4º Domingo de Adviento
24 de Diciembre de 2006
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Lecturas de la liturgia
- Primera Lectura: Miqueas 5, 1-4a
"De ti saldrá el jefe de Israel"
Esto dice el Señor: «En cuanto a ti, Belén de Efrata, que no destacas entre las aldeas de Judá, sacaré de ti al que ha de ser soberano de Israel: sus orígenes se remontan a los tiempos antiguos, a los días pasados. Por eso el Señor abandonará a los suyos hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces los que aún queden volverán a reunirse con sus hermanos israelitas. El se mantendrá firme y pastoreará con la fuerza del Señor, y con la majestad del nombre del Señor su Dios. Ellos vivirán seguros, porque extenderá su poder hasta los extremos de la tierra. El mismo será la paz».
- Salmo Responsorial: 79
"Señor, muéstranos tu favor y sálvanos"
Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre los querubines, resplandece. Despierta tu poder y ven a salvarnos. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Dios todopoderoso, atiéndenos, mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la planta que sembraste, el retoño que hiciste vigoroso. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
Que tu mano proteja al elegido, al hombre que tú fortaleciste. Ya nunca nos apartaremos de ti; devuélvenos la vida para que invoquemos tu nombre. Señor, muéstranos tu favor y sálvanos.
- Segunda Lectura: Hebreos 10, 5-10
"Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad"
Hermanos: Cuando Cristo entró en este mundo, dijo: «No has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo; no has aceptado holocaustos ni sacrificios por el pecado. Entonces yo dije: Aquí vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un capítulo del libro».
En primer lugar dice: No has querido ni aceptado los sacrificios, ofrendas, holocaustos ni víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley. Después añade: Aquí vengo para hacer tu voluntad. De este modo anula la primera disposición y establece la segunda.
Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.
- Evangelio: Lucas 1, 39-45
"¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?"
Por aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
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