Lunes de la octava de Pascua
13 de Abril de 2009
Día anterior · Día siguienteLiturgia de las Horas: Propio del Salterio
Color: Blanco
Santoral
Lecturas de la liturgia
- Primera Lectura: Hechos 2,14.22-23
"Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos"
El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y
les dirigió la palabra: "Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad
mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os
hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros
realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis.
Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron,
y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo
resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la
muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a
él: "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa
esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel
conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me
saciarás de gozo en tu presencia."
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David
murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy.
Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento
sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que "no lo
entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción",
hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó
a este Jesús, de lo cual todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado
por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que
estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y
oyendo."
- Salmo Responsorial: 15
"Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti."
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: "Tú
eres mi bien." El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi
suerte está en tu mano. R.
Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me
instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi
derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y
mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni
dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.
- Evangelio: Mateo 28,8-15
"Comunicad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán"
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro;
impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los
discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo:
"Alegraos." Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los
pies. Jesús les dijo: "No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos
que vayan a Galilea; allí me verán."
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia
fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo
ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y
dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: "Decid que sus
discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros
dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo
ganaremos y os sacaremos de apuros." Ellos tomaron el dinero y obraron
conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo
entre los judíos hasta hoy.
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