. 63, 1 ss.; Habac. 3, 3; Apoc. 19, 13 ss.

17. Los ázimos son panes sin levadura, que los judíos comían durante la Octava de la Fiesta de Pascua. El día era un jueves, ese mismo en que ellos anticipadamente debían comer el cordero pascual (Luc. 22, 8; Juan 18, 28 y nota).

25. Tú lo has dicho: Jesús pronunció estas palabras en voz baja, de modo que los otros discípulos no las entendieron, como se ve en Juan 13, 28 - 29. La traición de Judas no es solamente fruto de su avaricia, sino también de la falsa idea que tenía del Mesías. Para él un Mesías humilde y doliente era un absurdo, porque no comprendía que Jesús quiso poner a prueba la fe de sus discípulos, con su humildad, que también estaba anunciada por los profetas lo mismo que los esplendores de su reino (Is. 49, 7 s.; 53, 1 ss.; 61, 1 ss.). Véase Luc. 24, 46 y nota.

26. Cf. Luc. 22, 20 y nota. Merk cita aquí Ex. 24, 8; Jer. 31, 31; Zac. 9, 11; Hebr. 9, 12 y 20. El texto de Jeremías es el que S. Pablo reproduce ampliamente en Hebr. 8, 8 ss., donde trata del sacerdocio de Cristo. Véase Marc. 14, 14 y nota. La Iglesia Católica Apostólica Romana profesa la fe de que, diciendo: "éste es el cuerpo mío", Jesús convirtió la substancia del pan en su Cuerpo, así como después la substancia del vino en su Sangre. Con esto no sólo quedó instituido el sacramento de la Eucaristía, sino también el sacrificio de la Santa Misa, en que Jesús se ofrece constantemente al Padre. Véase los lugares paralelos.

31. Cf. v. 56 y nota; Juan 16, 32; Zac. 13, 7.

35. Dios nos deja en este pasaje una lección insuperable de desconfianza en nosotros mismos. Cf. v. 75; 21, 28 ss. y notas.

36. Que ellos se sienten, mientras Él va a postrarse en tierra. Lo que sigue muestra cómo respondieron ellos... y nosotros.

42. Esto es: quiero que tu voluntad de salvar a los hombres, para lo cual me enviaste (Juan 6, 38 - 40), se cumpla sin reparar en lo que a Mí me cueste. Ya que ellos no aceptaron mi mensaje de perdón (Marc. 1, 15; Juan, 1, 11; Mat. 16, 20 y nota), muera el Pastor por las ovejas (Juan 10, 11 y nota). Aquí se ve la libre entrega de Jesús como víctima "en manos de los hombres" (17, 12 y 22) para que no se malograse aquella voluntad salvífica del Padre. ¿Acaso no le habría Éste mandado al punto más de doce legiones de ángeles? (v. 53). "Esta voz de la Cabeza es para salud de todo el cuerpo porque es ella la que ha instruido a los fieles, inflamado a los confesores, coronado a los mártires" S. León.

45. ¿Dormís ahora y descansáis? Véase Marc. 14, 41 y nota.

50. No le pregunta Jesús a qué ha venido, sino que le manifiesta conformidad con que lleve adelante su propósito, como cuando le dijo: lo que haces hazlo cuanto antes (Juan 13, 27).

51 s. Fue S. Pedro (Juan 18, 10). Cf. Gén. 9, 6; Apoc. 13, 10 y nota.

53. Véase v. 42 y nota. La bondad del divino Maestro no excluye a Judas (v. 50). Cf. Juan 13, 27.

54. Véase Is. 53, 7 - 10.

56. ¡Todos! Véase Marc. 14, 50 y nota. Es muy digno de observar el contraste entre esta fuga y la escena precedente (v. 51 - 54). Allí vemos que se intenta una defensa armada de Jesús, es decir, que si Él la hubiese aceptado, obrando como los que buscan su propia gloria (Juan 5, 43), los discípulos se habrían sin duda jugado la vida por su caudillo (Juan 11, 16; 13, 37). Pero cuando Jesús se muestra tal cual es, como divina Víctima de la salvación, en nuestro propio favor, entonces todos se escandalizan de Él, como Él se lo tenía anunciado (v. 31 ss.), y como solemos hacer muchos cuando se trata de compartir las humillaciones de Cristo y la persecución por su Palabra (13, 21). Algo análogo había de suceder a Pablo y Bernabé en Listra, donde aquél fue lapidado después de rechazar la adoración que se les ofrecía creyéndolos Júpiter y Mercurio (Hech. 14, 10 - 18).

60. Eran dos falsos testigos, que tampoco estaban acordes en su testimonio, como vemos en Marc. 14, 59.

65. La blasfemia consiste, a los ojos de los sanhedrinitas, en el testimonio que Jesús da de Sí mismo, confesando la verdad de que Él es el Hijo de Dios. Cf. Lev. 24, 16.

75. Pedro cayó, porque presumió de sus propias fuerzas, según se lo advirtió el mismo Cristo. Si hubiera pensado, como David, que sólo la gracia nos da la constancia y fortaleza, no habría caído ciertamente.

5. Mientras Pedro llora contrito, Judas se suicida, porque le falta la confianza en la misericordia de Dios, que a todos perdona. Es la diferencia entre el solo remordimiento, que lleva a la desesperación, y el arrepentimiento, que lleva al perdón. Cf. 21, 28 y nota.

9. Véase Zac. 11, 12 s.; Jer. 32, 6 ss.

18. Por envidia: se refiere a los sacerdotes (Marc. 15, 10), contra cuya maldad apelaba Pilato ante el pueblo. Marcos (15, 11) reitera lo que aquí vemos en el v. 20 sobre la influencia pérfida con que aquellos decidieron al pueblo, que tantas veces había mostrado su adhesión a Jesús, a servirles de instrumento para saciar su odio contra el Hijo de Dios, hasta el punto de persuadirlo a que lo pospusiese a un criminal (Luc. 23, 18; Juan 18, 40). San Pedro recuerda al pueblo esta circunstancia en Hech. 3, 14 - 17.

19. Según una tradición piadosa, se llamaba Claudia Prócula. La Iglesia griega la venera como santa.

24. Pilato dice este justo, confesando así públicamente la inocencia de Jesús; y sin embargo, lo condena a morir en una cruz. Vemos aquí el tipo del juez inicuo, que por política y cobardía abusa de su poder y viola gravemente los deberes de su cargo. Sus vacilaciones se prolongan por largo rato; pero puede más lo que él cree su interés, que la voz de su conciencia y la previsión de su mujer (v. 19). Véase Marc. 15, 2 ss.; Luc. 23, 3 ss.; Juan 18, 33 ss.

27. Nótese que no son obra directa del pueblo judío, como suele creerse, las atrocidades cometidas en la Pasión de Cristo. Los que azotan a la divina Víctima, le colocan la corona de espinas, le escarnecen y le crucifican son los soldados romanos (Juan 19, 2 ss.), a cuya autoridad Jesús había sido entregado por los jefes de la Sinagoga (v. 18 y nota).

32. Esta obra de caridad valió a Simón la gracia de convertirse. Murió, según una antigua tradición cristiana, como Obispo de Bosra. Sus hijos Alejandro y Rufo aparecen en el Evangelio de San Marcos como cristianos (Marc. 15, 21). Cf. Rom. 16, 13.

35. Cf. S. 21, 19. Los que lo crucificaron... "El Evangelio está hecho para poner a prueba la profundidad del amor, que se mide por la profundidad de la atención prestada al relato: porque no hay en él una sola gota de sentimentalismo que ayude a nuestra emoción con elementos de elocuencia no espiritual. Por ejemplo, cuando llegan los evangelistas a la escena de la crucifixión de Jesús, no solamente no la describen, ni ponderan aquellos detalles inenarrables, sino que saltan por encima, dejando la referencia marginal indispensable para la afirmación del hecho. Dos de ellos dicen simplemente: Y llegaron al Calvario donde lo crucificaron. Otro dice menos aún: Y habiéndolo crucificado, dividieron sus vestidos. ¡Y cuidado con pensar que hubo indiferencia en el narrador! Porque no sólo eran apóstoles o discípulos que dieron todos la vida por Cristo, sino que es el mismo Espíritu Santo quien por ellos habla".

45. Hora sexta: mediodía. Hora nona: a media tarde.

46. Véase S. 21, 2; Marc. 15, 34 y nota.

51. Según S. Jerónimo, al rasgarse milagrosamente el velo del Templo que separaba el "Santo" del "Santo de los Santos", Dios quiso revelar que los misterios antes escondidos iban a ser en Cristo manifestados a todos los pueblos. Según S. Pablo, el velo figuraba la carne de Cristo que al romperse nos dio acceso al Santuario Celestial (Hech. 6, 19; 9, 3; 10, 20 - 22).

52 s. "El abrirse los sepulcros tuvo sin duda relación con el terremoto y con el hendirse de las rocas, y se efectuó a la vez que estos dos fenómenos. En cuanto a la resurrección de los muertos, estuvo indudablemente relacionada con su aparición en la ciudad, lo cual aconteció después de haber resucitado Jesucristo. Estos "santos" eran justos insignes del Antiguo Testamento, venerados de manera especial de los judíos, de los contemporáneos de Jesucristo y de aquellos a quienes se aparecieron, y fallecidos con la fe puesta en el Redentor prometido. Su resurrección, etc. (v. 53) tenía por objeto dar fe de la de Cristo en Jerusalén y hacer patente que mediante la muerte redentora de Jesucristo había sido vencida la muerte, y que su gloriosa Resurrección encerraba la prenda segura de la nuestra. Cf. Hebr. 2, 14 s.; Juan 5, 25; 11, 25 s.; I Cor. 15, 14 - 26 y 54 s.; Col. 1, 18; 2, 15; I Pedr. 1, 3 y 21; Apoc. 5, 5" (Schuster Holzammer). Véase la nota I Cor. 15, 26. A estos santos parece referirse S. Ignacio de Antioquía cuando dice: "Cómo podríamos nosotros vivir fuera de Él, a quien hasta los profetas, sus discípulos en espíritu esperaban como a su Maestro. Por eso Él, después de su venida - por ellos justamente esperada - los resucitó de entre los muertos" (carta a los Magnesios 9).

57. José de Arimatea se atreve a ser partidario de un ajusticiado, colocándolo en su propio sepulcro, para dar a entender a todos que Él era inocente. El noble senador, que no había consentido en la condenación de Jesús (Luc. 23, 51), es el modelo del cristiano intrépido que confiesa su fe sin cálculos humanos.

59 s. Entierro anunciado en Is. 53, 9.

62. Preparación, en griego "Parasceve". Así se llamaba el viernes, por ser el día en que hacían los preparativos para el sábado.

66. Estas precauciones que tomaron los sacerdotes y fariseos nos han proporcionado un testimonio muy valioso en favor de la resurrección del Señor. Porque esta misma guardia tuvo que confesar que Cristo había resucitado (28, 11).

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