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Problemas que empiezan después del divorcio

Rafael Serrano

Varios gobiernos europeos se disponen a facilitar el divorcio, con la idea de hacerlo menos contencioso o traumático. Pero aun si el divorcio arregla algún problema, es también el comienzo de otros nuevos, que pueden multiplicarse en la medida en que la vía rápida aumenta el número de rupturas.

Aceprensa, Servicio 92/04, 7/07/2004.- Según anunció el ministro de Justicia a finales de mayo, el gobierno español pretende que las parejas puedan divorciarse sin necesidad de un año de separación previa, como hasta ahora (cfr. servicio 76/04). De momento no es más que una idea sin concretar. Los últimos datos definitivos muestran que en España hubo 41.600 divorcios en 2002 (1 por mil habitantes), un 11% más que el año anterior. Como las separaciones fueron en el mismo año unas 73.500, el cambio anunciado provocaría un fuerte incremento de divorcios.

Menos tiempo para reflexionar

También el gobierno escocés tiene en cartera una reforma del divorcio que abreviará los plazos. Bastará cumplir un año de separación en vez de dos si hay mutuo acuerdo, y dos años en vez de cinco si no lo hay. Precisamente estos dos casos son los que se han hecho más comunes: han pasado del 40% en 1981 al 80% en 2002. Los otros motivos de divorcio (adulterio, abandono de la familia y mala conducta) son cada vez menos frecuentes. En Escocia se produjeron en 2002 casi 11.000 divorcios (2,1 por mil habitantes). El número viene bajando desde 1994, pero no porque haya mayor estabilidad matrimonial, sino porque se extienden las uniones de hecho y la población disminuye y envejece. El plan para acelerar el divorcio no va acompañado de ninguna medida para reforzar el asesoramiento y la mediación para las parejas en crisis.

Un cambio similar, aunque menos drástico, ha aprobado en mayo pasado el parlamento francés. A partir de 2005, se podrá solicitar el divorcio por cese de convivencia (en esta modalidad basta la iniciativa de un cónyuge) tras dos años de matrimonio, en vez de seis. En caso de mutuo acuerdo, no habrá que comparecer dos veces ante el juez, sino solo una, tras un periodo de reflexión de tres meses. Otra idea que se propuso, pero finalmente se ha descartado, era suprimir el divorcio por falta. Toda la reforma está pensada para simplificar los trámites, a fin de evitar en lo posible que las disputas se alarguen y se agrien. Esto debería aliviar la carga de los tribunales franceses, que vienen declarando unos 120.000 divorcios anuales (2 por mil habitantes en 2002). Pero otros aspectos de la nueva ley, los más polémicos, muestran que los conflictos no se acaban con la ruptura.

En Francia, el punto más doloroso es la "prestación compensatoria", que se adjudica a la parte económicamente más débil (la mujer, casi siempre) por el descenso de renta que suele causar el divorcio. Según la ley de 1975, era un capital con el que el otro cónyuge saldaba sus obligaciones de una vez por todas. Pero la jurisprudencia convirtió la prestación compensatoria en una pensión mensual y vitalicia: vitalicia para la mujer, pues si el ex marido muere antes, la carga pasa a sus herederos. Esto ha dado lugar a situaciones insostenibles para muchos de los 400.000 divorciados que hoy han de afrontar la prestación, sobre todo si han sufrido reveses de fortuna o han vuelto a casarse.

Una ley de 2000 restauró el principio de la compensación mediante un capital, permitiendo escalonar el pago a lo largo de ocho años, y reservó la pensión mensual para casos excepcionales; también limita la responsabilidad de los herederos al valor de la herencia (ver servicio 31/00).

Pensiones muy gravosas

Pero las asociaciones de divorciados siguieron pidiendo que se tuviera más en cuenta la situación económica del que ha de pagar y también de la mujer. Han conseguido que el parlamento acepte algunas de sus demandas: la última reforma suaviza las condiciones para que el juez revise la prestación (para rebajarla o aun suprimirla), y permite que también la parte beneficiaria pueda solicitar la revisión. Otra reivindicación concedida es que, si la ex esposa recibe parte de la pensión del ex marido jubilado, esta suma se descuente de la prestación compensatoria. Lo que no ha admitido el parlamento es que se suprima la prestación cuando la "ex" adquiere nueva pareja por matrimonio, pacto civil de solidaridad (PACS) o simple cohabitación, cosa que a los divorciados les parece de elemental justicia.

Divorciados que pierden a sus hijos

Inglaterra y Gales es una de las jurisdicciones donde el divorcio resulta más oneroso para los hombres acomodados. Los jueces tienen amplia discrecionalidad para determinar el reparto de bienes (incluidos los anteriores al matrimonio), y la pensión vitalicia para la mujer es la regla general. Además, es posible que se le dé derecho a participar de las ganancias futuras del ex marido, cosa que la High Court tiene que decidir a propósito de dos demandas actualmente en trámite.

El otro reparto conflictivo es el de los hijos. Cada año, los divorcios que se declaran en Inglaterra y Gales (unos 140.000, 2,6 por mil habitantes) afectan a unos 160.000 niños. Como en otros países, los tribunales conceden la custodia, de modo casi sistemático, a la madre. Aquí el problema es que no se respeta el derecho de visita. Dos de cada cinco padres divorciados pierden el contacto con sus hijos al cabo de dos años. Naturalmente, cuando ella impide que él vea a los niños, él puede recurrir a los tribunales, que en 2002 dictaron 61.000 órdenes contra madres recalcitrantes. Pero la mitad fueron desobedecidas. Cuando así ocurre, los jueces no suelen hacer más, porque las únicas medidas adicionales previstas en la ley son penas de multa o arresto contra la madre. Se resisten a tomarlas, por temor a que perjudiquen a los hijos.

A principios de abril, el asunto se convirtió en motivo de debate público a raíz de un caso clamoroso. Un padre que llevaba dos años sin ver a sus hijos acudió a la justicia. Tras cinco años de litigios infructuosos, con 43 vistas ante 16 jueces distintos, numerosas órdenes incumplidas y un arresto de 14 días para la ex esposa, el hombre arrojó la toalla. Entonces James Munby, magistrado de la High Court, dio el insólito paso de decir en voz alta lo que muchos de sus colegas piensan. Dijo que la situación es escandalosa, que el sistema está muy escorado a favor de la madre y que no hay recursos legales para hacer respetar el derecho de visita.

(Esta nota es un resumen del servicio distribuido a los suscriptores de Aceprensa)

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