Una lección de Don Quijote sobre la elección papal


Fue Miguel de Cervantes quien hizo al mundo querer a Don Quijote, un delirante anciano que emprendió una gesta contra molinos de viento bajo inútiles cargos, creyéndose un caballero de brillante armadura escoltado por leales tropas.

A los 84 años de edad, el teólogo suizo Hans Kung parece estar más cerca de Don Quijote que del reformador teológico que cree ser. Recientemente escribió esto en el diario New York Times:

“Soy el último teólogo en activo de los que participó en el Concilio Vaticano II (junto con Benedicto) y, como tal, me pregunto si no será posible que haya al comienzo del cónclave, igual que hubo al comienzo del Concilio, un grupo de cardenales valientes que se enfrenten a los miembros más inflexibles de la jerarquía católica y exijan un candidato dispuesto a aventurarse en nuevas direcciones. ¿Tal vez a través de un nuevo concilio reformista o, mejor aún, una asamblea representativa de obispos, sacerdotes y seglares?”

Pero Hans, ¿de dónde vienen tus tropas?

Sandro Magister tiene la respuesta:

“Hoy, es el “cuarto poder”, el de los medios de comunicación, el que no da tregua a los purpurados llamados al cónclave.

Uno ya ha caído, el escocés Keith Michael Patrick O’Brien. Benedicto XVI, en uno de sus últimos actos como Papa, ha dado celeridad a su dimisión como arzobispo de Edimburgo, y él mismo ha anunciado que no viajará a Roma para la elección del nuevo pontífice.

Otro es el ex arzobispo de Los Angeles, Roger Mahony, censurado por su mismo sucesor, José Horacio Gómez.

Un tercero es el ex arzobispo de Bruselas, Godfried Danneels.

Para los tres los cargos de acusación se refieren a esa “suciedad” contra la que el Papa Ratzinger ha combatido su valiente batalla.

Mahony y Danneels han resistido hasta ahora a la purga, pero dentro del colegio cardenalicio su prestigio ya está prácticamente anulado.

Sin embargo, hace pocos años, los tres estaban en la cresta de la ola. Entre los nueve votos que el cardenal Carlo Maria Martini, el candidato bandera de los cardenales progresistas contrarios a la elección de Ratzinger, tuvo en el primer escrutinio en el cónclave de 2005, se incluían precisamente los de O’Brien, Mahony y Danneels.

Hoy, de esta corriente progresista ya casi no queda nada dentro del sacro colegio”.

¿No es tiempo de que el  ”último teólogo en activo” reconsidere llamarse “activo”?