Bautismo del Señor
8 de Enero de 2007
Día anterior · Día siguienteLiturgia de las Horas: Propio del Salterio
Color: Blanco
Santoral
Lecturas de la liturgia
- Primera Lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7
"Miren a mi siervo, en quien tengo mis complacencias"
Esto dice el Señor: «Miren a mi siervo a quien sostengo, a mi elegido en quien tengo mis complacencias. En Él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz por las calles. No romperá la caña resquebrajada ni apagará la mecha que aún humea. Promoverá con firmeza la justicia; no titubeará ni se doblegará, hasta haber establecido el derecho sobre la tierra, y hasta que las islas escuchen su enseñanza. Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación te llamé, te tomé de la mano, te he formado, y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones: para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas».
- Salmo Responsorial: 28
"El Señor bendice a su pueblo con la paz."
Hijos de Dios, glorifiquen al Señor, denle la gloria que merece. Postrados en su templo santo, alabemos al Señor. R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
La voz del Señor se deja oír sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es poderosa, la voz del Señor es imponente. R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
El Dios de majestad hizo sonar el trueno de su voz. El Señor se manifestó sobre las aguas desde su trono eterno. R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
- Evangelio: Lucas 3, 15-16.21-22
"Después del bautismo de Jesús, el cielo se abrió"
En aquel tiempo, como el pueblo estaba en expectación y todos pensaban que quizá Juan el Bautista era el Mesías, Juan los sacó de dudas, diciéndoles: «Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. El los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego». Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado. Mientras éste oraba, se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma sensible, como de una paloma, y del cielo llegó una voz que decía: «Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco».
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