Miércoles 7ª semana de Pascua
27 de Mayo de 2009
Día anterior · Día siguienteLiturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Blanco
Santoral
Lecturas de la liturgia
- Primera Lectura: Hechos 20,28-38
"Os dejo en manos de Dios, que tiene poder para construiros y daros parte en la herencia"
En aquellos días, decía Pablo a los presbíteros de la Iglesia de
Éfeso: "Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os
ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios, que él
adquirió con su propia sangre. Ya sé que, cuando os deje, se meterán
entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso
algunos de vosotros deformarán la doctrina y arrastrarán a los
discípulos. Por eso, estad alerta: acordaos que durante tres años, de
día y de noche, no he cesado de aconsejar con lágrimas en los ojos a
cada uno en particular. Ahora os dejo en manos de Dios y de su palabra
de gracia, que tiene poder para construiros y daros parte en la
herencia de los santos. A nadie le he pedido dinero, oro ni ropa. Bien
sabéis que estas manos han ganado lo necesario para mí y mis
compañeros. Siempre os he enseñado que es nuestro deber trabajar para
socorrer a los necesitados, acordándonos de las palabras del Señor
Jesús: "Hay más dicha en dar que en recibir.""
Cuando terminó de hablar, se pusieron todos de rodillas, y
rezó. Se echaron a llorar y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más
pena les daba era lo que había dicho, que no volverían a verlo. Y lo
acompañaron hasta el barco.
- Salmo Responsorial: 67
"Reyes de la tierra, cantad a Dios."
Oh Dios, despliega tu poder, tu poder, oh Dios, que actúa en
favor nuestro. A tu templo de Jerusalén traigan los reyes su
tributo. R.
Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor, que
avanza por los cielos, los cielos antiquísimos, que lanza su voz,
su voz poderosa: "Reconoced el poder de Dios." R.
Sobre Israel resplandece su majestad, y su poder, sobre las nubes. ¡Dios sea bendito! R.
- Evangelio: Juan 17,11b-19
"Que sean uno, como nosotros"
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
"Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que
sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu
nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se perdió, sino
el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura.
Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos
tengan mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los
ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No
ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del mal. No son
del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad; tu
palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo
también al mundo. Y por ellos me consagro yo, para que también se
consagren ellos en la verdad."
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