3º Domingo de Adviento
17 de Diciembre de 2006
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Liturgia de las Horas: Propio del Salterio
Color: Blanco

Santoral


Lecturas de la liturgia
  • Primera Lectura: Sofonías 3, 14-18a
    "El Señor será el rey de Israel en medio de ti"

    ¡Grita de felicidad, hija de Sión; regocíjate, Israel, alégrate de todo corazón, Jerusalén! El Señor ha anulado la sentencia que pesaba sobre ti, ha expulsado a tus enemigos; el Señor es rey de Israel en medio de ti, ya no tendrás que temer ningún mal.

    Aquel día dirán a Jerusalén:
    «No tengas miedo, Sión, que tus manos no tiemblen; el Señor tu Dios está en medio de ti, él es un guerrero que salva. Dará saltos de alegría por ti, su amor te renovará, por tu causa bailará y se alegrará, como en los días de fiesta».

  • Interleccional: Is 12,2-6
    El Señor es mi Dios y salvador

    El Señor es el Dios que me salva; tengo confianza y no temo, porque mi fuerza y mi fuente de alegría es el Señor, él es mi salvación. Sacarán agua con gozo de las fuentes de la salvación.
    El Señor es mi Dios y salvador.

    Den gracias al Señor, invoquen su nombre, proclamen entre los pueblos sus hazañas.
    El Señor es mi Dios y salvador.

    Canten al Señor, porque ha hecho maravillas; que lo sepa la tierra entera. Griten alegres, habitantes de Sión, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel.
    El Señor es mi Dios y salvador.
  • Segunda Lectura: Filipenses 4, 4-7
    "El Señor está cerca"

    Hermanos: Estén siempre alegres en el Señor; les repito, estén alegres.
    Que todo el mundo los conozca por su bondad. El Señor está cerca. Que nada los angustie; al contrario, en cualquier situación presenten sus deseos a Dios orando, suplicando y dándole gracias. Y la paz de Dios, que supera cualquier razonamiento, protegerá sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús.

  • Evangelio: Lucas 3, 10-18
    "¿Qué debemos hacer?"

    En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan el Bautista:
    «Qué tenemos que hacer?».

    Y les contestaba:
    «El que tenga dos túnicas, dé una al que no tiene; y el que tenga comida, compártala con el que no la tiene».

    Vinieron también a bautizarse algunos de los que recaudaban impuestos para Roma y le preguntaron:
    «Maestro, ¿qué tenemos que hacer?».

    El les respondió:
    «No exijan nada fuera de lo establecido».

    También los soldados le preguntaron:
    «¿Y nosotros qué tenemos que hacer?».

    Juan les contestó:
    «A nadie extorsionen, ni denuncien falsamente, y conténtense con su salario».

    El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. Entonces Juan les dijo:
    «Yo los bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar las correas de sus sandalias. El los bautizará con Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene la horquilla para separar el trigo de la paja y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con un fuego que no se apaga».

    Con éstas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la Buena Noticia.

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