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Sábado III
Laudes Oración de la mañana SALUDO INICIAL V. Señor abre mis labios.
Ant. 1. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables. Salmo 118, 145-152 Te invoco de todo corazón; respóndeme Señor, y guardaré tus leyes; a ti grito: sálvame, y cumpliré tus decretos; me adelanto a la aurora pidiendo auxilio, esperando tus palabras. Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, meditando tu promesa; escucha mi voz por tu misericordia, con tus mandamientos dame vida; ya se acercan mis inicuos perseguidores, están lejos de tu voluntad. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables; hace tiempo comprendí que tus preceptos los fundaste para siempre. Ant. 1. Tú, Señor, estás cerca, y todos tus mandatos son estables. Ant. 2. Mándame tu sabiduría, señor, para que me asista en mis trabajos Cántico Dios de los padres y Señor de la misericordia, Dame la sabiduría asistente de tu trono Pues aunque uno sea perfecto entre los hijos de los hombres, Mándala de tus santos cielos y de tu trono de gloria envíala Ant. 2. Mándame tu sabiduría, señor, para que me asista en mis trabajos Ant. 3. La fidelidad del Señor dura por siempre. Salmo 116 Alabad al Señor, todas las naciones, Ant. 3. La fidelidad del Señor dura por siempre. LECTURA BREVE Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones, a fin de que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de esta generación mala y perversa, entre la cual aparecéis como antorchas en el mundo. RESPONSORIO BREVE V. A ti grito, Señor, tú eres mi refugio. CÁNTICO EVANGÉLICO Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte. PRECES Invoquemos a Dios por intercesión de María, a quien el Señor colocó por encima de todas las creaturas celestiales y terrenas, diciendo: Contempla, Señor, a la Madre de tu Hijo y escúchanos. - Padre de misericordia, te damos gracias porque nos has dado a María como madre y ejemplo; santifícanos por su intercesión. Se pueden añadir algunas intenciones libres. Concluyamos nuestras súplicas con la oración que el mismo Cristo nos enseñó: Padre nuestro... ORACION Dios misericordioso, fuente y origen de nuestra salvación, haz que, mientras dure nuestra vida aquí en la tierra, te alabemos constantemente y podamos así participar un día en la alabanza eterna del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. CONCLUSIÓN V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. PUBLICIDAD |
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