Recurso tomado de ACI Prensa (www.aciprensa.com)
5 de Enero de 2007
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Santoral


Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: I Juan 3, 11-21
    "Hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos"

    Queridos hermanos:
    Éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.
    No seamos como Caín, que procedía del Maligno y asesinó a su hermano. ¿Y por qué lo asesinó? Porque sus obras eran malas, mientras que las de su hermano eran buenas.
    No os sorprenda, hermanos, que el mundo os odie; nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos.
    El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.
    Pero si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?
    Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
    En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestra conciencia ante él, en caso de que nos condene nuestra conciencia, pues Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo.
    Queridos, si la conciencia no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios.

  • Salmo Responsorial: 99
    "Aclama al Señor, tierra entera"

    Aclama al Señor, tierra entera,
    servid al Señor con alegría,
    entrad en su presencia con vítores.

    Sabed que el Señor es Dios:
    que él nos hizo y somos suyos,
    su pueblo y ovejas de su rebaño.

    Entrad por sus puertas con acción de gracias,
    por sus atrios con himnos,
    dándole gracias y bendiciendo su nombre.

    «El Señor es bueno,
    su misericordia es eterna,
    su fidelidad por todas las edades».

  • Evangelio: Juan 1, 43-51
    "Tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel"

    En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice:
    - Sígueme.
    Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
    - Aquél de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.
    Natanael le replicó:
    - ¿De Nazaret puede salir algo bueno?
    Felipe le contestó:
    - Ven y verás.
    Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
    - Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.
    Natanael le contesta:
    - ¿De qué me conoces?
    Jesús le responde:
    - Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
    Natanael respondió:
    - Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.
    Jesús le contestó:
    - ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.
    Y le añadió:
    - Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

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