III Semana del Tiempo Ordinario
27 de Enero de 2007
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Santoral


Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Hebreos 11,1-2. 8-19
    "Esperaba la ciudad, cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios"

    Hermanos:
    La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.
    Por su fe son recordados los antiguos: por fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.
    Por fe vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa- mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.
    Por fe también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque se fió de la promesa. Y así, de una persona, y ésa estéril, nacieron hijos numerosos, como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. [Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido la tierra prometida; pero viéndola y saludándola de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.
    Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.
    Por fe Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia».
    Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos. Y así recobró a Isaac como figura del futuro.]

  • Interleccional: Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo

    Lc 1, 69-70. 71-72. 73-75

    Nos ha suscitado una fuerza de salvación
    en la casa de David, su siervo;
    según lo había predicho desde antiguo
    por boca de sus santos profetas.

    Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
    y de la mano de todos los que nos odian;
    realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
    recordando su alianza.

    Y el juramento que juró
    a nuestro padre Abrahán.
    Para concedernos que, libres de temor,
    arrancados de la mano de los enemigos,
    le sirvamos con santidad y justicia,
    en su presencia, todos nuestros días.

  • Evangelio: Marcos 4, 35-41
    "¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!"

    Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
    - Vamos a la otra orilla.
    Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:
    - Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?
    Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
    - ¡Silencio, cállate!
    El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:
    - ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
    Se quedaron espantados y se decían unos a otros:
    - ¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

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