Oraciones por el cónclave

Cuando el mundo ya no tiene respuestas para el corazón del hombre, Dios sale siempre al paso (de hecho ya estaba ahí, solo que estábamos sordos) y nos recuerda que lo más importante en la vida es la relación, ya sea cercana o lejana, que tenemos con él.

La oración no puede ser eventual, no puede ser pasajera, no está hecha solamente para cuando hay problemas ni tampoco sólo para algunos elegidos o “predestinados” capaces de entablar una amistad con el Señor de todos y de todo lo creado. No.

La oración está hecha para todos. Nadie debe estar exento de ella así como nadie debe estar exento de la comida.

En un mundo donde las desigualdades han hecho que millones padezcan hambre, hoy más que nunca es imprescindible rezar; porque la oración da sentido a la vida, permite ver con objetividad el horizonte, ayuda a vivir humanamente… y también puede convertirse en la fuente de las grandes ideas y cambios de giro que harían que menos personas sufran el flagelo de no tener qué llevarse a la boca.

¿La oración es la panacea? No y no lo va a ser nunca. Sin embargo es alimento para el alma, es respuesta para los hambres más profundos, para la sed más intensa y acuciante… la oración es como el aire para vivir, sin oración el hombre y la mujer se marchitan y se pierden en la nebulosa del mundo que carece de esperanza.

Y ahora, en Cuaresma, a unos pocos días del inicio del cónclave, cuando la Sede de Pedro está vacante, toca rezar.

Rezar mucho, intensamente, con muchas ganas, poniéndonos en las manos de Dios, bajo la guía de Santa María, en comunión con todos los santos, acompañados por todos los bautizados, como un puño, como un solo cuerpo: toca clamar al cielo para que los cardenales elijan al mejor.

Sus predecesores ya lo han hecho y tremendos Papas han sido los que hemos tenido en el último siglo. Basta recordar al amado Beato Juan Pablo II o Juan Pablo Magno –como ya lo llaman algunos– y a Benedicto XVI, futuro doctor de la Iglesia.

Sin duda es una tarea titánica: una tarea para la cual es muy necesaria la oración.

Nos toca rezar en las iglesias, en las casas, en familia, en el trabajo, en la calle, en el auto yendo y volviendo al trabajo, en el transporte público, antes de acostarnos, al levantarnos…

Rezar, esa es la clave. Como dijo el Cardenal O’Malley, la oración es la necesidad más apremiante en estos momentos.

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