IV Semana del Tiempo Ordinario
31 de Enero de 2007
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Santoral


Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Hebreos 12,4-7. 11-15
    "Dios reprende a los que ama"

    Hermanos:
    Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.
    Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces el castigo del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos».
    Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues ¿qué padre no corrige a sus hijos?
    Ningún castigo nos gusta cuando lo recibimos, sino que nos duele; pero después de pasar por él, nos da como fruto una vida honrada y en paz.
    Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.
    Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor.
    Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios y que ninguna raíz amarga rebrote y haga daño, contaminando a muchos.

  • Salmo Responsorial: 102
    "La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos"

    Bendice, alma mía, al Señor,
    y todo mi ser a su santo nombre.
    Bendice, alma mía, al Señor,
    y no olvides sus beneficios.

    Como un padre siente ternura por sus hijos,
    siente el Señor ternura por sus fieles;
    porque él conoce nuestra masa,
    se acuerda de que somos barro.

    Pero la misericordia del Señor dura siempre,
    su justicia pasa de hijos a nietos:
    para los que guardan la alianza.

  • Evangelio: Marcos 6,1-6
    "No desprecian a un profeta más que en su tierra"

    En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
    - ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?
    Y esto les resultaba escandaloso.
    Jesús les decía:
    - No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
    No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
    Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

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